En la iglesia, a la izquierda

“¿Puedes conducir mejor? Me estoy arreglando las uñas” “Pues termina pronto porque con el olor de la laca de uñas y las ventanas cerradas, vamos a coger un colocón” Al final dejó las uñas para otro momento, así que llevaba unas listas y otras a medias. Me temo que las que terminó debería rehacerlas cuando llegara a casa.
Ibamos a Rajhrad, segunda estación de la peregrinación Santini. Pero nos falló el GPS. O el olor de la pintura de uñas nos despistó. El caso es que esperábamos ver en la autovía alguna salida, de hecho a mí me sonaba algo. Es una autovía que tengo muy trotada, es la que va a Bratislava. Pero nada, por más que avanzábamos, ni rastro de una señal de monasterio importante o salida para el pueblo. Así que, ya concienciados de que nos habíamos pasado, salimos en la siguiente salida que vimos, y que iba a Hustopeče, con la intención de preguntar en alguna gasolinera. Pero nos plantamos en el centro, sin comerlo ni beberlo. “Uy, mira la i” La plaza del pueblo es muy bonita, despejada, con un edificio que debe ser el ayuntamiento con su torre puntiagua, una iglesia super-moderna, y unas frondosas gitanillas colgadas de las farolas. Por cierto, en la plaza hay wi-fi gratis, pero como ninguno de los que íbamos tiene oráculo, no nos sirvió para mucho. La puerta de información estaba cerrada, pero yo la abrí y entré. BridgetJones y Maruska se habían entretenido en la plaza. “Ahoj, ¿hablas inglés?” “No, no hablo inglés” “Bueno, Rajhrad go, car” dije yo, dibujando un recorrido imaginario con el dedo sobre el mostrador. “Map? Map?” “Ano, map” dije dándome por vencido. Abro el mapa que me dio… y Rajhrad no estaba. “Brno here” dijo el muchacho señalando fuera del mapa. “Ok, diky, na shle”. “¿Dónde te habías metido?” dijo BridgetJones saliendo de una escalera semioculta del interior del edificio. “Pues en la oficina de turismo” “Pero si está cerrada. Mira de lunes a viernes de 9 a 5” dijo ella señalando el cartel. “Ah, pues yo he abierto la puerta y he entrado. Nadie me ha dicho nada. Tengo un mapa” que no valía de mucho porque Rajhrad no venía, pero un mapa al fin y al cabo, y hacía que nos sintiéramos más seguros.
“La gente se quedará muerta cuando vea aparecer un Fabia naranja con matrícula de España, y que se baja una eslovaca loca” dijo ella después de preguntarle a unos señores que estaban bebiendo cerveza. Esto era en otro pueblo, porque habíamos decidido volver sobre nuestros pasos. “Dice que cuando lleguemos a la iglesia, cojamos a la izquierda que hay una curva grande”. Eso hicimos, pero el pueblo al que se suponía que teníamos que llegar no aparecía. Así que de nuevo el Fabia naranja se detuvo en otro pueblo, y la eslovaca se bajó a preguntar. “En la iglesia, tenemos que coger a la izquierda” “¿Otra vez?” dije yo. Y nos pusimos en marcha de nuevo. No hice mucho caso de esta indicación porque la calle a la izquierda de la iglesia era una calle, no una carretera, y parecía que no llevaba a ningún sitio. Pero me equivocaba, porque nos paramos en una gasolinera, viendo que para Brno sólo quedaban 10 km. La chica nos dijo que volviéramos sobre nuestros pasos, y en la misma iglesia, ahora, evidentemente, a la derecha. Cumplí con las indicaciones, y cogí por aquella calle que parecía no llevar a ningún sitio. Pero sí, llevaba. Terminaron las casas, y el pueblo, y empezaron los campos de girasoles, frondosos y amarillos. Interminables campos de girasoles, ondulados por las suaves lomas. Y así, entre girasoles y maiz, llegamos a Rajhrad.
Es un monasterio benedictino, con una iglesia proyectada por Santini. Tanto la iglesia como el monasterio están bastante deteriorados, aunque aún así se aprecia su pasado esplendor. Aunque en la iglesia aún se celebran oficios religiosos (había una boda cuando llegamos), el convento está deshabitado. Pertenece a una fundación, con el apropiado nombre de “ora et labora”, encargada de la gestión del patrimonio monacal y su restauración. Al parecer, porque no lo visitamos, lo más interesante del monasterio es su biblioteca. Según pude entender, el proyecto de restauración pretende establecer allí la biblioteca histórica de la República Checa. Pero parece que la restauración va lenta, principalmente por la escasez de fondos.
“C´est baroque” le dijo un francés entrado en años a la niña que iba con él. Aparte de nosotros, era el único guiri en los alrededores. Algo que no entiendo, porque la visita merece la pena. La iglesia es de una sola nave, profusamente decorada con frescos y esculturas. Y sus bancos con cojines, claro. Impresiona menos que Křtiny, a lo mejor porque ésta fue la primera que visitamos, o porque esta basílica no está dedicada a la Virgen María, sino a San Pedro y San Pablo y la devoción mariana arrastra más fieles… y más riqueza.

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2 respuestas a En la iglesia, a la izquierda

  1. mianmase dijo:

    Deberias hacer una guia de viaje de esa republica. O al menos de Brno y alrededores. Me encanta la entrada, y el comienzo es genial, almodovariano. Aunque ya tu estilo se impone así que habrá que buscarle un nombre. Necesitas un oráculo con maps. Aunque el resto del aparato no te interese ni lo uses … El maps te va a encantar. JEJEJEJJ

    Un beso.

    • Ni está, ni se le espera dijo:

      No, lo que en realidad necesito es que BridgetJones no se arregle las uñas en el coche, porque el olor de la pintura me nubla las entendederas… ¡y coarta mi estilo de conducción! que, dicho sea de paso, y tú lo sabes, no es deportivo sino más bien cercano al de la tercera edad.

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