En corto

Las fotos no tienen mucho que ver con el contenido de la entrada, más allá de la época del año. El domingo, que hizo un día soleado, no quise perder la oportunidad de disfrutar de los últimos días de otoño, antes de que todo esté cubierto de nieve. Y así estaba: ¡espectacular!

Estamos ya a mediados de noviembre, y el invierno llamando a la puerta. Se nota en que empiezan las actividades invernales, hay más ópera, ballets y actos culturales varios. Ha llegado también el momento de Mezipatra, el festival gay de esta república. Eso quiere decir que hace ya 4 ediciones de aquella entrevista en la cola del cine ¡cómo pasa el tiempo!
“¿Qué voy a hacer yo sin ti?” Le dije a PeluqueroClandestino cuando, hace meses, me anunció su marcha de esta república. “Pues te compras una maquinilla”. Y yo, que a veces soy muy obediente, eso hice. Me planté con BridgetJones en una tienda a comprar una, y convencerla de que se iniciara en el lucrativo mundo de la peluquería. Bueno, convencerla no; en realidad no le di oportunidad para negarse. De nuestra iniciación en los secretos del corte de pelo con máquina hace tiempo, y ya me iba haciendo falta un repasito. Con este trajín que me tiene de carné de conducir, es casi imposible quedar con ella para estos menesteres, por lo que me decidí a hacerlo yo mismo. Como una bombilla, como una reluciente bombilla he quedado. ¡Menos mal que ya llevo gorro casi siempre! Me equivoqué de medida, y, claro, tuve que seguir hasta el final. P´alante, siempre p´alante. “Esperaré a que te crezca el pelo” me dijo Segismundo el sábado por la noche, cuando ya su cara pasó a una expresión normal. Allí había gente de todo tipo, como suele suceder en este tipo de actos. Maduros que les tocó vivir tiempos peores, jóvenes activistas y bambis que se creen que la vida es un carnaval… y una chica de Zaragoza llena de tatuajes que después de tres meses ya está harta de Brno. Allí fui yo con Tracio, que aún no conoce mi capacidad para la vida disipada y disoluta. El viernes terminamos desayunando en un vietnamita de la estación (un filete de pechuga empanado con patatas fritas… aquí ya sabéis que no conocen las tostadas, y los churros sólo un par de veces al año), y contra todo pronóstico seguimos vivos. Como digo, él aún no sabe que hay que amarrarme en corto, porque por la tarde me dijo que fuéramos a la fiesta de Mezipatra, pero pensando en su fuero interno que le iba a decir que no, con la excusa de que estaba muy cansado. Pero no, me faltó tiempo para decirle cuándo y dónde. Era en un local al que yo no he ido nunca, a pesar de estar en el mismo edificio que la Alliance Française. La verdad que está muy bien, y animado, aunque imagino que sería porque para la ocasión contrataron a un par de pinchadiscos (qué palabra tan pasada de moda, pero me gusta) completamente desconocidos para mí. La entrada, tras dejar atrás el sempiterno guardarropa, es una cafetería por la que se accede a la planta superior, en la que hay una especie de disco-pub, y al sótano que es más discoteca. “No me gusta coger el tranvía porque coincido con la gente que va a trabajar” dijo Tracio en la estación “y me da cosa”.
En mi descargo diré que hay un par de actos culturales programados: unas jornadas búlgaras y un ballet. Lo segundo es cosa de BridgetJones que sí sabe que hay que amarrarme en corto.

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