Las cosas no son como antes

vamos... turrón de toda la vida

No. Esta república va cambiando, a pesar de todo y a su pesar. La piscina comunista ya no es de agua fría. Tal y como lo leéis. Este verano arreglaron las ventanas, que no les habían hecho nada creo yo desde el año 1954 en que la construyeron. Ahora no se escapa ni una ligera brisa de la calefacción. Así que hace un calorcito allí dentro estupendo, y el agua ya no está fría aunque siga estando un grado menos que en la otra piscina. Lo malo de asunto es que ahora hay que hacer deporte de verdad porque no pierdes ni un gramo de grasa en mantener el cuerpo caliente, como ocurría antes. Los tiritones queman grasa, eso es de todos sabido. Pero esa época ya es historia. Y se está tan bien en estas instalaciones ahora, que incluso va a entrenar un equipo de natación sincronizada. Allí estaban ellas, buenos más bien sus brazos y piernas blancas blanquísimas como buenas eslavas que son, entrando y saliendo del agua. Me moría de la envidia. Yo muerto de la envidia, y BridgetJones asombrada porque yo conocía la canción que usaban. ¡Cómo no voy a conocer la canción To tango tis nefelis cantada por Haris Alexiou! Dudarlo sería un insulto.
Historia es también Churro Olé! Este año no hay puesto en el mercadillo navideño, y han cerrado el despacho de churros que tenían cerca. Una verdadera tragedia. Aunque en el fondo lo entiendo, porque estos checos no salen a desayunar como nosotros lo hacemos ¡con lo que reconfortaría en estas heladas tierras unos churros con chocolate a las 8 de la mañana! Pero no, ellos siguen prefiriendo comprar un cruasán relleno de jamón york, lechuga y tomate. Pero como toda desgracia, también tiene su pequeña recompensa: hay turrón. Ellos no lo llaman así, claro, que son muy suyos. Además, por la sección “comidas de aquí” sabemos que su cultura gastronómica deja mucho que desear. Venden en un puesto del mercadillo un turrón a granel al que llaman “turecky med”, algo así como “miel turca”. A mí no me gusta mucho, hablando de miel, la “medovina” que es un licor caliente de miel. A PocoYo le encantó y se bebió su vaso y parte del mío. Como siga viniendo mucho, se va a convertir no sólo al “chequismo” sino en un alcohólico de tanta cerveza y vinos calientes de diferentes tipos y de los que da buena cuenta.

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4 respuestas a Las cosas no son como antes

  1. Anonimo dijo:

    jajajajaj.
    Con ese frío daría cuenta de todo lo que cayese en mis manos calentito, o con alcohol. No pienses mal. Pero es cierto que la Medovina me gustó, y las salchichas, y hasta el café. Todo, todo. Ya sabes que yo soy un hedonista que me dejo arrastras por todos los placeres, y aunque cuesta, esa república los tiene. Así que la satisfacción es mayor si cabe.

    Un beso. POCOYO

    • Ni está, ni se le espera dijo:

      Yo no pienso de ninguna manera, sólo digo que cada vez que pasábamos por un puesto de medovina, tú decías “qué buena la medovina”. Y si por ti hubiera sido, te hubieras tomado un par de ellas más, pero no era cuestión que tenías que tocar la campana de la plaza y pedir un deseo.

  2. Zeltia dijo:

    A mi me sonaba el estribillo de la canción, pero nada más. No sabía que la letra habla de cintas doradas que unos ángeles adolescentes le roban a la bella Nefelis tras hechizarla con granadas y miel y de cómo Zeus le calma su locura convirtiéndola en nubes de lluvia y ahora es la diosa de las nubes…

    Que ambientillo en la plaza: desearía estar en ella respirando el aire frío con las manos llenas de comida y bebida como tú. Y una excelente compañía 😉
    Me hizo viajar tu post de hoy.

    Besos para tí y para Pocoyo. [yo también me apuntaría al vino caliente]

    • Ni está, ni se le espera dijo:

      La verdad es que nunca me había puesto a buscar de qué hablaba la canción, y siempre supuse que hablaba de amor como el 90% de las canciones. Jamás imaginé que versara sobre un relato de la mitología griega, aunque bien visto, no deja de ser una historia de amor.
      Lo del ambientillo en la plaza…bueno, habría mucho que hablar sobre qué se entiende por “ambientillo”. Estos acontecimientos en las plazas son muy sosos, como son ellos en general. Sí, mucho puesto, mucha bebida, mucha comida… pero bastante aburrido: ni un baile, ni un cante, y si me apuras ni unas risas. Yo que vengo de una tierra en la que por menos de nada se empieza a bailar sevillanas o a cantar canciones del carnaval, fue todo un shock. Pero a todo se acostumbra uno. Las salchichas estaban buenísimas y el vino caliente aún más, pero las manos se te quedaban heladas y los conductos de la nariz no digamos. Y eso que estábamos debajo de una estufa. Este año el invierno promete ser duro, ¡Virgen de Regla, qué lucha, qué lucha!

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