Heidi (cuarta parte): Ždiar




En cuanto que tomamos posesión de nuestros aposentos, nos pusimos algo de ropa más abrigadita porque íbamos prácticamente de verano, nos dispusimos a buscar un sitio para comer, que por lo poco que habíamos visto del pueblo no tenía pinta de haber muchos. Pero nosotros tranquilos, sin estrés. A la vez que íbamos buscando un restaurante, o lo que fuera donde nos dieran de comer, nos dimos un paseo turístico por la única calle del pueblo. Y encontramos un restaurante. En realidad había muchos más, pero todos cerrados. Si quitamos un minúsculo grupo de turistas de la tercera edad austríaca, éramos los únicos turistas en aquel pueblo. El restaurante compartía edificio con algo así como una casa de la cultura, una casa típica de madera decorada; por supuesto, no se entraba por la fachada principal, faltaría más. Es también una costumbre eslovaca al parecer, que los bares y restaurantes estén en los lugares más insospechados y su entrada por accesos remotos. El interior estaba decorado a la usanza de un museo etnográfico, con aperos de labranza y ganadería en las paredes, fotos y cuadros de tiempos en los que tecnología punta era el arado y la tracción animal. En una de las paredes también lucían algunos conjuntos de ropa típica de la zona, que según me contó BridgetJones, se solía usa en las fiestas típicas de los pueblos. Vamos, como un traje de flamenca, igual.
Amenazaba lluvia, y la amenaza se convirtió en realidad mientras estábamos en el restaurante. Pero no es que aquello supusiera un gran impedimento para nosotros: llevábamos paraguas, algo he aprendido en esta república, que el tiempo cambia inesperadamente y hay que ir preparado para cualquier contingencia (¿o será que me estoy haciendo mayor y siempre voy con la rebequita?). Comimos “pirohy” de queso bryndza, que es algo así como una empanadilla cocida, con la masa hecha de patatas y harina. Normalmente es un postre, porque en realidad se puede rellenar de lo que quieras, tanto dulce como salado. Intenté hacerlo el otro día, pero no fue precisamente un éxito; tendré que depurar la técnica.
Ingenuos de nosotros, decidimos no tomarnos el café en el restaurante, sino buscar otro sitio. Después de tocar y mirar por los cristales de las puertas de la mayoría de las pensiones, hostales y restaurantes de Ždiar, decidimos entrar en lo que se autoproclamaba una pizzería. La verdad es que todos los sitios en los que intentamos entrar tenían el cartel de abierto, o estábamos en la franja horaria en que debía estarlo. Había una razón para que en realidad no lo estuvieran, y es que había una boda en el pueblo. Sí, una boda. Porque yo no pienso perderme ningún acontecimiento, y si de tradiciones se trata, allá que voy. Salimos del restaurante, sábado a eso de las 3 de la tarde, recién acabada una lluvia copiosa, oigo música. “Uy, alguien está ensayando” dije yo. Pero la música se acercaba a nosotros, o nosotros a ella. Un par de coches circulaban por la calle, un tráfico del todo excesivo para aquel pueblo, aquel día y aquella hora. Al llegar junto a la iglesia vimos que había bastante gente y que la música se acercaba a nosotros por la calle, pero aún no la veíamos. Cual no fue mi sorpresa al descubrir que se trataba de una boda. Bueno, la comitiva de la boda. Resulta que la novia va andando a la iglesia, precedida por una mini-banda de música y seguida por los familiares y amigos. En este caso, la banda estaba compuesta por tres personas, que por el parecido y la diferencia de edad, debían ser padre y dos hijos, tocando un instrumento cada uno. Y cantando. Yo, como buen turista, me acerqué a la puerta de la iglesia con la cámara en mano, dispuesto a hacer las correspondientes fotos a la banda, los novios y los asistentes. Como podéis ver por la foto, los músicos van vestidos de “tatraenses”, los únicos que llevaban vestidos tradicionales, a excepción de una señora mayor que casi no podía andar y a cuyos pies y zapatos no me pude resistir. Evidentemente, todo estaba cerrado aunque debiera estar abierto ¡porque estaban en la boda!
Como el pueblo se nos acabó pronto, y eso que a pesar del fango, pasamos al otro lado del río, cogimos el Fabia y nos fuimos a Starý Smokovec, el pueblo de la bifurcación de la carretera, que parecía ser un pueblo interesante. Además, queríamos informarnos de cómo ir a Skalnaté Pleso. Pero la oficina de turismo estaba cerrada. Nos tocaría una vez más poner en práctica nuestros métodos científicos. Pero todo eso fue ya al día siguiente.

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4 respuestas a Heidi (cuarta parte): Ždiar

  1. Anonymous dijo:

    Todavía no ha aparecido Heidi. Ni Pedro ni Niebla. Desde luego. No me vales pa ná. Aunque he de reconocer tu "habilidad" para detectar eventos de esas repúblicas: si no son unas fiestas tradicionales del pueblo más remoto, es una boda típica. Tu cámara se volvió loca, como si te viese. Ya estas tardando con la quinta parte de Heidi. Pocoyo

  2. Ya sabes que tengo un "atractivo" especial para la policía y los eventos más variopintos. Al abuelo nos lo encontramos al día siguiente, y por la noche a Carlos Marx y a Engels en una pizzería ¡cómo han cambiado los tiempos desde que escribió El Capital!

  3. zeltia dijo:

    A mi me encanta encontrarme cosas inesperadas, son el regalito del día. Cualquier cosa inesperada tiene además de lo interesante del asunto, el encanto añadido de la sorpresa. Como esa boda.Las fotos imprescindibles en esta entrada! Muy bien.estos dias he tardado algo en pasarme por tu blog, porque ya viste que anduve por ahí unos días -por aquí por Galicia, pero yo voy a la esquina y ya me emociono-y al volver tuve la fiesta de solsticio, que es en casa de un amigo, todos los años, una tradición de fiesta que dura sobre 24 días, intergeneracional e intercultural, siempre interesante, cada grupo a su bola y buen rollito. Esta semana es San Juan, en Coruña hacemos hogueras y las saltamos -la unidad de quemados del hospital tiene siempre mucho trabajo en estas fechas- Y por los barrios los bares asan sardinas a las puertas,y la gente sale a tomarse los vinos a la acera con sus sardinitas -algo parecido a los chiringuitos que vi por Málaga que se ponen a hace rlos "espetitos de sardinas"-Ya que estoy en este apartadillo -de confidencias, quiero apuntarte que no encontré tu correo para contacto por tu blog en parte alguna.¿No deberías tener una dirección de correo en el blog como todo el mundo? uff igual la tienes y yo no la vi, soy bastamte despistada. La busqué cuando quise contarte aquel problemilla de salud que me tuvo preocupada unos dias y que afortunadamente se quedó en nada.Biquiños

  4. zeltia dijo:

    bien, como comprenderás donde digo 24 dias son 24 horas. Y es una finca con huerta, tiendas de campaña, y la casa llena:) -algunos dormimos y vamos a hacer largos paseos por el bosque-

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