En su salsa

“¿No tienes más música? Estoy ya… de Maldita Nerea” “Sí, busca en la guantera o pon la radio” “Voy a poner la radio” dijo él. “Ayer, cuando íbamos en el taxi del aeropuerto al hotel, el taxista llevaba puesta la radio, y sólo escuchamos canciones americanas en checo ¿esta gente sólo sabe versionar canciones, no crean nada?” Es que estaban poniendo en la radio “Pretty woman” en checo. La verdad es que eso también pasa en España, pero no nos damos tanta cuenta. Uno espera, al estar en un país extranjero, que la música sea nacional, y llama la atención reconocer la canción y que esté cantada en el idioma local. Aunque aquí también se une el nacionalismo exacerbado heredado de la oscura etapa socialista, eso es cierto. Pero, vamos, que eso ocurre en todos sitios.
Me había dejado un mensaje en feisbuc, diciendo que estaría en Praga desde el sábado hasta el martes, en visita relámpago e imprevista ¿podríamos vernos? Bueno, yo lo tenía algo complicado, porque trabajaba hasta el lunes (incluido), pero que podíamos quedar para el martes. Hubo un repentino cambio de planes. El nuevo plan, pergeñado a través de mensajes en feisbuc (para que luego digan que no vale para nada), consistía en vernos el lunes, conocer “Praga la nuit” y el martes ir a Karlovy Vary, de visita turística. Así que ni corto ni perezoso, el Fabia (que estos imprevistos son de su total agrado) tiró camino de Praga.
Conocimos “Praga la nuit” que dicho sea de paso, como yo tampoco conocía, fue un descubrimiento para los dos. A pesar de que yo estaba muerto, él no tanto pero también después del día entero en Cesky Krumlov, nos pusimos al día de nuestras vidas de emigrantes, que todo el mundo sabe que es muy dura. Debo reconocer que Praga por la noche está espectacular, mucho más que por el día. No porque sus garitos estén animados y frecuentados por parroquianos variopintos, sino por la estupenda iluminación de sus edificios. Praga es Praga.
“Tu amigo duerme como un lirón” dijo su madre al día siguiente. Pues sí, caí en la cama como un peso muerto, y hasta el otro día. Tengo facilidad para eso, pero además es que estaba reventado. Ahora tocaba coger el coche y tirar rumbo Karlovy Vary. A pesar de que dicen que Bohemia es más bonita que Moravia, yo creo que los paisajes son mucho más espectaculares aquí, aunque a Bohemia tampoco le faltan sus bosques y sus lagos, todo sea dicho. Por el camino hice un descubrimiento, y resolví uno de los misterios que me pesaban en el alma: he visto los campos de amapolas. Amapolas para extraer sus semillas y utilizarla en repostería (como en la receta de “Comidas de aquí”) o no repostería. Yo imaginaba que las cultivaban, porque tal cantidad de semillas no podía provenir de amapolas silvestres. Cabía la posibilidad de que fueran importadas. El caso es que en mis correrías por Moravia Meridional y alrededores nunca he visto campos en los que se cultivara. Pero ahora se extendían ante mí inmensos campos cubiertos por un manto entre blanco y morado. No, no son rojas. Pero igual de impresionante. Así, entre campos blancos, alguno amarillo de colza rezagado y bosques verdes llegamos a Karlovy Vary. Por supuesto, al centro llegamos del tirón, y eso que no se veía iglesia que sirviera de referente.
“Este guía no es muy bueno” dijo la madre mientras contemplábamos el géiser que hay justo en el recodo del río, esperando que yo le diera alguna explicación. La verdad es que hasta el momento, yo no les había explicado nada de lo que habíamos visto y por donde habíamos pasado. Pero es que no es mi zona, y a pesar de que ya estuve allí en mi viaje a esta república como turista, apenas si recuerdo nada. “Es que aún no se ha sacado el título” dijo él. “Estoy de prácticas, y como siga así, creo que no me lo saco”. Karlovy Vary, como corresponde a estas fechas del año, estaba lleno de españoles, unos por su cuenta y riesgo, y otros en grupos dirigidos por un guía con su banderita española en el paraguas. Ni qué decir tiene, que la ciudad bien merece una visita; no está excesivamente lejos de Praga y las comunicaciones son buenas y fluidas. Como la mayoría de la gente sabrá, es una ciudad balneario, construida en las riberas del río que la atraviesa e inundada de manantiales convertidos en fuentes de aguas medicinales que hay que tener mucha fe para beber porque está malísima. Eso sí, la gente con mucha voluntad va de una a otra, llenando su jarrita característica y dando sorbos a la vez que pasea. Hay fuentes espectaculares, donde la fuente no es lo importante, sino la construcción de piedra o madera en la que se enmarca. Supongo que esos elegantes espacios servirían para que los visitantes de tiempos pasados socializaran, hablaran de sus dolencias y cerraran negocios y matrimonios.
No teníamos mucho tiempo porque a las 5 había que estar en el aeropuerto, que menos mal que está precisamente en dirección Karlovy Vary con lo que no había que atravesar Praga ni rodearla. Así que allí los dejé y el Fabia y yo cogimos el camino de vuelta a Brno. Eso sí, el Fabia estaba en su salsa, con tanto ajetreo y tan cerca de su lugar de nacimiento. ¡Y yo ahora necesito dos semanas para recuperarme!

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Una respuesta a En su salsa

  1. mianmase dijo:

    He de reconocer que conozco más esa república por ti, por tus entradas, por tus vivencias, que por mis visitas, que aunque intensas, no dieron para conocer tantos sitios como me hubiera gustado descubrir contigo. Aún y así, disfruto como un enano leyéndote e imaginando esos campos y paisajes, o reproduciendo en mi mente esos diálogos llenos de ingenio.

    Te echo de menos. Un beso

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