¿Dónde están los patos?

El día amaneció luminoso y con una temperatura agradable: 9 grados bajo cero. Evidentemente hablo desde la perspectiva de esta república, no de Chipiona. Así que con más miedo que vergüenza me puse el gorro, los guantes, la bufanda, comprobé si llevaba el cacao en el bolso y cogí el autobús número 55 en dirección Marianské Udolí. Lo quería ver nevado, y antes de que se hiciera de noche para no morir prematuramente congelado en aquellos parajes. Evidentemente, un domingo por la mañana, el autobús iba casi vacío. Sólo un par de jubilados y un bambi. Luego se montó una muchacha con sus dos niños, que no estaría de más que les enseñara a comportarse en el transporte público. Me extrañó que el bambi llevara el palo de hockey, pero bueno, como aquí la gente lleva en el autobús/trolebús/tranvía las cosas más insospechadas no le presté más atención.
Desde el autobús vi una iglesia en lo alto de una colina en la que no había reparado antes, y que parece interesante. Me da la impresión que es la que le da nombre al paraje; habrá que investigar. Lo que ocurre es que como las veces anteriores la visita al valle fue en épocas habitables y verdes no me había dado cuenta, pero ahora entre el blanco de la nieve, la iglesia destacaba. Y el autobús llegó, porque es un autobús antiguo y lleva zapatos de invierno, que si no, dudo mucho que hubiera llegado. No es que el camino sea complicado, pero hay un par de cuestecitas que en esta época yo no me atrevería con el Fabia. Nos bajamos los tres que quedábamos: un jubilado, el bambi de los palos de hockey y yo. Evidentemente, del verde no hay ni rastro, todo más blanco que blanco, y todo casi oculto por la nieve. ¡A veces, no sé cómo me atrevo! Pero bueno, ya he dicho en otras entradas que este recorrido está preparado para “urban boys” como yo. Así que ni corto ni perezoso, sin temor de Dios, ni de la nieve ni del frío cogí el camino que conocía. El problema de la nieve es que es muy democrática, o muy socialista (según como se quiera interpretar): todo lo iguala. Pero claro, tanta igualdad que el camino no se distingue de lo que no es camino, y no tiene uno edad para partirse una cadera en un lugar ignoto y desolado. Claro que para eso están los métodos científicos, y seguir las huellas de los anteriores intrépidos te ayuda a no salirte del camino o por lo menos a pisar en firme. Yo, siguiendo no sólo este principio que tanto me ha ayudado en esta república, sino también aquel de “allá donde fueres haz lo que vieres” seguí al jubilado, que, mejor pertrechado que yo, se ayudaba con unos bastones de senderismo.
A medida que avanzaba, mi perplejidad y asombro iba en aumento. Lo que vería no sabía muy bien si relacionarlo con la película “El resplandor” o con “Doctor Zivago”. Lo digo por el paisaje, no por la trama en sí. Nieve, nieve y más nieve. ¿Y los patos? ¿Dónde están los patos? Ni rastro, sólo sus casitas abandonadas. ¿Habrán emigrado a tierras más cálidas? ¿Se los habrán comido? ¿Habrán muerto congelados? No sé, no sé. De mi mente, que no de mi boca, sólo podían salir expresiones del tipo “Virgen de Regla” “jooooder” “kurrrrrva”. Los laguitos estaban helados y lo que que se mostraba ante mí era una superficie blanca, rasa. Yo creía que estas cosas sólo se veían en las películas, pero no, existen de verdad. Los lagos se hielan, y se puede andar sobre ellos. Yo lo hice, siguiendo huellas anteriores, claro; no es cuestión de venir a esta república a morir de hipotermia.
¿Y qué fue del bambi con el palo de hockey? Pues vi que cogía el otro camino, el que va por el otro lado del río. Yo me pregunté, como buen cotilla que soy, dónde iría el buen mozo. En el segundo lago encontré la respuesta. Había unos bambis preparando el campo de hockey…¡en el lago! Allí ellos tan afanosos con sus palas y sus patines quitando la nieve y dejando sólo el hielo, como si estuvieran preparando un campo de fútbol en un descampado cualquiera para echar un partidillo. Pero eso no es lo peor, en medio del mismo lago había una pareja haciéndose arrumacos, y un poco más lejos, una madre con su hijo practicando el noble deporte del patinaje sobre hielo. ¡Ver para creer! Ahora entiendo por qué el hockey sobre hielo es el deporte nacional, si lo tienen en la puerta de casa. Creo que entre los próximo objetivos, en aras de una integración real en esta república, es aprender a patinar sobre hielo, que por lo que estoy viendo… ¡es básico!

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7 respuestas a ¿Dónde están los patos?

  1. Pues nada traete los patines y congelaremos la fuente de la Lagunilla…

    Que frío por lo que cuentas, nada solo pase para desearte una Feliz Navidad ¿No se si te veré por la tierra de la Más Grande o tienes otros planes? De todas formas que te lo pases muy bien y un gran saludo…

  2. Anonimo dijo:

    Sisisi. Tiene delito. Porque ya se puede aprender a patinar sobre hielo … hasta en Almeria!!!!!! Como lo oyes. Así que manos a la obra. Queda con Bridgetjones y a patinar, que despues me tienes que enseñar a mi. O no querrás que aprenda yo y luego te enseñe?? Tu eres mayor, así te corresponde trasladarme la experiencia y conocimientos. JEJEJJEJE.

    Pobres patos!!!! hubiera sido un detalle que les pusieran mantitas, como en las terrazas de verano de Cracovia. EJEJEJEJJ

    Un beso. POCOYO

    • Ni está, ni se le espera dijo:

      Ya hace años que en Almería ponen pistas de hielo en invierno (demasiado consumo de energía, poco ecológico), aquí es natural. ¿Me imaginas con mis gráciles movimientos patinando sobre hielo? A lo mejor me lo planteo si me regalan unas mallas de lentejuelas jejje

      • Anonimo dijo:

        No por dios!!!! Déjate de mallas. Solo te falta aficionarte a la ropa ajustada, y menos para las extremidades inferiores. Calla, calla!!!

        POCOYO

  3. zeltia dijo:

    Que paisaje tan impresionante!, [ya le echas güevines!]

    Y yo estoy con Pocoyo: aprende a patinar y ya te veo el año que viene yendote al lago con Pocoyo a caeros [graciosamente] -sin mallas, por favor-

    Me gustó mucho este post, lo escribiste de manera que también nosotros te acompañábamos en tu asombro

    • Ni está, ni se le espera dijo:

      Sí, Zeltia, el paisaje era realmente impresionante. Sobre todo si antes se ha visto verde, y con agua líquida. No recuerdo bien qué fotos puse cuando hice la primera entrada sobre Marianské Udolí, pero pueden servir de comparación.
      Y no le echco “güevines”, sólo tiro p´alante: o hago las cosas o me las pierdo… y no estoy dispuesto a perdérmelas 😉

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