Como todas las mujeres

Con el Fabia me planté en su casa. Habíamos quedado a las 4 de la tarde, pero como no calculé bien (el retraso por las obras fue menor del previsto) llegué un poco antes. Ella estaba ya casi lista, pero le faltaba terminar de pintarse. “Lo hago en el coche” dijo BridgetJones mientras recogía las cosas “como todas las mujeres”.
“Creo que debes esperar a una calle que esté mejor, o vamos a tener que entrar en un bar a que te limpies la cara, y por aquí no hay ninguno de confianza”. Me hizo algo de caso, contra todo pronóstico. Pero se cansó de esperar, o pensó que ella sin el rímel puesto no podía seguir. Así que en Mendlovo náměstí sacó de nuevo el bote de rímel y su pincel y reanudó su tarea. Como yo ya no tengo temor de la policía checa, pasé con el semáforo en ámbar, pensando que me daría tiempo. Pero no, cuando estaba justo en el paso de peatones se me cruzó un tranvía y los coches empezaron a circular, con lo que me quedé allí parado en pleno paso de peatones, impidiéndoles el paso. Debo aclarar que Mendlovo náměstí es uno de los centros de intercambio de transporte público, y teniendo en cuanta la hora que era, aquello estaba a rebosar de gente, de tranvías, de autobuses y de coches. Así que, con la intención de dejar paso a los peatones, di marcha atrás, porque el que iba detrás de mí, sí previó que no me iba a dar tiempo y se paró antes, dejando suficiente espacio para mí. Yo dando marcha atrás, y ella poniéndose rímel, concentrada y ajena completamente a lo que yo estaba haciendo. Había una multitud esperando para pasar, pero especialmente una señora que nos miraba con cara de extrañeza y asombro, o como diciendo “¡Virgen de Regla!”. Cuando dejé suficiente espacio para pasar, los peatones empezaron a cruzar, mirando sin disimulo al interior del coche. Ella seguía a lo suyo, hasta que le dije “¿Ves el semáforo o arrancamos cuando el de detrás pite?”. “¿Me pongo las gafas para ayudarte con las señales?” “No, a Brastislava sabe el Fabia llegar solo”.
Íbamos a Bratislava a ver la Gala Show del Ballet Nacional Ruso, que era a la intempestiva hora de las 7 de la tarde. Con aquel inicio de tarde, la velada prometía. Realmente, no tuvo desperdicio. Llegamos al lugar del evento, no sin dificultades, porque como es normal, no sabíamos exactamente dónde estaba, y se me pasaron un par de veces un par de indicaciones. Pero bueno, con un par de volantazos y el pitido de algún coche predecesor, llegamos al lugar que suponíamos que era el de destino. El edificio en cuestión se llama Istropolis. El shock al entrar fue tremendo. Más para BridgetJones que para mí. Fue como una regresión, una vuelta a los oscuros tiempos del socialismo. Es de suponer que el edificio había conocido mejores tiempos, cuando a las autoridades se les ocurrió dotar a la olvidada Bratislava de un multicentro cultural: cines, teatros, centro de congresos, etc. Pero claro, allí se quedó, anclado en el pasado. Peor aún, sufriendo el deterioro del tiempo sin que nadie le haya puesto remedio. Los carteles estaban escritos a mano o, en el mejor de los casos, a ordenador (el de los servicios era uno de los carteles “sofisticados”), el guardarropa no funcionaba, y los diferentes trozos que formaban la moqueta del hall, azul, estaban unidos por cinta de embalar negra. Eso sí, con sus toques de diseño: unos círculos en celeste deshilachado puestos encima. Y en el centro, el ambigú, que era como la barra de las fiestas de un pueblo. Las filas y asientos, como es normal, estaban numerados y también escritos a mano. “Los socialistas cumplieron su objetivo con este teatro. Realmente es un teatro de obreros” dijo BridgetJones.
“¡El suelo del escenario es de linóleo! Estoy sufriendo por los bailarines, que se van a matar” dijo ella a mediados de la función. Vimos que alguna gente llevaba folletos, que nosotros no habíamos detectado en el hall. En el descanso sí encontramos dónde los vendían y nos acercamos. Todos estaban en ¡alemán! pero no porque se hubieran agotado en eslovaco. No, es que solo los tenían en alemán. No compramos ninguno, para qué. “¿Te has dado cuenta que la señora hablaba ruso, no eslovaco?” La miré con estupefacción y le dije “pues no”. La señora en cuestión parecía sacada de un documental sobre la URSS de Gorbachov: pelo ralo de un color indefinido cortado a media melena, seria (casi enfadada) y sin ninguna prisa.
En honor a la verdad, el edificio está muy bien. Pura arquitectura socialista. Y a pesar del deterioro, no se le ha caído ninguna placa de mármol de la fachada. El ballet aún mejor. Ningún bailarín se cayó ni dio un traspiés en aquel suelo de linóleo. Era una gala show, con lo cual el espectáculo estaba compuesto por diferentes trozos de diferentes ballets, algo así como una exhibición para mostrar al mundo lo bien que bailan. Y realmente es así. En diversos momentos se me pusieron los vellos como escarpias… a pesar de que la música era grabada y el sonido no excesivamente bueno. ¡Es que al sitio no se le podía pedir más!

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6 respuestas a Como todas las mujeres

  1. Wunderkammer dijo:

    Muy buena descripción del teatro… se parece más al Brno que yo conocí. Fui a aprender sobre los museos y los museos tenían ese halo de los años cincuenta… menos mal que en teoría museológica eran buenos. Y la experiencia mereció la pena, claro que sí.
    Eso de maquillarse en el coche es todo un arte, sí señor.

    • Ni está, ni se le espera dijo:

      Supongo que todo esto ha cambiado mucho desde que tú estuviste aquí, pero en el fondo siguen siendo los mismos. Y además, en cuanto que te sales de los edificios y lugares más emblemáticos, te topas con restos del comunismo, y ese halo inconfundible de tristeza, dejadez, desidia y apatía te invade. Pero no todas la herencia comunista es mala, ni mucho menos: siguen conservando ese espíritu intelectual, sobre todo desde la oficialidad, añejo, que tantas veces hemos visto en las películas.
      El centro Istropolis (por cierto, antiguo nombre de Bratislava) tiene ese mismo aire, pero tampoco muy diferente del que podemos encontrar en muchos edificios de ciudades españolas. El edificio de los sindicatos en Almería es uno de ellos.

  2. Anonimo dijo:

    No se si porque os conozco, y he compartido con vosotros algunos de esos delirantes momentos, o porque las descripciones son geniales. Pero por un momento me ha parecido veros dentro del coche, como si yo fuese el espectador de una película en la que la cámara entrara por la luna delantera del Fabia. Que por cierto, es un personaje más del blog, y merece ser bautizado de una vez. Siendo natural de esas tierras yo propongo alguno muy brunense, checo en definitiva. Pero que no lo identifique con los peores valores, sino todo lo contrario. Merece un nombre realmente heroico; así que busca, que aunque improbable … algún héroe checo habrá en la historia de esa república.

    Un Beso. POCOYO.

    • Ni está, ni se le espera dijo:

      Dudo mucho que en esta república haya héroes, teniendo en cuenta que hasta las revoluciones son de terciopelo. Al Fabia, aunque nacido en estas tierras, vivió y sufrió el periplo por la carretera E-50, se tragó los atascos en las autopistas francesas, y se metió por caminos no destinados a vehículos a motor. Por eso, el nombre que se merece es español, no checo. Se me ocurre ahora mismo Babieca, así, de pronto. Pero me sabe mal ponerle nombre después de tanto tiempo.

  3. zeltia dijo:

    estais muy inspirados los 2 en los comentarios!

    el edificio de la foto no se ve mal, la verdad! y que cielo tan azul!

    • Ni está, ni se le espera dijo:

      No si el edificio está muy bien. Como tantas cosas aquí, en su momento fue lo más, pero el tiempo ha pasado, y parece que aún más sobre ellos. A veces el cielo está azul, pocas, pero lo está. Para hacer esa foto estarían esperando un día bueno jejeje

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