Třicet

Me parecía estar hablando con una de Las Virtudes, si no fuera porque estaba metida dentro de la taquilla, era la piscina comunista y esto es Brno. Resulta que han cambiado el sistema de entrada a la piscina comunista. Hasta ahora era bastante básico, comprabas tu entrada por una hora, te daban tu billete de papel, una señora lo partía en la entrada… y listo. Ahora no, la tecnología también ha llegado a la piscina de agua fría. Ahora es una tarjeta con código de barras que te la cargan con la entrada y la pasas por un lector al entrar y por otro al salir. De esta forma, si estás más de una hora tienes que pagar el exceso de tiempo. Con el sistema anterior no había forma de controlar el tiempo que estabas, lo cual a mí, de alma fulibustera, me parecía estupendo porque tenía la opción de hacer trampas. Pero ya no, ya es imposible. La verdad es que nunca he estado más tiempo de la cuenta, pero la posibilidad de cometer fraude me encantaba. Debe ser algo que no sólo me atraía a mí, porque con el nuevo sistema la piscina está menos concurrida. Llevaba casi todo el verano sin pasarme por allí. Pero la semana pasada me dio el arrebato deportista y me planté de nuevo, por la mañana, en la piscina. Y me encontré que el sistema había cambiado. La taquilla había cambiado de sitio, y desde la lejanía pude ver los lectores. Ya la hemos liado, pensé, con lo bien que me conocía ya este sistema. Sin temor de Dios, me acerqué a la taquilla y después del correspondiente saludo, y decirle que quería una hora, la señora me preguntó si tenía una tarjeta como la que me estaba enseñando. En checo, que evidentemente no entendí. La buena señora se armó de paciencia y empezó a utilizar un rudimentario inglés que bien nos servía para comunicarnos. Si no tenía la tarjeta, debía comprar una y luego cada baño. A todo esto, lo primero que hice fue ponerle encima del mostrador el billete de 200 kc para comprar mi entrada como siempre. Me dijo que la tarjeta costaba 300 kc y luego cada baño 55 kc. El precio de la tarjeta me pareció excesivo, la verdad. Lo que me dijo exactamente fue “you have to pay three hundred for the card and fifty five every time”. “¿Tři sto?” dije yo en mi menos que rudimentario checo (está mal dicho, pero para comunicarme valía). “Jo, třicet korun” replicó ella. Como no llevaba 355 kc, me fui con la promesa de volver. Y eso hice, volví dos días después. Fue entonces cuando la que estaba metida en el cubil de la taquilla era una de Las Virtudes. En realidad era la misma señora, pero parece que el día que media entre una visita mía y la otra, había ido a la peluquería. Si bien el día de la explicación sólo estaba yo, cuando volví no fue así. Intentando entender cómo funcionaba el sistema había una señora de mediana edad, y esperando delante de mí un guapísimo y atractivo bambi rubio que según pude comprobar, ya se conocía el sistema perfectamente. Me llegó el turno y puse mis 355 kc en el mostrador. Y la taquillera empezó a hablar en checo. Yo le decía una y otra vez “tarjeta, piscina, una hora”, separando las 300 kc y diciendo “kartu” y las 55 kc “vstup”. Pero nada. Al parecer con la peluquería se le había olvidado el inglés que sabía. El caso es que ese día la piscina estaba algo concurrida, así que se iba formando una cola. Un joven, al que le tocaba detrás de mí, temiendo sufrir una regresión y volver al mundo comunista de las colas interminables para cualquier cosa, me preguntó si hablaba inglés. Y, por la cuenta que le traía si quería en algún momento comprar su entrada, me explicó cómo funcionaba el nuevo sistema e hizo de traductor. Mis 355 kc estaban aun encima del mostrador. El joven me dijo que debía comprar la tarjeta, a lo que yo respondí que lo sabía y que para eso eran las 300 kc. “Oh, es mucho” dijo él. Algo farfulló la taquillera, y el joven me dijo que le diera a ella 100 kc y ella me devolvía 15 kc. Eso hice. Es que la tarjeta costaba 30 kc, no 300. Třicet es treinta, no trescientos. La vida del emigrante es dura, pero la del que quiere hacer cosas aún más.

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3 respuestas a Třicet

  1. zeltia dijo:

    ya estoy aquí!
    Veo que pudiste traerte las entradas desde el otro blog sin problemas, pero no arrastró los comentarios [pensaba yo que cuando migrabas un blog se lo llevaba todo!]

    Me alegro de tenerte en wordpress!

    • Ni está, ni se le espera dijo:

      Zeltia, en realidad sí se “mudan” los comentarios a las entradas. Lo que ocurre es que la migración la hice ya hace tiempo, pero estuve arreglando las entradas para ponerlas más legiles, y los comentarios de las últimas entradas no están… es el pequeño precio que hay que pagar.

  2. zeltia dijo:

    Yo el mio anterior, el que tengo en zoomblog no lo pude migrar… no se puede hacer automáticamente. Quizá sabiendo más… porque zoomblog deja muchísima libertad a la hora de construir tus propias plantillas y hacer lo que te de la gana con la página; pero por contra, tiene el inconveniente que “si no sabes” mucho… te jodes!
    🙂

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