La cena

La cena de ayer parecía de un chiste: un checo, un alemán, un inglés y un español. Lo que pasa es que no se trataba de hacer algo y que el español saliera por peteneras.
Le pregunté a AmericanWay si tenía que llevar algo o preparar algo yo. Y me dijo que no, si acaso una botella de vino para el anfitrión. Como no me daba tiempo a buscar una botella de vino, preferiblemente español, y que estuviera a la altura de las circunstancias, me planté con flores. Finísimo, yo. Por cierto, la floristería monísima, muy pequeña, pero con unos ramos, unas flores y unos adornos para Navidad estupendos. Porque no me viene muy bien en cuanto a distancia el sitio en el que está, que si no iba otra vez a comprar mis adornos para esas fiestas tan señaladas. Aunque está en la ruta del tranvía 13; no sé, me lo pensaré.
Bueno, tal y como me dijo AmericanWay, toqué en el portero de su amigo. Un inciso, aquí cuando se da la dirección sólo se da la calle y el número, porque todo el mundo tiene puesto el nombre en la puerta (o en el portero automático si es un bloque). Menos yo, claro, que aún no sé cual es mi portero ni mi buzón.

    • Buenas noches, soy Isidro

    • ¡Hola! ¿Qué tal? Mira, te voy echar la llave por el balcón, cógela.

Y, obediente yo como nadie, me salgo un poco del portal y miro hacia arriba. Madre mía, si es un quinto, se van a partir las llaves. Pero no, haciendo uso de un elemento básico pero muy socorrido desde tiempos inmemoriales, ví bajar una cuerda con las llaves y….¡una linterna! Para estar en un “partidito” de Cádiz sólo faltaba la cesta de mimbre. Cojo la llave, evidentemente el portero no funcionaba, y entro. Me extranó, claro, la confianza de darme las llaves, sin conocerme de nada. Pero hay una razón que descubrí nada más entrar: no había ascensor. Y AlrededordelMundo (el amigo de AmericanWay) no estaba dispuesto a subir y bajar cada dos por tres: entre sus virtudes no está la juventud. Bueno, pues a subir 5 plantas con el ramo de flores en la mano, y la bufanda tapándome media cara. Que haya que subir andando tiene sus ventajas, sí señor: unos zócalos monísimos tiene el hueco de escalera. No pude distinguir si era papel o pintado. Una especie de flor minimalista, gris o violeta sobre un fondo crema (los colores son aproximados, no los distinguía bien). Todo muy limpio y muy cuidado, con sus fotos del edificio en diferentes épocas en cada rellano. Y a mitad de camino, es decir, en el tercero, la señora tenía allí unos geranios y unas aspidistras que debían ser la envidia de todo el vecindario. Tan bien cuidadas, tan brillantes y tan lozanas que si no fuera porque es noviembre y Brno diría que era una Cruz de Mayo. Sólo faltaba una silla para hacer una parada y rezar alguna oración. Agotado llegué al quinto. Tras la autopresentación y alguna frase de cortesía, miro a los pies de AlrededordelMundo y AmericanWay…descalzos. A quitarse los zapatos. Le doy las flores y dice “uy, los colores de España”. Pues mira por donde, por casualidad las flores eran amarillas y rojas. No fue intencionado, lo juro.
La casa no tenía desperdicio. Ni Almodóvar se hubiera atrevido a tanto. No por los colorines, que no los había, sino por el mobiliario, la vajilla, los cuadros, los portavelas, las copas… Y la decoración de Adviento, según me dijo AlrededordelMundo, que empieza hoy domingo. Consistía en unas cosas de colores colgadas de las lámparas de lágrimas de cristal, que, claro, antes de saber que era la decoración de Adviento, no pude retirar mis ojos de ellas. Me decía, Díos mío, ¿qué ha colgado este hombre en las lámparas? La vajilla, de dibujos azul sobre fondo blanco, más historiada que una de La Cartuja de Sevilla, y mucho plato y mucha salsera, y mucha copa. Eso sí, todo puesto en riguroso orden y según las más estrictas normas de protocolo. AlrededordelMundo no sabe que existe Ikea.
Y llegó el cuarto comensal. El inglés, que parecía sacado de una película de los años 70, se sacó, cual borracho vagabundo, una botella de vino del bolsillo interior del abrigo. Para entonces yo ya me había tomado mi primer martini vodka, así que fui por el segundo. No sé cómo no acabé borrado, porque comiendo bebimos un vino joven que según me dijo AmericanWay, es tradicional beberlo por San Martín (11 de noviembre), y luego un tinto, y después más vodka. Dios, como bebe esta gente. La cena consistió en una sopa (siempre hay sopa) de patatas dulce, que estaba la verdad, muy buena. Y de segundo….cuscus, ¡algo muy de esta zona! Bueno, aunque para mi gusto le faltaba un toque de canela. Y de postre, una versión alemana de tarta de manzana. Todo con vino y más vino. Menos mal que el café me animó un poco, y eso que no era Nespresso. Pero no fue suficiente para que fuera capaz de retomar el hilo de la conversación, tanto Londres, tanto Chicago, tanta Viena…y temas tan profundos. Virgen de Regla, ¿no hay temas frívolos para hablar? Aunque sea la última hospitalización de Amy Winehouse.
Al volver, por supuesto, estaba nevando otra vez. Enfín, me tendré que acostumbrar a eso, que al salir de los sitios esté nevando y haga un frío que pela, y a tener cuidado con el hielo, ¡no es cuestión de partirse una cadera a las 2 de la mañana!

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2 respuestas a La cena

  1. zeltia dijo:

    oh, me encantó este post!con muchos detalles que dan idea de la situación.el detalle de la llave, pero sobre todo, sobre todo,lo de la decoración de adviento.me imagino tu flipe mirando la lámpara! jajajame encantó esta entrada!

  2. Wunderk dijo:

    ¡Qué entrada tan redonda! ¡A mí también me ha encantado!

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