¡Qué bonito es el otoño!

“¡Hola, bonico! ¿Cómo estamos? ¿Hacemos algo hoy?” Mensaje de BridgetJones. “Estoy vivo. No sé qué podemos hacer con este tiempo”. ¿Qué pasa con el tiempo? Yo pensaba ir al castillo Veveří, ¡como no llueve!” “Vale, a las 11 en Ceská”. Siempre he sido un chico fácil.
Tranvía hasta el zoo y luego autobús hasta el castillo. Como el autobús no salía hasta 45 minutos después de llegar nosotros al zoo, nos dispusimos a buscar un sitio donde tomar café. Yo no las tenía todas conmigo, teniendo en cuenta que era domingo por la mañana y esta república. “Mira, allí hay un cartel de un restaurante”, dije yo. Al entrar, una especie de pastelería, aunque en realidad vendían un poco de todo. “Creo que aquí café hay poco”, pero me equivocaba, pasando por un pasillo, se llegaba a una habitación habilitada como comedor. Aquello tenía toda la pinta de ser una casa, reconvertida en restaurante sin reforma previa, porque donde estaban las mesas parecía haber sido en otro tiempo el salón de la casa. “¿En este barrio no hay juventud?” es que todos los clientes eran de la tercera edad… con su cafelito ¡o su cerveza!
Llegado el momento, nos montamos en el autobús, que empezó a dejar Brno atrás y a atravesar bosques, a ratos verdes, a ratos marrón y a ratos amarillo. La carretera va bordeando el río que alimenta el pantano. Como es normal, no sabíamos exactamente dónde íbamos, ni en qué parada nos teníamos que bajar. Me dejé guiar por la intuición de BridgetJones y me bajé cuando ella dijo, que fue en medio de la nada. Se suponía que el castillo estaba un poco más adelante. Y lo estaba, encima de una montaña de las que forman el valle. Tras una curva de la carretera aparece el castillo por sorpresa, con sus tejados rojos perfilados por el cielo gris. “El pantano está a 8 km por este camino” dijo BridgetJones, y yo hice como que no la oí. Por otro camino, que bordea la carretera llegamos al castillo, junto al cual hay otra parada de autobús. Pero el paseíto merece la pena, no sólo porque el castillo aparece de pronto frente a ti, sino por la imagen del otoño checo. Todo el suelo está lleno de hojas amarillas, caídas de los árboles que ya se están preparando para el duro invierno de esta república. Y como decía antes, el bosque es multicolor, del verde al amarillo. Poco a poco, sin prisa pero sin pausa, subimos al castillo. Bueno, con más de una pausa porque BridgetJones no paraba de hacer fotos a diestro y siniestro. Esta nueva pasión le ha dado fuerte. El castillo está restaurado a medias, en parte por la falta de fondos y en parte por la dificultad de la restauración. Según pude leer en las placas que hay repartidas por las diferentes partes del castillo, durante el comunismo fue usado como escuela de guardabosques, y todas las dependencias fueron reconvertidas en aulas, cafetería, cocina, dormitorios, etc y de ahí la dificultad de la restauración: hay que deshacer lo hecho durante el comunismo. Fue construido allá por el siglo X como un refugio de caza, que luego los señores de la zona fueron reconvirtiendo en castillo y vivienda. Desde él no hay vistas porque está justo en el corte de la montaña y no hay manera de asomarse al vacío, aunque buscamos sin éxito un hueco por el que asomarnos. En la actualidad, una de las partes, que durante los años oscuros fue usado como forja, tiene un uso cultural. Durante el verano (en invierno no habrá quién llegue hasta allí) se celebran diferentes actos como conciertos y festivales varios. Cuando digo festival me refiero a un día de campo, es decir, grupos de música tocando y la gente por allí con sus mantas, sus cervezas y su comida.
Gracias a Dios empezó a llover, no mucho, pero lo suficiente como para que a BridgetJones se le quitara de la cabeza volver andando. Así que nos fuimos a la parada del autobús, de nuevo en medio de la nada, junto al río. Como es de suponer, el autobús no para allí por iniciativa propia, sino que hay que avisarlo. Así que ni cortos ni perezosos, cuando lo vimos doblar la curva, empezamos a hacer señales y aspavientos. Tantos, que tanto los pasajeros como el conductor estaban sonriendo cuando subimos. Pero mejor eso que esperar una hora más y que BridgetJones retomara su idea de volver haciendo senderismo.
“No hemos ido al zoo, y eso que ya llevamos 2 años aquí. Lo primero que hacen todos los extranjeros es ir al zoo y al pantano. Nosotros hemos ido al zoo, y al pantano solo a emborracharnos en Ignis Brunensis”, dije yo. “Ya, es que no somos turistas normales”.

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4 respuestas a ¡Qué bonito es el otoño!

  1. Anonimo dijo:

    Ni sois turistas, ni sois normales. Sois medio checos. Y eso es lo anormal. JEJEJJEJE.
    No paro de reírme al imaginar la última escena llamando al autobús. Os imagino a los dos en medio de la carretera obligando al conductor a parar cual escena de peli de Almodovar, con Pé haciendo de parturienta (es que no recuerdo el título).
    La envidia me corroe. Lo reconozco. Tus descubrimientos, tus anécdotas, tu facilidad para escribir y trasladar tu realidad a este blog; y tu generosidad al compartirlo. Hoy le he echado un vistazo a mi blog, y he llegado a duras penas a las 2500 visitas. Pero soy incapaz de resucitarlo; al menos de momento. Pero me ha gustado ver y leer algunas cosas. Igual que releo algunas del tuyo. No pares de escribir, por favor.

    Un beso.

    POCOYO

    • Ni está, ni se le espera dijo:

      Ya sabes que esta república maltrata a los guiris, pero de vez en cuando proporciona algunos placeres. Uno de ellos es el paisaje espectacular, y lugares recónditos la mayoría de las veces sólo conocidos por los lugareños de una belleza impresionante. No quiero pecar de “snob”, pero aunque poco a poco me voy acostumbrando a estos paisajes no por ello dejo de sorprenderme. Brno es una ciudad casi desconocida, fuera de las rutas turísticas, pero esconde lugares realmente maravillosos. Lo diré hasta la saciedad: esta república es mucho más que Praga y Karlovy Vary.
      Muchas gracias por el elogio, pero tú hablas desde el corazón, no desde la objetividad. Conoces de propia mano prácticamente de todo lo que hablo, e incluso algún que otro personaje de esta historia. Juegas con ventaja jejeje

  2. zeltia dijo:

    Es que el otoño es precioso cuando estás en medio de bosques de árboles de hoja caduca. Todo se conjuga para maravillarnos: un mundo de aromas mezclados con el predominante a tierra mojada y toda una paleta de colores para deslumbrar.
    Me encanta la mitad del otoño, finales de octubre, primeros de noviembre. Aquí en Galicia todavía no hace frío, ni los árboles han perdido todas sus hojas, este punto de transición es un espectáculo.

    • Ni está, ni se le espera dijo:

      Yo no soy de zona de bosques, y por tanto poco acostumbrado a esas imágenes. Como mucho, algún campo que cambie de color, pero nada más. Pero el espectáculo aquí es realmente impresionante, no sólo por los colores sino, como bien dices, los olores y los sonidos, que el otoño también tiene sus sonidos. Esta república es todo un espectáculo.

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