Yo lo que quiero es un tinto de verano

(Me he hecho un pequeño lío con esta entrada, así que ha aparecido, aparecido duplicada, desaparecido y vuelta a aparecer, creo que definitivamente. La cuestión es que mi madre vino a ver cómo estaba su hijo, vio que estaba bien y se fue. En medio, unos paseitos por la República Checa)

Es lo que quería mi madre para beber durante la cena, el día que llegaron a Brno ella, mi hermano y mi sobrino. “Me los prepara él” dijo refiriéndose a mi sobrino. “Pues a ver cómo explicamos aquí como se hace un tinto de verano, mamá, ¿quieres una cerveza pequeña?” “¿Ni un poquito de pan ni picos para empujar la comida?” “Mamá, aquí no hay picos”. Ya no los pidió más, pero sí los echó de menos, yo creo que lo que más de menos ha echado mi madre en su visita a la República Checa. Aunque los tres no salían de su asombro con las “peculiaridades” de este país. Porque anécdotas para contar hay miles. De su visita me refiero. Yo al fin y al cabo me voy acostumbrando, no en vano ya llevo aquí…¡un año! Tal día como mañana cogí la carretera E50 con destino Brno.
Mi madre se ha pasado las tardes durmiendo. Por un lado, no ha abandonado la sana costumbre de la siesta, cosa que yo a la fuerza he tenido que hacer; y por otra, la pobre estaba reventada de tanto turismo. El plan consistía en salir a eso de las 10 de la mañana, visitar alguna ciudad o pueblo o castillo de los alrededores (me refiero que no estuviera más lejos de una hora de Fabia), comer y volver a Brno. Y entonces es cuando mi madre caía desfallecida en la cama del U Heligonky. Los tres que no dormíamos siesta, a la calle de nuevo.
Una de las visitas obligadas era Praga, claro. Así que cogimos al autobús por la mañana, el domingo, y volvimos por la tarde. Sí, sólo un día, bueno en realidad un rato. De todas formas, para poder ver Praga en agosto, hace falta por lo menos un mes, de la cantidad de gente que hay. Cruzar el puente de Carlos era como ir en una procesión de la Semana Santa sevillana, empujados por la gente. Y la plaza del reloj astronómico, para qué contar. Pero eso sí, como la torre tiene ascensor, allí que nos plantamos los cuatro…y en contra de todo pronóstico, apenas había gente. Y las vistas desde la torre son espectaculares.
El resto de sitios que visitamos, son ya viejos conocidos de todos vosotros, mis fieles lectores: Blansko y sus cuevas, Trebic, Lednice, Olomouc, Brno (claro). Y uno al que yo no fui por lo que mi hermano se atrevió a ponerse a los mandos del Fabia sin guía. Yo es que los últimos días que estuvieron aquí tuve que trabajar. Fueron a visitar un castillo y un monasterio cisterciense: Pernštejn.
La visita familiar da para mucho, la verdad. Las ocurrencias de mi madre no tienen precio. Pero las anécdotas de este viaje se las dejo a mi hermano.

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2 respuestas a Yo lo que quiero es un tinto de verano

  1. MIANMASE dijo:

    ¡Que bueno! Me acabo de hacer fan de tu madre. Lo que has descrito es mejor que una campaña publicitaria del tinto de verano. Me encanta. Yo tambien voy a pedir tinto de verano, que lo sepas. A lo mejor está ahi el gran negocio, implantar en República Checa el tinto de verano; claro que antes habria que enseñarles lo que es un verano de verdad, jejejejje. Un beso.

  2. Bueno, a alguien salen los hijos, ya lo he dicho en otra ocasión. Pero el negocio está en los picos, mi hermano va a hablar con el panadero de mi pueblo a ver si se anima a internacionalizar el negocio jejeje

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