Rusalka

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Las fotos son de la página web del teatro

Ya me lo advirtió BridgetJones el año pasado. “Te va a encantar. A ti te va a encantar” me dijo cuando, siéndome infiel, se fue la primavera pasada a ver Rusalka sin mí. Como todos recordaréis, la ópera de ayer era parte de mi regalo por su cumpleaños, allá por septiembre. Pero los matrimonios tienen estas cosas, que no siempre se hacen las cosas cuando corresponde. Y nosotros somos como un viejo matrimonio, eso está más que demostrado. Eso sí, un matrimonio moderno: cada uno en su casa y Dios en la de todos. Pero claro, comprar entradas para la ópera con dos o tres meses de antelación tiene sus riesgos, algo que ni a ella ni a mí nos para. Y ha resultado que me ha vuelto a dejar tirado. “Bonico, que el domingo me voy durante 3 semanas a Manchester, a formar allí a unos ingleses” me dijo poco después de que yo volviera a esta república. “Uy, me tendré que buscar a alguien para la ópera” fue mi respuesta. Pues eso hice. No ha sido fácil, porque en esta república nada es fácil. Pero encontré a un pobre incauto que quiso acompañarme.
“Oye, ¿te gusta la ópera?” le pregunté. “Sí, pero yo no sé mucho de ópera y de música en general, pero me gusta” fue su comedida y diplomática respuesta. “Rusalka, el día 18 a las 7 de la tarde, ¿te gustaría ir conmigo?” dije yo, dando menos vueltas. “¡Guau! ¡Rusalka! Por supuesto que sí” aceptó él. “Yo la vi cuando tenía unos 17 años, en el teatro de mi pueblo, con el instituto. Es preciosa” continuó lleno de ilusión.
Podríamos decir Rusalka que es la ópera nacional checa. Debo reconocer que yo no las tenía todas conmigo, por esa aversión a los nacionalismos que me sale de vez en cuando. Porque cuando se pretende crear una identidad nacional, se toman iconos culturales que muchas veces no son los mejores, y su único valor es que son locales. Esto es lo que yo pensaba de Rusalka. Hay que tener en cuenta que tanto Dvořák como Smetana (no me creo que este apellido no tenga ningún acento) son compositores del siglo XIX, en pleno surgimiento de los nacionalismos europeos, y ellos no iban a ser menos: nacionalistas checos hasta la médula. Pero como tantas otras veces, me he tenido que tragar mis pensamientos. Y casi me atraganto. Con gusto, pero casi me atraganto. “Yo tampoco, lo único que puedo decir es si me gusta o no, pero lo importante es disfrutar del espectáculo” le dije a mi acompañante cuando me repitió que no entendía nada de música. Pues el espectáculo es para disfrutarlo. El montaje de la ópera es estupendo, algo minimalista como de costumbre. Y la fila 5 ayuda mucho… incluso se ven las carreras en las medias de los figurantes. Los centauros y las centauras (porque los había de los dos géneros), las ondinas, el duende del agua, la bruja que para darle más sensación de brujería en realidad eran dos. Cuando la bruja le contaba a Rusalka las consecuencias que tendría su decisión, había otra que sólo movía la boca, como si de un playback se tratara; o como si allí hubiera un espejo. Y por supuesto, se desarrollaban acciones en el frente del escenario, en el centro y en el fondo. “Qué efecto tan bueno” dijo mi acompañante cuando cayó una cortina de agua.
“¿Qué te ha parecido hasta ahora?” le pregunté a mi acompañante en el primer descanso cuando nos dirigíamos a por el primer martini. “Está bien” dijo él. “Hijo mío, podías ser algo más expresivo” le contesté. ¡Checo!

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