Por una esquina asoma


Hay un momento en un pareja que se la juegan, que ponen a prueba la solidez y fortaleza de los lazos que las unen: ¡una mudanza!
“No sabía si decírtelo, anoche pensé en mandarte un mensaje pero temía que no aparecieras” dijo BridgetJones parada en la puerta mientras yo esperaba en la verja a que me abriera. En medio, el jardín. “¿Qué pasa?” dije yo. “Nada, ya lo verás”. Es que BridgetJones se ha mudado, y claro, no la iba a dejar sola en semejante trance. Y mucho menos iba a permitir que hiciera la mudanza en tranvía, teniendo como todo el mundo sabe, un discretísimo Fabia naranja.
Tenía razón. Todo aquello no cabía en un viaje de Fabia, que es lo que teníamos planeado. “Tengo muy pocas cosas, y algunas me las he llevado ya” “Pero hasta que uno no empieza a recoger, no sabe en realidad cuanto hay que mudar” Así fue: la habitación estaba llena de cajas, bolsas y maletas de todos los tamaños y colores; una exclusiva para los zapatos, con lo que supuse que pesaría poco. Y la bicicleta desmontada. No, no se la había llevado dando un paseo como en mi fuero interno yo pensaba; seguía allí.
“He dejado la cafetera fuera, por hacerte un poco de chantaje” “Virgen de Regla Santísima! ¿Todo esto de la cocina es tuyo también?” dije yo, con los ojos tan salidos de las órbitas que descansaban en las sillas de teka del vecino. Ella me ignoró.
“A todo esto ¿tú sabes llegar a tu piso nuevo en coche?” preguntó, ingenuamente, un servidor. “¿Yo? Pues, cuando se cruza el río después de Mendlovo náměstí, to palante” fue lo que obtuve por esclarecedora respuesta. “Ah, bueno” respondí yo, sabiamente.
Tres, fueron tres viajes. De punta a punta de la ciudad, atravesando el centro. Como gitanos. En el segundo viaje, parados en un semáforo, un señor nos miraba con asombro, extrañeza e incredulidad. “Pues no ha visto el primer viaje” le dije a BridgetJones “si no, llama a la policía”.
“No te asustes, hay ascensor” dijo cuando vio mi cara buscando la puerta del susodicho. Es que es uno de esos bloques en los que el ascensor va de entreplanta a entreplanta, con lo que hay que subir o bajar un tramo de escalera para llegar al piso. Si no llega a haber ascensor, creo que la dejo allí tirada con todas las cosas, no estaba dispuesto a subirlo todo a un cuarto… ¡por las escaleras! “Creo que hemos aparcado en un reservado para minusválidos” dije yo, que estaba cotilleando por la ventana del rellano. Efectivamente, así era, por lo que las dos veces siguientes aparcamos en la acera, como debe ser. “¡El hamster, que no se te olvide el hamster!” fue su último grito de guerra. El porte de clausura no tenía desperdicio: la bicicleta desmontada, una par de macetas que nos daban en el cogote, algunos tubos y artículos varios que no sé qué eran… ¡y el hamster! “Pues menos mal que no hay nieve” comenté yo.
Todo este trajín fue un sábado porque a ver quién se atreve con una mudanza un día laborable. Bueno, nosotros nos hubiéramos atrevido, que somos unos inconscientes. El caso es que ya hacía meses que teníamos compradas entradas para el ballet. Giselle. Así que el sábado fue bastante completito. A mí ya me parece normal que empiece a las 7 de la tarde, pero he de reconocer que es una hora un poco temprana: no da tiempo a tomarse una cervecita antes. No era en el teatro de siempre (Janáčkovo), sino en el Mahenovo. Está clarísimo. El primero es el teatro comunista, muy funcional y moderno él, con escenario móvil y todos los adelantos que en su época había. El segundo es un teatro burgués, construido cuando aquí existía una floreciente burguesía textil. Es un teatro coqueto, profusamente decorado con pinturas murales, espejos, escaleras y mármoles. Tiene la peculiaridad ya comentada en este insigne blog, de que fue el primer teatro europeo donde se instaló luz eléctrica; acontecimiento para el cual acudió hasta el mismísimo Thomas Alva Edison. Por esa razón, tras la remodelación reciente de la plaza, pusieron allí la escultura de las bombillas. Yo me imagino que este teatro será algo parecido al Gran Teatro Falla de Cádiz (no he estado nunca): pequeñito pero con todas sus cosas. No le faltan sus palcos, su platea y su gallinero, y la atmósfera de elegancia.
“Pues me han dicho que el ballet de Brno no es muy bueno” me dijo Tracio cuando le comenté que tenía un fin de semana complicado. “Yo no entiendo, pero las veces que lo he visto me ha gustado”. Y esa vez no iba a ser menos, aunque el montaje escenográfico es más clásico que los montajes en Janáčkovo. La bailarina principal era japonesa (o por lo menos oriental) y los dos bailares que se disputan el amor de Giselle, producto nacional. “Vaya, cuantos fans tiene” dijo BridgetJones cuando al final no dejaban de aplaudirlo. “Claro, con esas piernas no me extraña” dije yo; la cabra siempre tira al monte.
Por supuesto, las costumbres son las costumbres. Como dije antes, no había nieve que dificultara la mudanza por la mañana y seguía sin haberla, pero la gente llevaba los zapatos de gala en una bolsa para cambiárselos dentro. Y muchos niños, adolescentes y jóvenes. Aunque a nosotros, los no criados en estas cosas, nos parece algo sofisticado y refinado, se respira un aire de normalidad, de cotidianeidad. No como el ambiente que hay al entrar en un cine, pero casi.
La verdad es que este invierno ha sido más de vida disipada y disoluta que de vida cultural. De hecho, este ballet ha sido el único acto cultural al que hemos ido. Cierto es que la crisis también ha llegado al Ayuntamiento de Brno, y este año hay menos actos. Pero no es excusa. Más aún cuando no ha sido un invierno especialmente duro, salvo aquella semana que nos invadió como al resto de Europa las gélidas hordas siberianas, y a mediodía estábamos a -15º. Pero eso ya pasó, el río y los estanques ya no son para caminar sobre ellos ni jugar al hockey. Parece que la primavera por una esquina asoma.

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2 respuestas a Por una esquina asoma

  1. Miguel dijo:

    Maginifica entrada. Al final tendrás razón : mis gitanillas están peor que las tuyas. Un beso

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