A mí me ha salido un blog

Esta foto no está tomada en Brno, sino hace un par de años en Granada. No sé si la señora será checa o de dónde, pero lo que sí es cierto, es que aquí no faltan.


Se inicia una nueva temporada. Ha llegado el verano. Los días infinitos ya están aquí. El sol aparece más que de costumbre, aunque a veces se dice a sí mismo que ya está bien, que va siendo hora de descansar un poquito y empieza a llover. Pero claro, para que todo esté verde… ¡tiene que llover! Este es un buen sitio para poner campos de golf no Almería ni Murcia. Y con el verano llegan las promesas de visita al amigo, hermano o primo emigrante. Promesas que apenas se han cumplido, quitando las visitas familiares, algún que otro amigo de rebote y las de PocoYo, pero éstas últimas no cuentan. Así que el proyecto de “pensión NiEstá” ha quedado en eso, en proyecto. El caso es que el día 18 de julio, fecha señalada que espero no con las mismas consecuencias que aquella ya remota, tengo una programada. Tiene los billetes comprados y yo las vacaciones pedidas, con lo cual debo darla por cierta.
Uno siempre se pregunta cuando viaja al extranjero por costumbres del lugar, la moneda, el precio de algunas cosas. Si es posible se habla del asunto con alguien que ya haya estado allí, o se confía a pies juntillas lo que diga la guía de viajes. En realidad, da un poco igual, porque una semana o diez días se llevan bien sea como sea. Pero yo siempre le digo al que quiera escuchar (que son más bien pocos por no decir ninguno, pero yo lo digo) que lo mejor es abrir la mente. Asombrarse pero no asustarse. Asombrarse de encontrar la mayor concentración de sandalias con calcetines del mundo mundial; no asustarse de encontrar siempre siempre siempre de guarnición pepino; asombrarse y no asustarse de ver a las 8 de la mañana a obreros en un bar bebiendo cerveza, y no porque sigan la noche anterior; no asustarse de que los perros estén mejor tratados que las personas humanas o inhumanas; asombrarse y no indignarse de que haya que pagar por mear (“uich, que antiguo está eso” dijo mi madre. 5 coronas, pero hay que pagar); asombrarse de que las aceras sean de hormigón o que acaben sin previo aviso o de que la haya sólo en un lado de la calle; asombrarse y no indignarse porque el camarero te trate… bueno, te maltrate; no asustarse de que el idioma parezca creado por el mismísimo Torquemada como una tortura más. Porque todo esto tiene un lado simpático, amable, gracioso. Seguro que podemos sacar algo, incluso divertirnos. A mí me ha salido un blog.

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