¡Pues conmigo no cuentes!

Entre una cosa y otra, este verano hemos hecho muy pocas excursiones por los alrededores, de esas de ir un sólo día. Aunque sí estuvimos en los Tatra, como bien sabéis todos. Así que el domingo pasado nos desquitamos. Y no se me olvidará mientras viva.
El domingo pasado, a las 9 de la mañana, emprendimos la marcha BridgetJones, Anfitriona, el Fabia y yo hacia “terra ignota” como siempre. Ninguno de los tres había tenido la precaución de mirar un mapa antes de salir. Pero con la información que teníamos esperábamos tener suficiente, como siempre. Destino Valtice. Bueno, no exactamente. Un poco de explicación: en realidad nos dirigíamos a una zona boscosa que hay entre Valtice y Lednice, con la intención de dar un paseo. Por supuesto, al pueblo llegamos del tirón, al centro del pueblo me refiero, aunque nos equivocamos en la salida de la autovía. Pero como yo recordaba que Mikulov estaba a unos 15 km de Lednice, dejamos la autovía en dicho precioso pueblo. Tirando p´alante, llegamos a Valtice, faltaría más. Tomando como referencia el castillo, nos plantamos en el mismísimo centro. “Bieeen, una i de información” dije yo. Y a ella fuimos, después de aparcar delante del ayuntamiento, corriendo el riesgo de que al pobre Fabia le pusieran un cepo o se lo llevara la grúa. Confié en que era domingo, y aquí los fines de semana está el país paralizado.
Como nuestra intención era ir al bosque, y no divisábamos bosque por ningún lado, fuimos a la oficina de información, y de paso coger algún folleto, mapa o lo que fuera. Pero la señora de información era tan antipática, porque era un señora no una chica, que nos fuimos apenas sin nada. Una verdadera tragedia. Por ser un poco organizados, decidimos primero visitar el castillo y luego tirar al bosque, por si luego no nos daba tiempo a ver el castillo. Y ya que estábamos allí, pues eso, a ver el castillo. Como se ve en la estupenda panorámica, el castillo es impresionante, digno de ser visitado.
La señora de información nos dijo que el camino que llevaba al bosque empezaba en la estación de tren. Pero repito, bosque, lo que se dice bosque, no se veía por ningún lado. Nosotros, que a pesar de todo somos muy obedientes y bien mandados, fuimos a la estación, y unos amables chicos que también querían hacer el mismo camino nos indicaron por dónde tirar. Me acordaré toda la vida de la señora de información, que a todas luces le hace falta un curso de reciclaje. Nos advirtió de que el recorrido hasta llegar a las Tres Gracias era largo, pero no nos dijo dos cosas muy importantes: que el bosque no empezaba hasta bastantes kilómetros más allá, después de atravesar campos y veredas, y que había rutas alternativas más cortas empezando en los límites del mismo bosque. Como es de suponer, yo iba con la ropa adecuada, muy “urban boy”. Gracias a la Virgen de Regla y a la climatología, llevaba zapatos, no chanclas, con lo que aún tengo pies, no muñones.
“Pensé en traer una tortilla de patatas” dije yo, cuando ya iban dando la una y llevábamos al menos una hora de caminata y por fin empezaba a aparecer el bosque. Es que no parecía que por allí hubiera ningún sitio para tomar algo, ni un café de máquina siquiera. “Uy, ahí hay un edificio”. Efectivamente, en medio del bosque y sin ningún otro alrededor, apareció ante nuestros ojos el Arco de Diana, construido por el noble del lugar como punto de encuentro de sus invitados a las cacerías. Cuando uno ve cosas así, comprende perfectamente que hubiera revoluciones proletarias. ¿Quién no se subleva cuando viviendo en la más grande de las miserias ve que el señor del castillo construye como simple alarde de poderío un arco del triunfo semejante en medio de la nada? Pero es que la cosa no acaba con el Arco de Diana, sino que hay aún más. Unos kilómetros más adelante, una vez adentrados más en el bosque, hay una especie de… no sé qué es, realmente. Y no tiene placa, con lo cual tampoco sé para qué se utilizaba. Parece una especie de ermita u oratorio, y quiero imaginar que sería para encomendar el alma a Dios antes de la cacería. Otro uso no se me ocurre. Pero es que hay más. Otros cuantos kilómetros más adelante, adentrándonos en el bosque aún más, se llega a Las Tres Gracias, que tampoco tiene placa. Bueno, sí tiene una placa, pero no dice para qué se utilizaba. Sólo habla de los escultores y el arquitecto a los que encargaron el edificio. Y hay más. Pero aquí ya estábamos extenuados, y aún teníamos que volver a Valtice, que en la estación nos esperaba el Fabia.
Por todos aquellos caminos nos encontramos con mucha gente en bicicleta, y algunos locos como nosotros que iban andando. Algunos coches aparcados indicaban que se podía llegar en coche, sin necesidad de arriesgar los pies y las piernas. ¡Que uno va teniendo una edad, y el corazón no aguanta tanto! Como BridgetJones tiene dos nuevas pasiones, se volvió loca con una de ellas, y no paraba de hacer fotos, sacando su vena artística, y utilizándome a mí como modelo muchas veces. Sin pagarme derechos de imagen ni nada. ¡Aunque siempre es mejor que te explote una amiga que un extraño! Por su parte, a Anfitriona le dio por coger setas, ella que apenas cocina. Lo peor del asunto es que fue casi todo el tiempo con aquellas enormes setas en la mano, porque ninguno de los tres llevaba una bolsa para echarlas. ¡Íbamos muy preparados, como véis! Agotados ya en Las Tres Gracias, emprendimos el camino de vuelta, retrocediendo por nuestros pasos hasta un cruce en el que decía que un pueblo estaba a unos 3 kilómetros. Pues nada, allá que fuimos. ¡Virgen Santísima de Regla, el bosque no se acababa nunca! Sonidos de motores… ¡se me iluminó la cara! ¡Civilización al fin! Falsa alarma, era un camión cargando troncos de árboles.
La hora de comer había pasado ya hacía rato incluso para horarios españoles. Como en esta república dan de comer a cualquier hora, confiábamos en encontrar un sitio en el pueblo al que nos dirigíamos. ¡Ingenuos! ¡Ilusos! Efectivamente había una “hospoda”, pero no daban comidas. Así que nos tomamos una cerveza, que siempre reconforta. Gracias a Dios, Valtice estaba sólo a kilómetro y medio, así que continuamos con nuestra marcha. Sin saber cómo, aquella carretera, que ya no era camino, daba directamente a la estación de Valtice… ¡Fabia, cuánto te he echado de menos! Allí estaba él, tan bonico, esperando. En total nos meteríamos entre pecho y espalda unos 15 kilómetros. No me explico cómo sobreviví, pero lo último es rendirse. Siempre quedaba la posibilidad de llamar al 112 y que el helicóptero fuera a buscarme, aunque no sé cómo aterrizaría por allí, la verdad.
“Mira que pueblecito tan mono hay por allí, y que montaña tan estupenda. Tenemos que venir” dijo BridgetJones cuando íbamos por la autovía ya de vuelta. “Pues conmigo no cuentes, engañas a otro”.

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5 respuestas a ¡Pues conmigo no cuentes!

  1. Anonimo dijo:

    No me vales pa ná. Desde luego … de otro tipo de ejercicio no te quejas. Con lo saludable que es andar, por esos magníficos bosques … Y además, a Bridgetjones le voy a hacer un monumento por descubrir tu faceta de “talent model”. ¿¿Me vas a llevar?? Yo quiero ver las excentricidades de aquellos ricachones checos. ¡Viva la revolución proletaria! ¿Vamos a hacer otra? JEJEJJEJ

    Un beso.
    POCOYO.

    • Ni está, ni se le espera dijo:

      Sé que andar es el deporte de la tercera edad… pero con moderación, con moderación. ¡Esta Bridget quiere acabar conmigo!

  2. Anonimo dijo:

    Excusas , Excusas. Tus músculos necesitan actividad. Piscina, senderismo, … Patinaje. JEJEJJEJ

  3. zeltia dijo:

    Yo, de verdad, no lo entiendo. Si son ganas de sufrir. Y no lo digo por lo de andar km. de más por no encontrar el bosque, que eso le pasa a cualquiera. Lo digo por la comid, y la bebida. ¿pero qué cuesta meter en el bolso un bocadillito? Y tu sabes… cuando el cansacio aprieta, y el hambre asoma, sentarse en el césped, o en un banquito si lo hubiera o hubiese, y sacar el bocadillito, por el tercer bocado ya la vida tiene otro color, hombre, otro color!
    Vale que no lleveis mapa, vale que siempre os encontreis con señoras que llevan fatal la menopausia, pero hombre, hombre, hombre…¡el bocadillo! [y ya B. J. podrá llevarte “engañado”]

    Las fotos demuestran lo impresionante del castillo… y el paisaje… verde, verde. Como en Galicia, pero diferente.

    • Ni está, ni se le espera dijo:

      En mi descargo diré que me llevaron engañado. Nadie me dijo que íbamos a hacer deporte. Si lo llego a saber, me llevo mi tortilla de patatas, faltaría más. Y monto un picnic en aquel bosque en un santiamém. Bancos para sentarse ni uno solo en los miles de kilómetros que hicimos, ni uno solo.
      Hace ya muchos años que estuve en Galicia, pero recuerdo los bosques. La memoria no me llega a tanto como para hacer una comparación con estos, pero sí digo que aquí la naturaleza es IM PRESIONANTE. Sigo diciendo lo mismo: ¡cuánto se pierden los que sólo visitan Praga y Karlovy Vary!

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