¿Azul?

El azul no se come, ni el Danubio es azul a pesar del vals, ni es un color propio de la mayoría de las cosas que nos rodean. Por eso el otro día, cuando estuve en Bratislava con BridgetJones y estábamos sentados en un parque desayunando, me llamó la atención. Una de las miles de cosas que montan en náměstí Svobody fue una especie de mini feria de turismo, con algunas regiones de alrededor exponiendo las maravillas que ofrecen al turista avezado. Y todo amenizado con música tradicional y comida regional. Pues allí, de esto hace tiempo ya, cogí unos folletos de Bratislava y su región. Hasta ahora ni los había mirado. Pero, como digo, sentados en el parque presidencial desayunando los rohlík que BridgetJones había preparado, estuve echándoles un vistazo. Y mira por donde, descubrí que el modernismo también había llegado a esta ciudad, ella no iba a ser menos. La única muestra modernista era una iglesia… ¡azul! Y yo que creía que las únicas iglesias de colores estaban en Honduras, Guatemala, Méjico y por ahí. Pues no, sin salir de la vieja Europa podemos disfrutar de una iglesia azul. Es cierto que no es el modernismo de Barcelona, pero teniendo en cuenta los avatares históricos de Bratislava está más que bien. A mí me pareció un poco “naif”, pero cuando menos es curiosa. No sólo al fachada es azul, también el interior (como se aprecia en las dos fotos). Encima destaca muchísimo porque está en una calle muy comunista, de edificios grises, oscuros y tristes.
Como bien todos sabéis, Bratislava está a un tiro de piedra de Brno, y aprovechando dos circunstancias (día de fiesta en esta república y que BridgetJones no estaba allí desde que estudiaba) echamos el día en plan turista. Ella no conocía el centro restaurado, ni el castillo. Así que bien pertrechados de cámara de fotos, cogimos el tren y nos plantamos allí. Sin que sirva de precedente, nos olvidamos del Fabia. El pobre no se merece ese ostracismo. Ya hay una entrada anterior sobre Bratislava, así que no me voy a repetir; pero en aquélla ocasión el castillo aún estaba en proceso de restauración, razón por la que no lo pude visitar. Si la iglesia me chocó por el color, el castillo también. Es imponente en lo alto de la colina, y tan blanco que daña los ojos. Por supuesto, el castillo ha sufrido muchísimo a lo largo de la historia, objeto de deseo de todos los reinos colindantes. No en vano, desde él se controla del Danubio, el río que articula toda la zona. Por cierto, que Eslovaquia también ha sufrido lo suyo, ha sido ninguneada desde tiempos inmemoriales. Pero no sólo en cuestiones políticas, también religiosas. Como otra de mis pasiones son las placas (que las leo conozca el idioma o no), en la de una de las estatuas del parque que rodea al castillo descubrí que Santa Isabel de Hungría había desarrollado toda su labor como ONG medieval en Bratislava, lugar donde estaba la corte, una vez muerto su marido el rey. Es cierto que en aquella época, Eslovaquia era parte del reino de Hungría, pero aunque sólo fuera por un poco de consideración a este país, debería llevar el nombre de esta república o de esta ciudad. Pero la historia, incluso la católica, está llena de injusticias.
Dejando todo esto de lado, que me voy por las ramas, el día, contra todo pronóstico, fue espléndido… por la mañana. Por la tarde empezó a llover. Lo malo del asunto, es que el plan B por si llovía ya no lo podíamos poner en marcha, porque a eso de las cinco de la tarde ya no nos dejaban entrar en ningún museo ni galería. Pero siempre queda el plan C. Buscamos refugio en una cafetería, después de recorrernos la mayoría de las papelerías del centro porque BridgetJones quería una agenda del 2011 en eslovaco. Y cambiamos los planes de regreso. Ella empezó unos días vacaciones, con lo cual se iba directamente a su pueblo, y yo volvía a Brno. En principio, me iba a volver en el último tren, pero como el tiempo no acompañó, preguntamos en la oficina de turismo los horarios. Había uno a las 6 de la tarde directo, y otro a las 7, que no lo era tanto porque había que hacer transbordo en un pueblo de la frontera. Así que decidí, sin temor a la renfe checo-eslovaca, coger el de las 7, porque si no no había tiempo de tomarse un chocolate para reconfortar nuestros cuerpos después de un duro día de turismo. Dios a veces se me aparece, o da muestras de su existencia. Cuando llegué a la estación a eso de las 6 y media, mirando en el panel como un eslovaco más, me di cuenta de que el tren de las 6 llevaba un retraso de media hora. ¡Estupendo, lo puedo coger! Y así, por gracia divina, llegué a Brno del tirón antes de los previsto y rodeado de bambis que volvían a Brno a estudiar después del puente. Por cierto, tanto a la ida como a la vuelta, nadie hablaba. A la ida, sólo nosotros y una pareja que sobrepasaba los 50 que debían ser amantes no matrimonio porque tenían una conversación muy entretenida.
De todos es sabido también que somos unos genios del turismo, y que todo lo encontramos queramos o no. Una compañera de BridgetJones le había comentado que había una zona nueva en la orilla del río, muy interesante desde el punto de vista de la arquitectura moderna. No teníamos ni idea de donde estaba, pero como quien no quiere la cosa nos dimos con ella de bruces. Ibamos dando un paseo sin rumbo, buscando a la vez un sitio para comer, en la orilla de río, que no termina de ser un paseo. Pues de pronto, una zona de césped cuidado, con sus terrazas, sus restaurantes, sus cafeterías y una plaza dedicada al padre de la patria Stefanik rodeada de un conjunto de edificios super modernos. Son viviendas con vistas al río y al bosque que hay al otro lado, y un centro comercial. De diseño y glamur. Incluso con cafetería Nespresso. ¡No se puede pedir más!

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7 respuestas a ¿Azul?

  1. Anonimo dijo:

    Te mereces el premio al “turista accidental” aunque tu de accidental ya tienes poco. Experto en viajes tu solo por esas republicas que, aunque europeas, resultan tan lejanas y desconocidas. Pero tú puedes hacer un “pilot guide” de tus viajes, aventuras y hazañas.

    No te perdonaré que no hayas ido conmigo a Bratislava. No hay reparo posible.

    POCOYO

  2. Wunderkammer dijo:

    ¿Cómo que no sois unos genios del turismo? ¡Pero si hacéis unas excursiones maravillosas! Me encanta leer vuestros viajes por Chequia/Eslovaquia y demás… los descubrimientos que hacéis, los paisajes insólitos, los rincones inesperados… como esta iglesia azul. Y no te digo ya la gente que encontráis, como los amantes esos de cincuenta.
    Un saludico.

    • Ni está, ni se le espera dijo:

      Wunderk, has debido leer la entrada medio dormida jejeje. Yo digo que SI somos unos genios del turismo, que todo lo encontramos sin querer. Y como dice BridgetJones, cuando Dios repartió los dones a las personas, a nosotros nos dio un gps interno… para ir probando si funcionaba en humanos, porque con las palomas le dio buen resultado.
      Por cierto, la pareja también iba a Bratislava de paseo, nos los encontramos varias veces por el centro.
      Besos

  3. Wunderkammer dijo:

    jajaja, qué razón tienes… últimamente me desvelo a esas horas e intento coger el sueño otra vez. Así que ahora sí, definitivo: sois unos genios del turismo 😀

  4. zeltia dijo:

    Madre mía, como cansa la vida del turista!
    casi me he cansado yo.
    ¿sabes ? hace falta ser curioso para fijarse en los detalles y quedarse con las anécdotas, no solo con lo destacado.
    y tú tienes esa facultad.
    gracias por la crónica!

    • Ni está, ni se le espera dijo:

      Me alegra que te gusten mis crónicas de las excursiones. Muchas Gracias.
      Aunque PocoYo diga lo contrario, mi blog no es un blog de viajes, ni una “guía Pilot”… aunque lleva camino de serlo jejeje. De todas formas, para enterarse de las cosas normales, siempre se puede visitar la página oficial del sitio que yo comente, con lo cual yo no aportaría nada nuevo. Y se trata precisamente de eso, de no ser una guía de viajes; por lo menos, de viajes al uso.

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