¿Cómo no me voy a enamorar?

Cuando volví la cara, lo vi. “¡Virgen de Regla!” me dije a mí mismo porque no había nadie a quien decírselo. Hoy domingo por la mañana he ido a dar un paseo matutino a Bilá Hora. “¿Dónde está eso?” me preguntó la semana pasada Stradivarius. “Pues justo detrás de mi casa” contesté. “Es un sitio poco conocido pero desde el que hay unas vistas espectaculares de Brno; el sitio en sí también merece la pena” continué de un tirón. “Ah, pues tienes que llevarme y enseñarme otros sitios de Brno y alrededores” dijo él. “Hecho, vente un día a comer a mi casa y luego nos damos un paseo por Bilá Hora” repliqué yo tratando de cerrar la cita. Entre todas las equivocaciones de mi vida, que han sido muchas, una es la profesión. Tenía que haberme dedicado al turismo: no creo que nadie sea capaz de enseñar Moravia Meridional con tanta pasión como yo. Pero bueno, eso es otro tema.
Como decía, esta mañana fui a dar un paseo por Bilá Hora. Ayer hizo un día espectacular de otoño, soleado y luminoso. Hoy también: con niebla y por tanto, gris. “Nunca he visto Bilá Hora así” me dije. Así que cogí cámara, gorro y un paquete de klinex para la gota que ya ha hecho acto de presencia, y allá que me fui. El cambio desde el verano, cuando subí la última vez, es impresionante. El camino está lleno de las hojas amarillas que los árboles van perdiendo, y el verde que va quedando es el de los pinos. Ni un alma, y eso que no era tan temprano. Mejor, así se disfruta mejor la paz de estos parajes.
Para subir arriba del todo cogí el camino que por fin me he aprendido, con lo que uno se ahorra dar toda la vuelta a la colina. Evidentemente, la niebla no permitía ver nada de Brno desde allí arriba, pero con eso ya contaba, así que no me importó mucho. Después de una culaíta allí (uno tiene su edad y subir a la colina cansa un poco), seguí por el camino oficial, el que sube o baja bordeándola. Y cuando volví la cara, para no perderme nada, lo vi. Vi el árbol de la foto. Es grandecito, y está justo en el centro cuando el camino termina y empieza esa especie de explanada-mirador. Allí estaba, con las hojas amarillentas y rodeado de niebla. Impresionante. Pero aquí no termina la cosa, porque yo seguí andurreando por allí, y el bosque parecía sacado de una película de terror; la niebla rodeando los troncos pelados de los árboles, la tenue luz y el suelo lleno de hojas caídas le daba un aire fantasmagórico u onírico si nos ponemos pedantes. Pero aún no habían acabado las sorpresas. Al dar la vuelta a una curva del camino me encontré que todos los árboles allí eran amarillos menos uno, que era de un rojo casi marrón. “¡Virgen de Regla! ¿Cómo no me voy a enamorar de esta república?” pensé para mis adentros.

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2 respuestas a ¿Cómo no me voy a enamorar?

  1. zeltia dijo:

    Sí que pareces el prota de una película de miedo (no porque asustes tú, jaja, si no por el paisaje, tú más bien el asesinado)
    Me alegro de recuperar este blog, que me proporcionó muy buenos ratos.
    Por aquí te veré.
    Saludos desde Galicia.

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