En cirílico

No llevaba la cámara. Lo sé, no tengo perdón de Dios. Así que habrá que conformarse con San Gúgel

Ha llegado el tiempo en que las gafas se empañan al entrar en cualquier sitio, en que la nariz y las mejillas (únicas partes descubiertas) están como témpanos. Y ha llegado también la época de la cultura, que no todo es vida disipada y disoluta; aunque no es incompatible una cosa con la otra, la verdad. Una prueba de ello es la fiesta búlgara del sábado, a la que yo fui, faltaría más.
Quedamos en Ceska, 7 búlgaros y yo. Sólo una de ellos sabía decía saber dónde era el acontecimiento, así que nos pusimos en sus manos y la seguimos ciegamente. Y tenía razón, sabía donde era.
No era propiamente una fiesta, sino que con la excusa de la conmemoración del décimo aniversario de una asociación, había una muestra de la cultura búlgara representada por sus bailes populares… y su comida. No me esperaba que los ritmos búlgaros fueran tan movidos, y tan alegres, y sus bailes otro tanto. Uno, que sólo conocía “El misterio de las voces búlgaras” se pensaba que toda su música era así. Pero no, nada de eso. Lo mejor de todo, es que los bailarines eran aficionados, aunque alguno de ellos se sentía esa noche como una verdadera estrella. Lo mejor porque se les notaba que disfrutaban, que se lo estaban pasando en grande. Y también lo mejor porque los diferentes grupos estaban compuestos por gente de diferente edad y condición. Y cuando digo diferente edad, quiero decir diferente edad. Los bailes regionales no son cosa sólo de jóvenes, como bien sabe la Duquesa de Alba.
Y el público disfrutaba, cantaba y tocaba las palmas. Y aplaudía como “fanes” enloquecidos. Yo, pues disfruté en mi ignorancia, porque Tracio no estaba muy por la labor de hacer de traductor, ni tampoco el resto de búlgaros con los que íbamos. La proyección que ponían antes de cada actuación eran, obviamente, en búlgaro hablado y escrito… obviamente también en caracteres cirílicos. Había dos presentadoras, una en búlgaro y otra en checo, que tampoco me fueron de mucha ayuda. Pero yo disfruté. A lo mejor ayudó la botella de vino tinto, búlgaro, que nos tomamos. ¡Qué voy a decir de los traje típicos! Tanto de ellas como de ellos. También se notaba que eran aficionados en que no todos los vestidos eran exactamente iguales; la enaguas tenían diferentes terminaciones, supongo que según la tela que cada una pudo encontrar. Lo mismo pasaba con los delantales. En ellos las diferencias se notaban menos, pero también las había.
Tras las actuaciones llegó el momento del baile y de la comida. Un grupo, bueno en realidad dos músicos, empezaron a tocar sus canciones y la gente empezó a bailar. Uno, que ya se va acostumbrando a los checos, se sorprendió de ver a la parroquia bailar y cantar. ¡Qué alegría de comida! Por el nombre de los platos que nadie me pregunte, porque aunque estaba escrito debajo de cada fuente, estaba, obviamente, en cirílico. Tracio me ayudó en eso, algo que se agradece, pero no recuerdo ninguno de los nombres. Hojas de col rellenas de arroz y carne, musaka, algo que parecían berenjenas empanadas pero que yo no encontré las berenjenas por ningún lado (pero estaba buenísimo), unas albóndigas estupendísimas… y un dulce que recordaba mucho a la repostería árabe: una masa rellena de frutos secos y miel. Tracio, que aún no me conoce, me retó a que hiciera alguna de aquellas comidas. ¡No sabe quién soy yo!
Pensé que aquello sería como las jornadas que organiza, por ejemplo, la “Casa de Andalucía en Hamburgo” por poner una, pero en cirílico. Y yo me sentía como un alemán al que hubieran invitado sin tener ni idea de cómo es España. Porque casi el único guiri allí era yo. Me quedé con las ganas de aprender alguno de los bailes, porque ni Tracio ni el resto sabía bailarlos. ¡Una pena porque nos hubiéramos reído mucho!

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2 respuestas a En cirílico

  1. Tu hermano dijo:

    Pues yo tengo un libro de recetas búlgaro (en inglés, claro) y también tenía un bote con especias de ellos, que son una maravillaba (ese creo que murió). ¿No tenían allí estofado? Pues no veas lo que te perdiste. ¿Y el vino? porque el que yo bebí allí tenía poco que envidiar a más de un rioja (y si te digo burdeos, ni por asomo).
    Por cierto, yo SÍ bailé un par de danzas con aficionados, je, je.

    • Ni está, ni se le espera dijo:

      Pues no había guisoteos en la fiesta. Sí había alguna sopa, que ya sabes que esta gente de por aquí una sopa les gusta mucho; pero lo que se dice guisoteo no había.
      Ahora cuando vaya tendré que echarle un vistazo al libro, a ver qué tiene de interesante.

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