A todo cerdo…

Los domingos soleados escasean por estas fechas y por esta república. Así que hoy, que es domingo y estaba soleado, yo no estaba dispuesto a quedarme en casa marujeando. En realidad había quedado con Minotauro para hacer un poco de guía por los alrededores de Brno, que ya todos conocéis tan bien. Sí, he equivocado mi profesión. Debería haberme dedicado a esa cosa del turismo. Pero al final nada, prefirió darse un viajecito a Olomouc y yo preferí quedarme en mi querida Brno. Bueno, a lo que iba. Domingo soleado por la mañana y yo dándome un paseo por el centro con la intención de buscar algo a lo que hacerle un par de fotos. Pero cuando iba por la calle Masarykova, altura Zelný Trh, veo que la gente está allí parada y que sonidos de tambores vienen del fondo de la plaza. No me hacía falta más para acercarme a cotillear. Al principio no veía nada, sólo oía los tambores. Hasta que al poco me doy cuenta de unas banderas que ondean en movimiento lento pero seguro, descienden por la calle que baja de Petrov. “Uy, ¿qué es esto?” Un señor vestido al estilo de siglos atrás abría una comitiva que se componía de una banda y unos bambis portando las susodichas banderolas. “¿Y esto?” me volví a preguntar. Se dirigían al centro de la plaza, y el señor a caballo casi arrolla conmigo por mi obsesión por sacar una foto y por situarme precisamente por donde él pensaba pasar. Es que yo creía que seguirían hacia Masarykova, pero no. Allí hicieron una paradita, dejaron las banderolas en el suelo, la música sonó y los bambis y no tan bambis de la comitiva empezaron a bailar uno de estos aburridos bailes tradicionales checos. Debían ser canciones populares, porque la gente que como yo estaba por allí, se la sabían y la cantaban a la vez. Mis clases de checo no dan los frutos esperados, y no supe adivinar que cantaban y qué decían.
Su destino final era Náměstí Svobody, de la que no la separaba más de 500 metros. Pero como en cada esquina la comitiva se paraba a hacer el numerito, tardaron una eternidad. Como si de una procesión del Corpus se tratara, la gente caminaba detrás de la orquesta; yo entre ellos, claro. Cantaban y bailaban en cada una de las paradas, y supongo que dirían algún chiste o alguna gracia porque la gente se reía. Yo no, pero disfrutaba como un enano con el espectáculo. Por fin, llegaron a Náměstí Svobody, donde había un par de tranvías esperando que pasáramos, con los pasajeros sentados dentro. Un señor ya esperaba, vistiendo también atuendos tradicionales, subido en el escenario, hablando y diciendo también gracias porque la gente se reía. Debía ser muy gracioso lo que el buen señor decía, porque ya sabemos que estos republicanos son más bien poco dados a mostrar alborozo en público.
¿Y todo este trajín por qué? Os preguntaréis mis queridos amigos. Pues porque es San Martín. A pesar del cartel que hay en la frontera cuando se entra desde Austria, oxidado y medio oculto por la maleza, que dice que “está usted entrando en zona atea, no se olvide de rezar” (o algo parecido porque está en alemán), aquí se celebran las fiestas católicas. Disfrazadas, pero se celebran. Una de ellas es San Martín, y la excusa atea es el vino joven. Y esto es precisamente lo que se celebraba en la plaza, la fiesta de los primeros vinos del año. Es la única vez que en los chiringuitos de Náměstí Svobody sirven el vino en copa de cristal… que hay que pagar, claro (la copa; el vino siempre se ha de pagar).
Dice el refrán español que a todo cerdo le llega su San Martín. Aquí, a pesar de ser muy comedores de cerdo en todas sus formas, hasta donde yo sé no hay una fecha para la matanza. Y San Martín está tan poco relacionado con el cerdo, que la comida típica de esta fecha es el ganso; el animal nacional, dicho sea de paso. En realidad yo había salido por la mañana para ver si encontraba algún cartel donde pusiera SvatoMartinská Husa con lo que ilustrar esta entrada. La pensaba hacer sobre el ganso, pero me ha salido otra cosa. ¡Si es que no tengo arreglo, no voy a cambiar en la vida!

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4 respuestas a A todo cerdo…

  1. Tuonela dijo:

    Mira que bien te salió el plan, qué folclórico… el caso es celebrar. Esa es mi filosofía, cualquier excusa es buena, y yo soy atea convencida, pero celebro todos los santos y santas habidos y por haber 😛

    • Sisisisisi, muy folclórico… y me encanta. Ya me he encontrado allá por dónde he ido festejos parecidos a este. Aunque les falta un poco más de alegría (para nosotros, claro), están divertidos y curiosos. Me imagino que por ahí ya está todo el mundo metido en su casa, sin salir al tranco 🙂

  2. zeltia dijo:

    a mí me pirrian estas cosas.
    y me pareció muy gracioso eso de la excusa pagana para celebrar san martín sin cerdo, con ganso
    si es como aquí, que comemos el cerdo durante tanto tiempo después de San Martín, seguro que tendrás ocasión de hablarnos del ganso

    interesante crónica.

    • Gracias, Zeltia. Voy a ver si busco por ahí un ganso y lo que pongo es la receta en “comidas de aquí”.
      Estoy contigo, las fiestas populares siempre son muy interesantes sea donde sea, y aunque uno no se entere de nada 🙂

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