Platero y yo

Que BridgetJones es una lianta, ya lo sabemos todos. Y que me lía en todos sus proyectos. Aunque aún no ha conseguido que me compre una bicicleta y convencerme de que nos vayamos de viaje a una de estas república en unas bici-vacaciones. Pero su nueva afición me trae loco. Loco porque me parece que yo me la he tomado más en serio que ella. Tanto que el otro día fuimos a ver una exposición de fotografía de un conocido fotógrafo checo, además de viajero. Y encima nos permitimos criticar las fotos. Técnicamente muy buenas, pero sin sentimiento. La exposición se llama „El mundo en Brno“ y se versa sobre diferentes paisajes del mundo mundial. Está instalada en el Ayuntamiento Nuevo, donde mismo está el dragón que encabeza este blog. Como en su cumpleaños le regalé un libro sobre composición en fotografía, en todas aplicaba los conocimientos adquiridos, que si el fotógrafo aplicaba esta regla, o aquella otra. A diferencia de la exposición de Alfons Mucha que fuimos sin tomar café, en esta que también son bastantes obras, ya lo habíamos tomado. En una cafetería nueva, que por fin van abriendo cafeterías en esta ciudad. De diseño. Tanto diseño que los asientos eran sillones orejeros de colores (ninguno naranja, un gran error) y de respaldo muy alto, y que pesaban lo suyo. Tanto que yo creía que no lo podría mover y me tendría que tomar el café en la lejanía y hablar con BridgetJones por lengua de signos; pero la camarera hizo acopio de fuerzas y lo acercó. Claro que después de la exposición, y hastiados de tanto paisaje ideal, fuimos a tomarnos una cerveza, porque necesitamos nuestra dosis diaria. Yo estaba muerto porque la noche antes salí, y uno está ya en esa etapa de la vida en que después de salir una noche necesita varios días de recuperación. Así es la naturaleza, qué le vamos a hacer. Salí porque conocí a un Erasmus español que quería conocer el ambiente de Brno. Platero lleva ya más de un mes aquí, y aún no ha pisado ni el Red Cat, ni el Depo ni ninguno otro. Así que me comprometió el viernes para salir. ¡Y yo había salido el jueves! El pobre aún se está reponiendo del choque cultural; bueno, asimilándolo. Aunque no lo veo yo mucho por la labor, la verdad. En circunstancias así me doy cuenta de cómo me he adaptado a esta república, y lo hecho que estoy ya a casi todas sus peculiaridades ¡mi trabajo me ha costado! Miraba a los mariquitas checos con un poco de asombro, a los mariquitas y los locales claro. Porque nada tienen que ver a los de Sevilla o Málaga, nada de diseño sino más bien al contrario. Pero es lo que hay, y a esta república no se le puede pedir más. El recorrido fue el correspondiente a una noche de sábado, aunque era viernes. Y esto es importante, porque al último que fuimos fue al Red Cat y no había casi nadie. Sólo algunos bambis, demasiado bambis que sólo hacían bailar y consumir poco… y mucha lesbiana. Empezamos por el Acko, que es un poco de todo, como la mayoría de los sitios aquí. Quiero decir que lo mismo tomas un café, que una cerveza o cenas. Y luego fuimos al Depo, principalmente porque está cerca. Estaba animado… todo lo animado que puede estar un local checo, claro. En este caso, es como un disco-pub de pueblo, más pub que disco, pero con su poquito de parte para bailar. Disfrutamos, eso sí, de algo de pop checo.
Como el temor de Dios y la policía ya lo he perdido, a la vuelta lo llevé a su casa, bueno a la residencia en la que está. Según dice, es algo cutre. En realidad no es que sea cutre, es que será de los años 70 u 80, en su momento sería lo más, pero claro, desde entonces no le han hecho ninguna reforma para adaptarla a los nuevos tiempos. Como la piscina comunista, que se quedó anclada en los años 50. Pues eso, lo llevé en el coche a su casa. No es que la noche me confunda, sino las obras. Unas obras eternas que hay junto a mi trabajo, que es por donde está su residencia, hicieron que me perdiera ¡a las 5 de la mañana! Intenté dar la vuelta, pero no se podía. Lo que no consigo explicarme es lo de los camiones en sentido contrario, no me explico por dónde entraron. Pero bueno, siguiendo los métodos científicos y tomando como referencia el edificio de Telefónica O2, llegué a buen puerto. El Fabia y yo somos “imperdibles”.

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3 respuestas a Platero y yo

  1. Anonimo dijo:

    Ese punto y aparte … no es habitual. ¿por qué será?
    La noche te confunde. Y dos noches seguidas saliendo más.
    Celebro que aparezca un nuevo personaje, a pesar de todo. Y que ello te lleve a escribir nuevas aventuras.

    Un beso. POCOYO.

    • Ni está, ni se le espera dijo:

      Pues el punto y aparte es debido a las reglas de puntuación: se pasa a otro tema, se pone punto y aparte.
      Lo malo de los personajes de esta historia es que salen y entran con mucha facilidad, excepto algunos que son fijos (alguno más protagonista que yo).

      • Anonimo dijo:

        Las reglas de puntuación ya las conozco. No hace falta explicarlas, hombre!. Y lo de los personajes fijos … o los que salen y entran … Ninguno es mas protagonista que tú, ninguno te hace sombra. Tu mirada es la protagonista.

        POCOYO.

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