Ni una palabra más

(La foto está sacada de la página web de la piscina, que se llama Kometa, como el equipo de hokey. Es muy, muy comunista)

“Calla, le dije a BridgetJones, que tú estás criada con botas, abrigo, guantes y gorro. Pero yo me crié con chubasquero y botas de agua; yo es que soy anterior al cambio climático, y cuando era pequeño en mi pueblo llovía mucho”.
Quedamos para ir la piscina de agua calentita, pero al llegar, como siempre, estaban casi todas las calles reservadas y en las que quedaban libres había mucha gente. Así que pusimos en marcha el plan B, que siempre tenemos un plan B, que consistía en ir a una cafetería que hay cerca. Para llegar hasta ella había que ponerle mucha voluntad, ingenio y equilibrio…¡por la nieve y el hielo! Como es una cafetería de diseño y con camareros monos, el esfuerzo merece la pena. Y mientras nos tomamos el café tomamos dos decisiones importantes en nuestras vidas: ir al día siguiente a la piscina de agua fría e ir el miércoles a esquiar.
Ella no ha ido nunca a la piscina de agua fría, a pesar de que está cerca de su casa. Mis comentarios sobre ella y los de otras personas la han desanimado. Ya he dicho hace tiempo que la piscina tuvo que ser lo más en su momento, pero que ahí se quedó. Vestuarios amplios, duchas amplias, 50 m de piscina, con su trampolín, techos altos, cristalera de suelo a techo. El agua a 26º, mientras estás nadando bien, perfecto y estupendo, pero como se te ocurra pararte mal asunto. Quemas más grasa procurando mantener la temperatura corporal que haciendo deporte. Eso sí, la gente que va, va a hacer deporte. No es un “chat room” como la de agua calentita. Así que BridgetJones y yo, más dispuestos que nada, nos hicimos nuestros largos. Pero teniendo en cuenta que son 50 metros y el tiempo que hace que no nado (ella tampoco), me tuve que parar a la mitad y agarrarme a los marcadores de las calles, para no hundirme y ahogarme. Desfallecido, salí del agua y me fui a la piscina de los niños a descansar un poco. El agua me llegaba por la rodilla, pero estaba más calentita. Y allí me puse a chapotear un rato mientras mis cuarentones músculos se recuperaban. Luego llegó BridgetJones, desfallecida también porque no había reparado en que eran 50 metros y quería hacer tantas vueltas como en la de agua calentita.

¿Por aquí llegaremos?” Dije yo, cuando salimos de la piscina e íbamos a tomarnos un café al centro comercial que hay cerca, el único sitio donde podíamos tomar algo en las cercanías. “No lo sé, tú tira” dijo ella. “Estoy harto de nieve” dije yo, protestando porque subiendo una escalera nuestra integridad peligraba. “No protestes más, que yo he nacido por aquí y me tengo que aguantar pero tú lo has elegido”. Ni una palabra más.

El miércoles, como dije antes, hemos planeado ir a esquiar. ¡Por fin! Yo no he esquiado en mi vida, no sé ni cómo se pone uno los esquíes. Pero quién dijo miedo. A lo mejor, durante una temporada no podré actualizar el blog porque tendré como mínimo una mano rota, o una pierna, o una costilla o vete tú a saber qué. El deporte tiene estos riesgos, los deportistas de élite están siempre lesionados.

Por cierto, la decisión de ir a la piscina la tomamos la noche del re-estreno de la Thermomix. Algo sencillo como siempre: una crema de guisantes, pechuga de pollo rellena de espinacas y frutos secos y con cebolla caramelizada, unas croquetitas de pescado… y una botella de vino. Es cierto que tuve varios incidentes al preparar la cena, en parte debido a mi improvisación y en parte debido a esta república. No encontré las pechugas fileteadas finas y no tengo tanta maña como para hacerlo yo mismo, tampoco encontré caramelo líquido con lo cual tuve que hacerlo yo. Compré una manga pastelera, pero las boquillas eran demasiado grandes para hacer adornos finos y elegantes para la crema de guisantes. Pero al final, el resultado fue bastante digno. Lo siento, pero no hay pruebas gráficas de ese acontecimiento mundial.

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