Un clavo ardiendo

Cuando llegó el momento de que PocoYo volviera de esta visita prenavideña, y consiguientemente tuviera que coger el avión en Bratislava, el Fabia se puso en marcha por ese camino que ya hace con los ojos cerrados. El tiempo no acompañaba, como corresponde, sobre todo al llegar a Bratislava. Una “ligera nevada” y la calzada de la autovía, según los paneles informativos, a 6 grados bajo cero. Y circulación lenta, era hora punta. Y el piloto de la gasolina, ilumninado ¡pero quién se salía de la autovía de circunvalación de Bratislava a buscar una gasolinera! Lo malo era la vuelta, que la tendría que hacer solo y ya de noche cerrada. De regreso, el tráfico empeoró, no sólo circulación lenta, sino detenida en muchos casos. Menos mal que al llegar a la bifurcación donde hemos de escoger Györ (un poco de pasta, basta) o Brno, la cosa mejoró. Así que me dispuse a buscar una gasolinera que no me desviara mucho de la trayectoria. Pensaba y temía que el tiempo empeorara a medida que me acercara a Brno, aunque después mis temores se desvanecieron: increíblemente, a medida que dejaba atrás Bratislava, el tiempo mejoró. Pero eso yo no lo sabía, y no me apetecía nada de nada hacerme la hora y pico solo, en aquella oscuridad infinita y aquella temperatura heladora.
Por fin me decidí por una gasolinera y justo al parar junto al surtidor, un chico me dice, en inglés, que si voy a Brno. Le digo que no, que lo siento. Pero cuando voy a pagar y pago, el chico estaba dentro de la minitienda refugiándose del frío. Y me lo pensé mejor, en cuestión de segundos, y le dije “venga, vamos a Brno”. No me vendría mal un poco de compañía, y si la policía me paraba en la frontera, donde suelen estar apostados, alguien me serviría de soporte. Lo malo es que no estaba muy seguro de que el chico hablara esta lengua de “El Señor de los Anillos”, porque era negro, con lo cual, no había muchas posibilidades de que fuera de la zona. Pero sí, negro pero eslovaco, según me contó después. Porque le pregunté, claro, yo no me quedaba con la duda. Su padre es africano, no me dijo de que país, pero africano; su madre, eslovaca. ¡Qué mezclas se encuentra uno en estos países tan pequeños, Virgen de Regla! Él vivía en Brno, porque tocaba no sé que instrumento, que llevaba consigo, en una banda de jazz; y a las 6 de la tarde tenía ensayo, al que llegaría tarde porque ya eran más de las 5.
“¿Haces mucho auto stop?” le pregunté. “Pues de vez en cuando, porque es más cómodo y más barato”. “Más barato sí, sobre todo para ti” le repliqué yo. Él no se dio por aludido, temiendo supongo que pretendiera cobrarle algo. Nada más lejos de mi intención, por supuesto; él no sabía que como a un clavo ardiendo, me había agarrado a aquella compañía en esa oscura noche. La conversación continuó, no recuerdo bien por qué derroteros y exactamente sobre qué, pero sí es seguro que insustancial. El autoestopista me dijo en varias ocasiones que estaba muy cansado, porque la noche antes había estado tocando en Bratislava en un club, y que apenas había dormido; y que le entraba mucho sueño cuando se montaba en un coche, suponía él de lo cansado que estaba. “Bueno, el coche está calentito y es cómodo” comenté yo (siempre es buen momento para alabar las cualidades del Fabia).
Después de un ratillo de silencio, yo concentrado en que ninguno de los camiones acabara conmigo y con aquella compañía provisional, le dije que ya estábamos llegando a la frontera, pero no hubo respuesta. Comenté algo más y al no obtener respuesta de nuevo, me di cuenta de que estaba dormido. ¿Para esto me arriesgué a recoger a alguien en una gasolinera? Yo esperando que me diera conversación y compañía, que me distrajera y me relajara, y que en su caso me ayudara si la policía me paraba. Pues no, el muchacho se echó su buena siesta…¡hasta Brno! Así que a fin de cuentas, hice casi todo el camino solo, con un negro durmiente a mi lado.

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7 respuestas a Un clavo ardiendo

  1. Anónimo dijo:

    Estás loco, chiquillo. ¿No le preguntaste al menos en que club de jazz tocaba? Así ampliamos la ruta cultural y nocturna de Brno y alrededores. JEJEJEJE,

    Por cierto, cada vez escribes mejor. Así que no te “releas”, o acabaré teniendo celos, por miedo a que me sustituyas.

    POCOYO

    • Ni está, ni se le espera dijo:

      Sí, sí le pregunté, pero no me acuerdo. Ya sabes los nombres que tienen los sitios en esta lengua cruel.

  2. zeltia dijo:

    Bueno lo del “negro durmiendo a mi lado” me suena bien. por lo menos a mi.
    🙂

    De verdad que me asustaría bastante conducir en esas condiciones! (ya de noche no me gusta ni en verano!)

    • Ni está, ni se le espera dijo:

      Las condiciones no eran tan malas, lo que pasa es que soy muy exagerado, siempre lo he sido. Nevaba en Bratislava, pero nada más.
      Pues a estas alturas, es la primera vez que un negro duerme a mi lado jejejeje

  3. zeltia dijo:

    Un recadito, (con permiso):
    Pocoyo: espero que te lo hayas pasado muy bien

  4. Anónimo dijo:

    Hola Zeltia. Muchas gracias mujer. Si que lo pasé bien si. Ni está … es un magnífico … anfitrión (seremos correctos) jejjejejej. Un beso.

    Pocoyo.

  5. Wunderkammer dijo:

    Querido amigo, tengo un porrón de entradas tuyas pendientes de leer… ahora no puedo porque estoy medio cocinando medio blogueando pero quería desearte un año muy feliz y te prometo que en este largo fin de semana de sofá me pienso poner al día con tus aventuras en Brno. Besicos desde WK.

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