Pastillas de freno

Muchos se preguntarán, cómo sin hablar este idioma cruel, me apaño con todas esas cosas que hay que hacer en la vida diaria y sabiendo, como todos saben, lo poco comunicativos que son los habitantes de esta república. Pues me apaño, de una forma o de otra; y a veces, uno encuentra gente dispuesta a comunicarse; las menos veces, pero las encuentra.
El Fabia también tiene que pasar sus revisiones médicas de vez en cuando, a pesar de que es joven, para que pueda seguir correteando por esta república con toda tranquilidad y sin sobresaltos. Si soy sincero y admito mi culpa, ya hace mucho tiempo que tenía que haber ido al médico, mucho antes de que llegara el crudo invierno; pero como sin zapatos de invierno el pobre no puede ir a ningún sitio, entre una cosa y otra fue pasando el tiempo y llegó la primavera y el buen tiempo. Así que aprovechando que PocoYo iba a venir, y por tanto como poco le tocaba viaje a Bratislava, fui en busca de un médico para él. Antes lo llevaba a otro sitio, porque fue el único que encontré en el que alguien hablara inglés, aunque para ser sinceros mi vocabulario en inglés sobre mecánica es más bien escaso y, además, para que te digan el día que lo puedes llevar y cuánto cuesta no hacen falta muchos idiomas. El caso es que no estaba muy contento con ellos, me parecían caros y un poco facinerosos por muy pijos que parecieran (también es concesionario de Porsche). Me acordé de la primera consulta a la que lo llevé, allá por los tiempos en que algún desalmado dejó indocumentado al pobre Fabia y a mí con un gran disgusto y rodeado de muchos policías. Para mi alegría, el responsable de taller sabía cuatro palabras en inglés, suficientes para comunicarnos, y sobre todo voluntad de hacerlo. Así que acordamos que lo llevara al día siguiente, y lo revisarían en el mismo momento. Lleno de alegría por encontrar tanta facilidad y tanta amabilidad en esta república, me marché, volví al día siguiente a las 7 de la mañana (horarios extremos, lo sé) y dejé al Fabia en sus manos.
Cuando llegué al día siguiente, me dirigí a recepción y la señora (que no joven) me indicó la zona de los mecánicos. Allá me dirigí, más dispuesto que nada, y esperé a que el único mecánico que allí estaba se quedara libre. Me presenté, educadamente, y el pobre puso cara rara. Me hizo esperar un ratillo, y avisó a otro mecánico. De lo que habló con él, porque él seguía sentado frente a mí y el otro estaba algo retirado, sólo entendí “cizinec” que significa “extranjero”. A fuerza de golpes, voy entendiendo algunas palabras; pero no porque yo quiera. Al parecer, este segundo mecánico era más valiente que el joven y me atendió. Como decía antes, no hacen falta muchos idiomas para decir que le hagan la revisión al Fabia, cuánto cuesta y cuándo estará listo. Que volviera a las 3, me dijo; con lo cual me marché con mi presupuesto debajo del brazo.
A esa hora volví, después de haber estado en la piscina, y busqué al mismo señor valiente. Ya tenía el coche listo y empezó a preparar el parte de revisión y a rellenar, sellar y firmar el cuadernillo de las revisiones, que como está en español el pobre hombre se buscó uno en checo para fijarse dónde tenía que escribir cada cosa; y así mirando primero el checo, rellenó el cuadernillo español. Pero, claro, me tenía que decir lo que le habían hecho y lo que necesitaba hacerse en un futuro cercano. Resultó además de un mecánico valiente, un mecánico con recursos. Abrió en un plis-plas la página del buscador local (seznam.cz) y seleccionó el traductor. No es gúgel, pero hace el mismo apaño. Lo malo es que puso la traducción del checo al inglés, y yo desde luego, tengo un reducido vocabulario de mecánica en el idioma de la Pérfida Albión. ¿Alguien sabe cómo se dice amortiguador, o el nombre de las escobillas del limpiaparabrisas? Yo desde luego, no. Así que le pedí que lo pusiera en español. Total, que antes de 10.000 km tenía que cambiarle las pastillas de freno y un amortiguador. De las pastillas de freno no me podía escaquear, pero el amortiguador podía esperar. En el otro sitio, me hubieran hecho cambiárselo ya, o lo hubieran hecho directamente sin consultarme.
“Es que tú y yo no somos como los demás. No encojemos de hombros, apretamos los dientes y los puños… y a aguantar lo que venga; sin pastillas ni nada” me dijo BridgetJones, porque se había enterado de que un ex-amante suyo había estado tomando antidepresivos bastante fuertes. “¿No le puedes pedir unas cuantas para mí? Me vendrían bien unas pastillas de freno”.

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