¡Qué día, qué día!

Agotado, muerto, derrotado, exhausto…cualquiera de éstos o cualquiera de los sinónimos que ahora mismo no se me ocurren sirven para describir cómo estoy. Ayer fue un día agotador. Y no de trabajo, precisamente. Pero tuvo final feliz: volví a casa acompañado. A las 4 de la mañana, pero acompañado, y en taxi, pero acompañado.
Por la mañana tuve tanto trabajo que no tuve más remedio que darme un vuelta por los blogs que normalmente sigo, sobre todo “Los pecados del monaguillo”, de cocina, pero diferente. Esto después de leerme todos los periódicos digitales españoles, incluído “La razón”. El caso es que dí con un blog que es muy El Diario de Bridget Jones, una chica que escribe sobre todo de hombres. Lástima que ya lo haya cerrado. Me lo leí entero y la verdad, tiene algunas entradas memorables. Su nombre ya es atractivo: “Manual inservible”.
Yo había quedado con Entretenido para ir la piscina, a las 4 de la tarde, después del trabajo. Por un vez y sin que sirva de precedente, estaba en el lugar convenido que no era otro que Naměstí Sovobody, de la cual ya han desparecido todos los puestos navideños. Aquí, como en casi todos sitios, se regala el 24, pero es el Niño Jesús el que trae los regalos (uuuppssss si el Niño Jesús fue el que los recibió de los Reyes, los pastorcillos, etc); con lo cual la campaña navideña de ventas ha terminado ya. El plan para la tarde ya era un poco cansado de por sí, aunque yo tenía la esperanza de no cumplirlo utilizando excusas de tanta envergadura como “no traigo ropa para eso”. Se trataba, y no doy más vueltas, de ir primero a la piscina, luego al gimnasio y finalmente pasar un rato en la sauna. Yo estaba cansado sólo de pensarlo, pero la idea de la sauna me atraía bastante, y por tanto tenía que pasar por los pasos anteriores. El otro día, cuando Entretenido pergeñaba el plan, ya había puesto yo mis reticencias al gimnasio, pero muy mariquita él, me dije que en el gimnasio con el esfuerzo sentiría todos los músculos de mi cuerpo y que era una sensación alucinante. Le contesté que a mí no me gusta el gimnasio porque se suda mucho y que yo no necesitaba sentir eso, a lo que contestó que ya lo sabía que yo estaba muy bueno y no necesitaba el gimnasio (uuupppssss la primera en la frente, ¡qué difícil es salir del paso en otra lengua!), y sonreí que es lo que se hace en estos casos y le di las gracias, educado siempre.
Así que acudí a la cita ya bien concienciado de dejarme llevar y que fuera lo que Dios quisiera. Un inciso, yo estaba en pie desde las 5 de la mañana, con lo cual a esa hora tenía un sueño de siesta que pa qué. El frío que hacía no invitaba a ir a la piscina, pero sí a tomarnos algo caliente, osease, él un té y yo un café. Y durante el café estuvimos deliverando si íbamos a la piscina o no, él con la remota esperanza de que yo al final me retractara. Pero no, yo firme en el deseo de cumplir con mis cuatro chapoteos (ya que yo no tenía ninguna intención de ir al gimnasio, y si no iba a la piscina iríamos al gimnasio directamente, ¡qué difícil negociación!). Pues nos fuimos a la piscina. Otro inciso, estos días aquí está casi todo cerrado, incluyendo restaurantes y cafeterías. A la cafetería que fuimos estaba bastante lejos de la parada del tranvía que teníamos que coger para ir a la piscina que había jurado no ir nunca más. Entretenido tenía la remota esperanza de que estuviera cerrada, pero por suerte para mí, no lo estaba. Como arriba indicaba, yo había urdido un ingenioso plan para nor ir al gimnasio, y le dije que no tenía ropa el gimnasio. No importa, yo traigo para tí. ¡Mierda! dije en español. Así que del gimnasio no me libraba nadie ni de sentir los músculos, ni de sudar como un cerdo ni de estar al otro día como si me hubieran dado una paliza. Pues después de chapotear un rato, yo más que él, que le costó meterse en el agua, estuvo hablando en checo con su amiga, es decir, no me enteré de nada. Pero el me hizo un resumen rápido, que tampoco entendí muy bien pero algún problema había con el autobús para el gimnasio, que lo habíamos perdido o algo. Total, que teníamos que ir a la estación de Královo Pole, que habíamos quedado allí con su amiga y su novio, y que éste diría si había gimnasio o no. No entendía por qué era el novio de su amiga el que tenía decidir, pero bueno, yo me dejaba llevar. A su amiga yo ya la conocía, pero no sabía que era ella con la que habíamos quedado. Total, que no hubo gimnasio…¿la razón? Ni idea. Pero sí sauna jejeje Al final entendí algunas cosas: resulta que el gimnasio es del novio de su amiga, y está (el gimnasio no el novio, bueno el novio también) fuera de Brno en la carretera de Blansko…es decir, bastante lejos. Es algo así como unas instalaciones deportivas, pero con más pretensión que realidad. Yo pensaba que todos, los cuatro, íbamos a la sauna. Ingenuo. Cuando entramos en el bar del “complejo” me pregunta Entretenido si quiero champán….Déjate llevar, déjate llevar me decía yo a mí mismo, y contesté que sí. Pues ale, los dos a la sauna y al jacuzzi con la botella de champán y las dos copas, en plan versión casera de Pretty Woman. Esto es una trampa, le dije, y él me soltó una de las sonrisas pícaras con que me suele obsequiar de vez en cuando. “No te asustes jejejeje”. ¡Y allí estuvimos hasta casi las 11 y media!
¿Y qué pasó hasta las 4 de la madrugada? Pues resulta que esta noche de sábado estaba en Brno una muy amiga suya de Praga, y que había quedado con ella. De hecho, la amiga no paraba de llamarlo toda la tarde y él le decía que estaba conmigo. Lo sé por sus resúmenes y porque a veces yo escuchaba Isidri, Isidra, o Isidrem…¡que parece ser mi nombre! Evidentemente después de semejante sesión de sauna, jacuzzi y dos botellas de champán teníamos un hambre canina. Para saciarla fuimos a uno de esos puestos de los chinos abiertos 24 horas (Non Stop dicen aquí), de comida sabrosa pero de dudosa higiene. Yo me iba a ir a mi casa, por supuesto; estaba completamente derrotado. Pero como la comida me recuperó un poquito y él se empeñó, pues fui a tomarme una copa con él y sus amigas…¡que sólo hablaban checo! Amigas de su cercana adolescencia y músicas también: una es mezzosoprano, otra toca un instrumento pero no recuerdo cual, y la otra no sé. Gracias a Dios, el novio de una de ellas hablaba inglés, y pude dejar de usar las traducciones simultáneas de Entretenido. Como realmente me dolía todo entre la piscina, la sauna y el madrugón, le dije a Entretenido que en cuanto dieran las 3 menos cuarto me iba (para coger el autobús nocturno). Pero me despisté y se me pasó la hora, así que le dije que si se venía conmigo cogíamos un taxi. Vale. Y por fin llegué a casita a descansar y dormir…dormir nada porque Entretenido ¡RONCA! Menos mal que hoy trabajaba y se fue temprano y pude seguir, seguir no, empezar a dormir.

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3 respuestas a ¡Qué día, qué día!

  1. Anonymous dijo:

    Después de leer esta entrada me asaltan dos cosas bien distintas: una duda y un reproche….No sé que lanzar primero… pero me arriesgaré con la duda…¿el champán sería Veuve Clicquot? me conformo con que fuera Ponsardin, creo que un La Gran Dame ya hubiera sido excesivo… pero espero que Entretenido tenga el mismo gusto para la champaña que ha demostrado con los hombres….Y ahora el reproche… noto un cierto refunfuño con el hecho de que entrenido ronque… y la verdad… que ronque que ronque… y que sus ronquidos no te dejen dormir porque así sabrás que no estás sólo en esa cama con diseño sueco y realización vietnamita en ese dormitorio checo, creéme que es mejor aguantar ronquidos que soñar con tener al hijo del minero cerca…., lo peor de la soledad es no saber si roncas siquiera….

  2. Wunderk dijo:

    Pues Anónimo tiene razón con el reproche.

  3. zeltia dijo:

    bueno, bueno, no dramaticemos!que vivir solo tiene sus cosas buenas.:-)yo con lo que flipo es con el aguante que tienes, si, sí, también hablo del alcohol! qué suerte. yo me pongo mala enseguida! y con lo que me gusta la priva.

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