Cuando todo debería empezar


Ella llegó, como ya me había anunciado, con su corbata navideña. La que encontró: roja y con una imagen de Bart Simpson entregando un regalo. Para no dar lugar a confusión, también llevaba un gorro de Papá Noel, así todo quedaba claro. Porque la fiesta era para celebrar el Fin de Año, no la Navidad. Es lo que tiene la globalización y la multiculturalidad: como hay tanto musulmán, indio y otras creencias que no celebran estas entrañables fechas, la fiesta se disfrazó con la exposición de los resultados anuales y la entrega de algunos premios.
“Creo que soy el más discreto de toda la fiesta” dije yo cuando estábamos dejando los abrigos en el guardarropa. Ella, BridgetJones, miró a su alrededor y riendo dijo “Sí”, viendo que todos iban vestidos de colores neutros menos yo, que llevaba un jersey turquesa y una camisa blanca. “¿Estará mi rumano?” preguntó. “No sé, yo no sé siquiera como es. Los técnicos no suelen ir a estas cosas. Sí está el bambi que me mira por las mañanas, se ha cortado el pelo… y es paticorto, pero monísimo”. “No me ayudas nada, nada” replicó.
La fiesta empezaba a las 18:30, una hora inhumana para empezar una fiesta. Es cierto que ya hacía horas que era de noche cerrada, y también lo es, que al cabo de unas horas uno está ya tan harto que se marcha (ese fue mi caso) cuando esa es la hora en que debería empezar. Más aún si hay que escuchar durante media hora al Gran Jefe de Europa Central diciendo lo buenos que somos y cuántos proyectos hay. En inglés de Canadá y mal sonido de megafonía. Evidentemente, todo el mundo estaba deseando que se callara de una vez y empezara el bufet. La atención que se le prestaba era tanta, que la organizadora tuvo que pedir que se callaran, porque debido a la calidad del sonido, en el fondo no se oía a tan insigne personaje. Por fin se calló, entregó los premios correspondientes y empezó el bufet. “Estamos en la mejor empresa del mundo; no nos dan de comer, pero mira ¡cuánto vino!” dije yo cuando por fin pudimos llegar al salón del bufet y comprobamos que casi toda la comida había desaparecido. Dejé a BridgetJones con las dos copas y fui en busca de algo de comida. “¿De dónde has sacado eso?” “Pues al fondo del todo, al final de todos esos mal vestidos y parece que también mal comidos” dije yo con un plato de quesos, chorizos, dos bollitos (rohlik) y dos trozos de kiwi. “Eres el mejor”.
Con aquellos escasos alimentos para nutrir nuestros cuerpos, volvimos al salón principal para dar cuenta de ellos. Y luego a bailar junto a sus compañeras y algunos de los míos. Allí estaba también Anfitriona, y por supuesto lo más granado de la empresa, sin bailar claro. “Como sigas así, ni mi rumano ni tu rubio se nos van a acercar”, ¡pero es que el discjokey pinchaba música de “Grease” y otros éxitos recientes! El bambi rubio no se iba a acercar de todas formas, porque estaba bailando con una amiga al fondo de la pista, como un poseso y no veía nada de lo que ocurría a su alrededor. Encima, otro rubio que localicé durante el discurso del Gran Jefe, se me había perdido. “¿Lo conoces?” le pregunté a BridgetJones. “No, ¿por qué?” “Porque cada vez que miro me sonríe con la boca y los ojos”. “Vaya, se me va a perder” dije yo cuando terminó el discurso y todo el mundo, hambriento y desesperado, se dirigió al bufet. “Pues luego nos damos una vuelta y vemos si encontramos a alguien interesante, y a mi rumano”. Pero no nos dimos la vueltecita por el salón, y no lo volví a ver. El caso es que su cara me es familiar, debe trabajar en el mismo edificio que yo.
“Tenemos que ir más a la piscina ¡estoy reventado!” “Sí, por lo menos ir a bailar más a menudo” dijo ella. “Creo que me voy a marchar que mañana trabajo” y eran las 10 de la noche, cuando todo debía empezar.

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4 respuestas a Cuando todo debería empezar

  1. Anonimo dijo:

    Me encanta. Es de la mejores entradas que has hecho jamás. Muy gráfica, y lo diálogos geniales. Será por que os conozco, y por que lo describes tan bien, que cada vez que leo algo tuyo por mi mente pasa la película de lo sucedido y explicado.
    Lo de ” Mal vestidos, y mal comidos” ha hecho que me ría un montón.

    Por cierto, estoy de acuerdo con B. de que teneis que bailar más. Y una sugerencia: los días que haya fiesta … no deberia trabajarse al día siguiente, por muy temprano que empiece la fiesta en esa república.

    Un beso. POCOYO

    • Ni está, ni se le espera dijo:

      Lo de mal vestidos, es público y notorio. Lo de mal comidos, me lo suponía pero no tenía pruebas ni evidencias ciertas. Voy a tener que ponerme a vender tortillas de patatas y salmorejo por esta república.

  2. Zeltia dijo:

    pero mira, si empezase la fiesta a las horas que en España, ya podíais tener las 8 horas dormidas en plena oscuridad!
    de hecho, hasta en españa se pueden tener 8 horas dormidas!
    antes de que yo dejase las copas por la noche los fines de semana, me aburría muchísimo en esa dilatada espera de que “empieza a haber gente” que cada vez era más y más y más tarde…
    decidí que era hora de dejarlo la noche que me dormí en el sofá vestida y maquillada esperando la hora en la que habíamos quedado: la 1.30!
    pordió!!!
    A mi también me gustó el estilo de esta entrada, muy visual.

    • Ni está, ni se le espera dijo:

      Sí, cuando yo era más joven, la gente salía después de ver “El gran juego de la oca”, con los que estaban disponibles más allá de las 12 y media, que también es una hora inhumana, más inhumana que las 6 y media de la tarde.
      Gracias por el halago al estilo jejeje no se merecen.

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