Nochevieja

Stastnynovyrok

Cena nochevieja

“Pues ya no hay a las 2 y media, ni a las 3 y media” dijo PanUčitel cuando decidí marcharme al mini-piso en busca de una acogedora cama y un sueño reparador que volvieran a hacer de mí una persona humana. Entraba en vigor el nuevo horario y nuevas líneas en el transporte público. Lo que se suele llamar racionalización de la red de transporte urbano y que no consiste en otra cosa que provocar estrés y ansiedad en el ciudadano.
Yo, ingenuo de mí, creía que el nuevo año empezaría limpiamente, después de los misterios pendientes ya resueltos y un dominio de esta república más que suficiente. Pues no. “Aquí empezamos el año de una forma muy bonita: con el himno nacional” comentó PanUčitel. “¡Ah!” es lo único que fui capaz de articular con los ojos muy abiertos. Nada como las uvas. “Y al inicio del año nuevo no puede haber nada colgado en las perchas” prosiguió. Así, que un rato antes de que dieran las 12, como un poseso, empezó a descolgar los abrigos, bufandas, gorros y bolsos que los asistentes habíamos puesto con primor en la percha de la entrada, y las toallas del cuarto de baño. “¿Dónde están mis guantes?” pregunté yo cuando, ya iniciado el nuevo año, me ponía la segunda capa de ropa. “Los he visto por donde está tu gorro” ayudó Gofio. No es que fuéramos muchos los asistentes, pero después de algunas botellas de Bohemia Sekt y los estómagos repletos de canapés hechos con abnegación por la madre de PanUčitel, la tortilla de patatas de bar (a petición del mismo) y las pechugas de pollo rellenas de espinacas y frutos secos con cebolla caramelizada cocinados por mí mismo, nuestras mientes no estaban para extras. Y eso que quedó pendiente de probar la aportación de Gofio.
En fin, que cogimos el trolebús para el centro. Y allí nos plantamos. Y cuando me harté, decidí marcharme. Lo normal. Mucha gente en Hlavní Nádraží, normal teniendo en cuenta la señalada noche. Casi la hora y los autobuses sin llegar, y cuando lo hacen, la gente despistada porque no están seguros de cuál es el que tienen que coger; y borrachos, claro, lo que dificulta la comprensión. Para llegar al mini-piso se pueden coger dos autobuses, el 89 o el 98. Yo suelo subirme en el primero que llega a Hlavní Nádraží , y últimamente siempre ha sido el 98. Pero esa noche no. El primero en llegar fue el 89. Y en él me monté. El autobús iba de bote en bote, tanto, que los últimos en subir tenían sus mejillas contra la puerta. Otros no tuvieron tanta suerte y se quedaron en el andén. “Oh, no, no puedo empezar el año así, como si acabara de llegar” pensé con desolación cuando me di cuenta de que el autobús iba por Olomoucká en lugar de Životského. En milésimas de segundo me vi en el aeropuerto (aquí es donde la línea 89 termina), solo en medio de la oscuridad y el frío, esperando el autobús de vuelta. Es el mismo, pero el conductor no te deja estar dentro. Ellos son así. Como en mis inicios en esta república, cuando me equivocaba de tranvía y llegaba a ignotos y desolados barrios. “Uy, ese es vecino mío” pensé con las neuronas que dejaban libres los pensamientos apocalípticos de soledad en el aeropuerto. “Si él está aquí es que debe parar muy cerca; cuando él se baje, yo me bajo”. Efectivamente, los métodos científicos no fallan y me bajé cuando él lo hizo.

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2 respuestas a Nochevieja

  1. Qega dijo:

    Ahoj,
    Feliz 2013 (atrasado pero igual de válido, supongo y espero). Yo disfruté una Nochevieja maravillosa y diferente, combinando las lentejas y las uvas con el sekt y las pivo en un lugar recóndito de Praha….
    Besinos, Ra.
    Pd. Gracias por compartir el misterio de la llave

    • Ahoj
      Feliz 2013 para ti también. Nunca es tarde si la dicha es buena.
      Di que sí, eso es multiculturalidad. Yo al final me quedé sin uvas… ¡un año más! Pero bueno, fue divertido y curioso a la vez.
      Yo no podía dejar sin informar a mi público (poco pero fiel) de la resolución de un misterio que me corroía las entrañas.
      Un beso

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