¿Cómo va?

Tengo el blog abandonado. Pero sólo es culpa mía, de nadie más. La verdad es que no sólo vivo aventuras en esta república, también en la Madre Patria me pasan cosas. Claro que me las busco yo, porque “yo lo valgo”. Debe estar grabado con fuego en mis genes la improvisación, y tirar p´alante aunque las cosas discurran por un camino jamás imaginado ni, por supuesto, previsto. P´alante, siempre p´alante que diría BridgetJones.
Se me ha ocurrido presentarme a las oposiciones de secundaria, invirtiendo poco todo sea dicho. Y todo ha sido improvisación pura y dura, a mi más puro estilo. También la Junta de Andalucía tiene alguna parte de culpa, porque ha agotado todos los plazos o casi, y así no se puede hacer una planificación en condiciones. Entre ella y yo que no estoy precisamente cerca para ir donde me digan, la hemos liado. Eso sí, he descubierto cuán modernos son los trenes españoles, aunque vayan con un retraso de media hora y en mi vagón no funcione el aire acondicionado. Hacía ya años que no usaba el tren en España, aquí en estas repúblicas sí lo he hecho. Así que me he encontrado con unos trenes estupendos, comprados cuando España era rica; ahora tardarán por lo menos 20 años en cambiarlos.
Pues cuando ya lo tenía todo pensado para presentarme en Almería, va Tía Victoria y me informa de que me toca examinarme en Huelva. Y yo con el vuelo comprado para Granada, y el alojamiento buscado (bueno, pensado). Y lo primero que me dice PocoYo cuando se lo digo es que él no me puede llevar a Huelva ¡Virgen de Regla! Menos mal que hay más de un día de diferencia y me daría tiempo a llegar en transporte público. Pero al final me llevó. Segunda parte: encontrar hotel, hostal, pensión o hueco de escalera en Huelva un fin de semana de verano… ¡Viva el Hotel Emilio, en Punta Umbría! Y la Feria de la Gamba y la Chirla. Magnífica, magnífica: platos de gambas a 4 euros, y de chirlas también. PocoYo no ha comido tantas gambas en su vida, de una vez quiero decir. Él no había probado jamás los chocos con patatas, ni otros deliciosos platos que para mí han sido parte de mi desarrollo. Y quedó maravillado.
Yo tenía la vuelta el lunes, confiando en que la encerrona me tocara tarde. Pero no, sería de los primeros. ¿Cómo me iba a volver a esta república? Así que llamé a mi jefe y le dije que no podía volver y, lo peor, que no sabía cuándo volvería. También le pedí asilo político a Tía Victoria, que me lo dio. Pero lo que me encontré al llegar fue completamente surrealista: tres personas y tres comidas distintas. Eso sí, di buena cuenta de todo lo que ellas no podían comer… vamos, limpieza de frigo y alacena. Evidentemente, yo que iba para un fin de semana, no tenía ropa para la encerrona, porque no iba a ir en bermudas, luciendo mis piernas, que aunque son dignas de ver, no eran objeto de evaluación. Pues nada, a Bahía Sur a comprar un pantalón y una camisa decente. Y vuelta para Huelva, pero esta vez sí en Huelva. No sé si me llamarán aunque sea para la baja de una gripe, pero desde luego la imagen de mí con la camisa naranja, los zapatos marrón y naranja y, no os lo perdáis, la maleta naranja no se le va a olvidar al tribunal en mucho tiempo. Hice lo que pude, que tampoco es decir mucho. Y aún sin billete de vuelta. Encontré uno a precio razonable Málaga-Bratislava, el domingo. Pues a pedir asilo político de nuevo, pero esta vez en Granada, y a Cleopatra. Además, el sábado jugaba España, acontecimiento que PocoYo no pensaba perderse por nada del mundo, ni aunque yo estuviera dando vueltas por Andalucía como un loco. Yo no conocía a Cleopatra de nada. Miento, nos habíamos visto un día, para presentarnos; y otra vez el día que llegué. Debo reconocer que somos la mejor pareja para beber mojitos mientras los demás sufren con la selección. En aquel bar todos sufrían menos ella, yo y un japonés. Sí, había un japonés allí mirando a la gente, escribiendo en una libreta y haciendo algunas fotos. No lo pude evitar, y le pregunté qué escribía. “Mis impresiones” me dijo. “¿Un blog?” le pregunté. “Pues él tiene uno” dijo Cleopatra refiriéndose a mí. Pues le dije al japonés que yo vivía en esta república y que tenía un blog contando mis experiencias. Por supuesto, le apunté la dirección. La verdad es que me vi reflejado en el japonés, no por la cara de asombro (estos orientales no tienen de eso) sino por la perplejidad con que miraba a su alrededor. Pero los que más sufrían de todos eran los asistentes a las diferentes bodas que se celebraron en la iglesia de al lado del bar. Unos entraban y veían un ratillo el partido. La gente que pasaba por la calle, preguntaba por la ventana “¿cómo va?” “mal, cero a cero” contestábamos nosotros (Cleopatra y yo), que estábamos junto a la ventana, un poco apartados del fútbol y bebiendo mojitos.
Y llegada a Bratislava. Me encanta la fauna que se congrega en esta estación, tanto dentro como en los alrededores. Es un poco surrealista; yo me pregunto por qué los indigentes y los desocupados no están en un parque, porque no todos ellos pretenden hacer negocios vendiéndote un reloj seguramente robado. Eso sí, te piden tabaco. La policía de la estación no dice ni hace nada, salvo “escoltar” al grupo de españolas de mi última visita a la estación. Por supuesto, el tren llevaba retraso, como siempre. Es el que hace Budapest-Berlín, y siempre, siempre lleva un retraso mínimo de 20 minutos. Uno ya se ha acostumbrado, y cuenta con él.
En resumen, mi recorrido estos días ha sido: Brno-Viena-Granada-Punta Umbría-Sevilla-San Fernando-Huelva-Granada-Málaga-Bratislava-Brno. Está bien aprovechaíto, ¿no?

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3 respuestas a ¿Cómo va?

  1. Anonymous dijo:

    que peligro virgen de regla, cuantos detalles!!! cleopatra creo que estra contenta con su pseudonimo, jejjejej

  2. zeltia dijo:

    me has dejado pasmáy? cómo de pronto oposiciones?pero las tenías preparadas?y el atuendo? el atuendo estupendo.yo estos dias estuve liadísima, y apenas he dormido en toda la semana, por eso no he tenido tiempo de pasarme, (no había visto que había nueva entrada, la verdad)y ahora no salgo de mi asombro.El estilo narrativo refleja muy bien ese voy-veng-y-no-me-detengoMe ha encantado leerlo!Menos mal que acabo de comer, porque si no se me abriría el apetito. Conste que entiendo al japonés!oye, que estrés, mi cuerpito no podría aguantar tanto vapuleo, y todo improvisado, qué ansiedad!

  3. Lo que se dice preparadas, preparadas…bueno. Sí había estudiado algo, pero de la programación y la unidad didáctica iba más bien flojito. Como me decía Tía Victoria, que estas oposiciones me sirvieran de entrenamiento, ya que de todas formas no tenía muchas posibilidades. El japonés el pobre no abría los ojos más porque la piel no le daba, pero se lo estaba pasando en grande.Pues Zeltia, más o menos así fue mi venida a esta república, así de improvisado, alocado y decidiendo sobre la marcha.

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