Heidi (Primera parte)

Y es que nos hemos ido a las montañas. Sí, como leéis, a las montañas de Eslovaquia. Bueno, es la frontera natural entre Eslovaquia y Polonia. Después de más de año y media haciendo planes de pasar un fin de semana por ahí, al fin lo hemos hecho realidad. El caso es que ha sido un poco sin pensarlo; un día decidimos pasar el fin de semana en los Tatra y nada, buscamos un fin de semana que me viniera bien y que ella se pudiera pedir el lunes libre. Dicho y hecho, fue el fin de semana pasado. La recogí el viernes en el trabajo a eso de las 5 de la tarde con el Fabia porque desde hace un par de semanas he dejado de ser ilegal por fin y ya tengo carné de conducir válido en esta república. Hasta ahora tenía el provisional, que aquí no vale para nada porque pone bien clarito y bien grande “sólo válido en España”.
El viaje lo organizó BridgetJones que para eso es su país. Por eso yo no sabía muy bien dónde iba, ni cual era nuestro destino final. No íbamos a hacerlo de un tirón, no porque sean 500 kilómetros, sino porque llegaríamos de noche y como realmente no sabíamos dónde era, pues no era cuestión de perderse por aquellas montañas de Dios. Así que ella planeó una parada a eso de medio camino, con la intención de ver un castillo ya que andábamos por allí. La ciudad en cuestión se llama Považská Bystrica. Nos salimos de la autovía por la señal que ponía P. Bystrica (!) y nada, a buscarla. Nada más eficaz que seguir algún camión para no perderse y no meterse por carreteras ignotas, aunque se corra el riesgo de terminar en un polígono industrial; métodos científicos, como siempre. Llegamos a la ciudad y la cuestión ahora era encontrar el centro. Gracias a Dios, divisamos la torre de una iglesia, así que usando de nuevo métodos científicos nos dirigimos a ella. ¡Al centro, al pleno centro llegamos! Pero eso sí, un centro comunista, o socialista como dice BridgetJones. Yo no podía dejar de mirar a mi alrededor, no salía de mi asombro ante aquella ciudad tan comunista. Como la de las películas. Perfectamente planificada, con ese aire artificial que tienen las ciudades creadas de la nada. Una plaza enorme, con algo en el centro que en su momento debió ser una fuente, rodeada de edificios de usos múltiples, y que ahora son sobre todo comercio y restauración. Aún queda el cartel del supermercado checo de aquella época, vendido posteriormente a Tesco, llamado Prior (véase la foto). Eso sí, la plaza es de un éxito enorme, llena de gente sentada por todos sitios, charlando, bebiendo y comiendo. Sobre todo bambis, con lo cual he de suponer que no hay una gran oferta de ocio en la ciudad porque buen tiempo no hacía para estar en la calle. Y alrededor de esta gran plaza se extiende la ciudad. Bueno, extenderse extenderse no exactamente. Como las ciudades checas, es también poco compacta; es decir, los barrios no están a continuación unos de otros, sino que en medio hay bosque. Pero los barrios son de edificios altos, uno al lado del otro, encima de una colina normalmente, lo que le da un aspecto algo fantasmagórico que el verde suaviza un poco. Cuando construyeron estos barrios planificados, los edificios serían blancos, color que con el paso del tiempo y la contaminación, se fueron convirtiendo en gris. Alguna comunidad de propietarios los ha vuelto a pintar, pero esta vez de colores llamativos (verde, rojo, naranja, amarillo o una combinación de ellos), lo cual les da un aspecto aún más extraño.
Pero teníamos un problema: no teníamos alojamiento. Como último recurso podríamos dormir en el Fabia, aunque yo ya esté muy mayor para esas cosas. Digo que teníamos un problema porque no se veía pensión, hostal u hotel por ningún sitio. Miento, sí había un hotel en los alrededores de la plaza, pero creo que si hubiéramos entrado hubiéramos sufrido una regresión, y nos podríamos haber encontrado en plenos años 70 rodeados de altos cargos comunistas, trajeados, serios y amenazantes. Es que siempre me han gustado mucho las películas de espías, además de las de James Bond, que, por cierto, las antiguas en las que los comunistas eran los malos son estupendas. En la carretera vimos un cartel de una pensión pero no teníamos ni idea de dónde estaba, aunque dijera que estaba a 200 metros. Pero nosotros sin estrés. Nos dimos un paseo por la plaza y la plaza de la iglesia que está al otro lado de la antigua carretera. La iglesia estaba abierta, a pesar de ser más o menos las 8 de la tarde, y frente a ella un grupo de jóvenes católicos tocaban la guitarra, cantaban y bailaban, supongo que canciones religiosas aunque no le pregunté a BridgetJones qué era lo que cantaban o por lo menos qué decían. Por el lado de la plaza opuesto a la carretera pasa el río, aquí los ríos son una constante; te despistas y te encuentras con uno. Y junto al río un parquecito en el que había unas quinceañeras a las que BridgetJones preguntó dónde estaba la dichosa pensión. Estaba cerca, pero según dijeron, algo complicado de llegar. Y tenían toda la razón del mundo. Así que nos volvimos a coger el coche e ir a la pensión. Dimos varias vueltas por la carretera, en la que había carteles de la pensión a 200 metros, pero no la veíamos. Como corresponde, también era bar y restaurante, y para mi sorpresa también autoescuela. Algo cara, pero coqueta, limpia y tranquila. La chica de recepción preguntó si estábamos en viaje de negocios o de placer, no sé si por cotilleo o porque estaría haciendo una estadística.
Como esta fue la primera parada, también esta va a ser la primera entrada. En las siguientes más cosas, mucho más interesantes porque Eslovaquia es sorprendente y maravillosa, realmente espectacular.
Por cierto, la carretera que lleva a los Tatra no podía ser otra que la E-50…¡si es que tengo que repetir que es la carretera de mi vida!

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4 respuestas a Heidi (Primera parte)

  1. Anonymous dijo:

    JEJEJJEJ. LA carretera de tu vida?? Jo por aqui no pasa. Eres muy malo, nos dejas con la intriga de lo de Heidi. Ya hasta dosificas tus entradas, como los autores importantes. Que lucha, que lucha!POCOYO

  2. Sí sí en fascículos, como las enciclopedias de Salvat…es que si no sería muy largo. Yo no sé si es que en Europa sólo hay un itinerario, pero siempre es la E-50 eejeje

  3. zeltia dijo:

    Que casualidad lo de la E-50!Muy buena idea ir contando tus impresiones del viaje por etapas. Ya verás como dentro de algún tiempo, cuando los recuerdos queden difuminados, enterrados por vivencias nuevas, estas descripciones te ayudarán a revivir estas experiencias.Yo creo que pintar los edificios de muchos colores quizá quede hortera, pero ese colorido diferente romperá la homogeneidad y la construcción clónica.Quedo a la espera de la siguiente entrega.Y conste que sigo diciendo que le echais muchos cojones de echaros por aí a la carretera sin reservas, y muchas veces sin saber a dónde vais. sobre todo tú, que encima tienes la dificultad del idioma!mi enhorabuena por tener la el carnet!-con las aventuras que has pasado con la policia!-

  4. Zeltia, estos son países civilizados, extraños, pero civilizados. Buenas carreteras, señalizaciones…tampoco tiene tanto mérito. Hice cientos de fotos, con lo cual si las nuevas tecnologías no juegan una mala pasada, cuando dentro de algunos años las vea, recordaré las anécdotas del mini-viaje, que fueron muchas. La he divido en varias para no hacer una entrada demasiado larga, así que poco iré contando. Lo que sí es cierto, es que Eslovaquia es una gran desconocida y es impresionante, impresionante.

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