Un misterio menos

El manojo de llaves

No podía dejar de escribir una nueva entrada que fuera la última del año. No como en la mayoría de los blogs, para desear un muy feliz año nuevo. Bueno, también. Pero no sólo eso. Así que me pongo a escribirla mientras la Thermomix hace su trabajo para deleitar a PanUčitel y otros esta noche.
El año nuevo va a empezar con un misterio más de esta república resuelto. Algunos de los enigmas que me intrigaban cuando llegué aquí se han ido resolviendo, o simplemente me he acostumbrado a convivir con ellos. Adaptarse o morir. Pero aún persistía un misterio que no sólo me intrigaba, sino que también me preocupaba porque podría dificultar mi vida diaria. Pero, después de casi un mes de ausencia de esta república, al llegar me lo he encontrado resuelto: el misterio de la llave.
Agotado, imagino que con muy mala cara y ojeras, saco mis llaves para, con ansias, coger por fin la cama y dormir hasta que me despertara. Cuál no fue mi sorpresa al comprobar que la llave con la arandela naranja como indicativo de que era la del portal, no abría. Vamos, que ni entraba en el bombín de la cerradura. “¡Vaya, han cambiado la cerradura!” pensé. Los fieles seguidores de las andanzas de este pobre emigrante, recordarán que en cuanto me dieron la nueva, la añadí al conjunto de llaves, en previsión de que algún día me hiciera falta… de pronto. Pues ese día llegó. Durante los segundos que se tarda en cambiar de llave, me vi a mí mismo en otra de mis aventuras, como digno colofón a las casi 24 horas de viaje. Me vi tapado hasta los ojos, con aquella cara de cansancio, desesperado, con una maleta naranja y una mochila de portátil, esperando que algún vecino que jamás saluda (pero que obviamente me conoce) entrara o saliera, y colarme como un delincuente. O pensando a quién llamar para que me socorriera en estos duros momentos. No hizo falta, gracias a la intercesión de la Virgen de Regla y a mi previsión. Después de algún que otro intento fallido, debido principalmente a mi estado y a los guantes, la puerta se abrió, y un suspiro de alivio atravesó la bufanda.
Y yo me pregunto, que si la llave nueva nos la entregaron hace ya un par de meses ¿no había otra fecha para cambiar el bombín que estos días tan señalados? Pues parece que no.

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