Y un concierto

Cartel

Yo nunca pensé que pudiera pasar tanto frío. Allí los tres, sentados en sendas sillas. Los tres éramos BridgetJones, Samantha y yo. Confiamos en ella en estos asuntos, en Samantha quiero decir, porque ella estudió musicología o algo parecido, y al menos más que nosotros sabe de esto. La semana anterior a Semana Santa, BridgetJones me dijo que si quería ir con ellas a un concierto el día 7, que era únicamente cuando Samantha podía. Yo dije que sí, faltaría más. El concierto era de la Filarmónica de Brno, uno de esos conciertos del ciclo de música de Semana Santa. Ya sé, el día 7 ya hacía una semana que Jesús había resucitado. Pero estas cosas son así, no siempre son exactamente cuando corresponden.

“Bonica, ¿dónde es el concierto, a qué hora? ¿Nos tomamos algo antes?” fue el mensaje de texto que le envié el domingo por la mañana. “A las 7, en Petrov, nos vemos a las 5 y media en el reloj socialista”, fue su respuesta. Parcos los dos, pero precisos.

“Llego 10 minutos tarde, como siempre” decía el mensaje que ella me envió cuando yo ya estaba esperando. “¿Dónde vamos a tomarnos un café?” dijo ella o dije yo, no sé. El caso es que fuimos a una cafetería que hay en Zelný Trh, que hace esquina y tiene dos plantas. Más que nada porque no está muy lejos de Petrov, sólo hay que atravesar la plaza y subir una calle. Sí, subir, es una cuesta. Cerca de nosotros, que estábamos en una mesa arrinconados en la segunda planta, había dos matrimonios… españoles. Allí ellos hablando de la crisis, de los derroches, de los equipamientos públicos inutilizados… vamos, la conversación típica de unos españoles en estos días. El camarero era un bambi, más bien apocado para desempeñar esa profesión. El caso es que alguien en aquel cuarteto de españoles quería agua. El pobre camarero no era capaz de entender lo que le decían (“still water”), así que BridgetJones me pregunta “¿les ayudo?”. “Si quieres” dije yo. Y allá fue ella.“Sin burbujas” oí yo que uno de los señores decía. El camarero y los señores, tan contentos todos.

Cuando nos marchábamos, obligatoriamente teníamos que pasar junto a ellos. “¿Sois españoles?” dijo una de las señoras. “Ella no, yo sí” dije yo. “¡Qué bien!” dijo la misma señora. “Regular” dije yo. “Seguro que son del norte” le comenté a BridgetJones cuando ya salíamos de la cafetería. “Si fueran de otro sitio, te habrías parado” dijo ella. “Bueno, en Andalucía también hay antipáticos como yo” contesté.

Una vez en la puerta de la catedral (de San Pedro y San Pablo, de ahí el cariñoso nombre de Petrov) le digo a BridgetJones “Pues aquí canta el novio de ComoUnaOla” por aquello de hacer la espera algo más entretenida. “¡Eso quiere decir que cantan!” replicó BridgetJones. “Eso parece” dije yo. Lo que sí parecía es que ni ella ni yo sabíamos a qué íbamos, más allá de que era un concierto en la catedral. Un señor, con entradas en la mano, se acercó a nosotros. No lo conocíamos de nada, pero tenía a la venta dos entradas. Sí, la reventa también existe en esta república. Doy fe. “Oye, si falta algún músico, no pueden empezar ¿verdad?” preguntó BridgetJones cuando ya no había casi nadie en la puerta. “Supongo” dije yo. “Pues entonces podemos secuestrar el novio de ComoUnaOla” a lo que yo contesté “es que no sé quién es. Lo he visto un par de veces en la oscuridad infinita de Depo, no sé cómo es a la luz del día. Tú no pierdas de vista al señor ese, por si nos hacen falta las entradas”. Pero no hicieron falta porque Samantha apareció, tranquila y pausada como ella es.

Yo creo que hacía más frío dentro de la catedral que fuera. Estábamos sentados más o menos a la mitad, donde los bancos estaban más espaciados. “Por lo menos tenemos espacio para las piernas” dijo Samantha. ¡Qué frío! Yo sentía cómo subía por los pies y bajaba por la cabeza. Estábamos en lugar sagrado y se le debe un respeto. Así que me había quitado el gorro, pero no la bufanda ni el chaquetón. Guantes no llevaba ¡gran error!

Debo reconocer que me aburrí. Se trataba de música de Mendelssohn, contra la que yo no tengo nada. Pero parece que eso de estar oyendo música sin nada más, no es lo mío. O sería el frío. No sé. “Pareces aburrido” me dijo BridgetJones al terminar. “Sí, no me ha gustado mucho”. Todo sea por la cultura e intentar una y otra vez dejar atrás la vida disipada y disoluta ¡que nuestro esfuerzo nos está costando!

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2 respuestas a Y un concierto

  1. cardamomoland dijo:

    En Andalucía hay también mucha mala leche… vete a Granada y verás.
    Igual lo de secuestrar al novio de ComoUnaOla habría sido mejor plan, pero míralo por el lado bueno, has pasado frío, te has inmunizado y tal (o eso dicen aquí) y todo eso con música clásica en vivo. Un lujo, oyes.

    • No hace falta ir a Granada. Viví 15 años en Almería, y no te creas que son muy distintos (algún almeriense me matará por decir esto, pero si no lo han hecho ya los checos…). En realidad, no hizo falta secuestrar al pobre novio de ComoUnaOla, que no tenía nada que ver en nuestros problemas con las entradas, porque Samantha llegó a tiempo. Justo, pero a tiempo. A decir verdad, entre las formas en que preferiría morirme, no está la de por congelación en la catedral. A ver si el año que viene hace menos frío en Semana Santa y voy otra vez, y consigo sacarle algo de jugo al asunto.

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