Tres vueltas

Bandera de Méjico

Como todo el mundo puede darse cuenta, llevo mucho tiempo sin actualizar las siempre encantadoras y bien escritas entradas de este insigne blog. Pero es que por un lado, hacer gastro-fechorías lleva su tiempo, y por otro, pues no hay mucho que contar. Aparte, claro está, de que la primavera brilla por su ausencia. Queda menos de un mes para que llegue oficialmente el verano, y la primavera aún está por venir. Por fin este año me había decidido a comprar un par de sillas y una mesa para la mini-terraza, y en su busca y captura me recorrí todos los establecimientos que las pudieran tener a la venta, incluído Ikea de mis amores, claro. Pero en vista de que comprar sillas en las que no te vas sentar y mesas en las que no vas a comer, no tiene mucho sentido, he postergado la decisión final. A ver si el sol se digna a aparecer mientras tanto.

TrasgoDelSur tiene por sana costumbre celebrarlo casi todo: el aniversario de su llegada a esta república, la inauguración de su nuevo piso y, por supuesto, su cumpleaños. Porque todos los seres vivos cumplimos años. Como este año pasaba de la segunda planta a la tercera, la ocasión merecía una celebración especial. Y así fue. Decidió celebrarlo en una chata (pronúnciese jata). O una chalupa (pronúnciese jalupa), no sé la diferencia. El caso es que es una casa de campo, un cortijo que dirían en Almería. En un pueblo en medio de la nada. Muy bonito todo, pero en medio de la nada de esta república. “¿Qué te parece si este año celebramos mi cumpleaños en la chata de los padres de Artista?” me preguntó TrasgoDelSur hace tiempo. “Ah, pues puede estar muy bien, me parece buena idea” le contesté. “Es que Princesa dice que no va hasta allí en un tren que la deja a 20 kilómetros de la chata, y que no se queda a dormir en un sitio sin baño; pero sí tiene baño y camas para todos” siguió él. “Dile a Princesa que la llevo en el Fabia como una reina, y que el bosque tiene muchas utilidades” ayudé yo.

“¿Para qué le dijiste que íbamos en el Fabia? Yo no quería que lo celebráramos allí, pero con eso me quedé sin excusas” me dijo Princesa cuando la recogí a ella y a su marido. Él iba de copiloto, indicándome el camino y con el gps. Sí, con gps. Yo. En esta república. Después de 5 años. Bueno, siempre hay una primera vez. En realidad, era el smartphone del marido, con lo que ésta será la primera vez y probablemente la última que tanta tecnología se suba al Fabia. Aunque ya sabemos: siempre me tengo que tragar mis palabras. Jamás me cansaré de alabar los paisajes de esta república, sobre todo ahora cuando el amarillo de las plantaciones de colza interrumpen el verde. Y claro, como la chata está en medio de la nada, pues atravesamos kilómetros y kilómetros de campos verdes salpicados de amarillo. Y pueblos. La verdad es que hay que hacer un gran esfuerzo intelectual para llamar a eso un pueblo. Muchos de ellos eran dos casas y una hospoda (tasca típica checa), pero tienen su nombre y su parada de autobús, con lo cual consideraremos que son pueblos.

En fin, que llegamos a la chata. “Sube por aquí y aparca en el patio” dijo Artista que nos estaba esperando frente a la iglesia. Al bajar del coche y volver la cabeza, veo que una gran bandera mejicana preside el evento y que una mesa ya está dispuesta con cervezas y alguna gente ya sentada a ella. Una cerveza, lo primero, después de inspeccionar la chata, claro.

Normalmente, las celebraciones de TrasgoDelSur son muy cosmopolitas, pero en esta ocasión sólo había dos bandos: el checo y el hispanohablante (en franca minoría: Princesa, TrasgoDelSur y yo). Los checos sentados a la mesa, charlando y bebiendo, y nosotros correteando de una lado a otro y bailando cuando Princesa consiguió que TrasgoDelSur cambiara Marilyn Manson por algo más bailable, pero fueron sólo un par de canciones. Uno tiene una edad y si empieza la fiesta a las 5 de la tarde, a las 11 ya está que no puede más. Por eso decidí abandonar el patio y sentarme con Princesa en el sofá frente al romántico fuego la chimenea. ¡Nótese que estamos a finales de mayo! Al rato llegó una de las invitadas y se sentó en el mismo sofá entre Princesa y yo. “Venga, a practicar tu checo” dijo. “Sí, claro, yo estoy como para hablar checo, con lo que me cuesta” le dije yo a Princesa en español. El caso es que entre los tres mantuvimos allí una conversación, que no sé si llamarla como tal, hasta que la chica consideró que ya estaba bien y se marchó en busca de más bebida. Nosotros estábamos allí a lo nuestro, cotilleando y esas cosas, cuando llegó uno de los invitados y se pone a tocar el piano (hay un piano). Yo me quedé muerto. En principio creímos que sólo tenía curiosidad en las teclas, pero no. El muchacho se puso a tocar las partituras que conocía y que estaban por allí. Pero él muy metido en su papel. Nosotros nos alegramos de tener una música suave, aunque desafinada, de fondo. La gente pasaba por allí, pero nadie le prestaba atención; así que por esta razón, o porque el piano estaba muy desafinado o porque se cansó, dejó de tocar y volvió al patio.

“¡Qué de tiempo hacía que no dormía vestida!” dijo princesa a la mañana siguiente. “Yo creo que nunca lo he hecho” dije yo (otra vez: siempre hay una primera vez) “pero es muy práctico: se levanta uno y listo”. Aunque la chata es grande, no tenía más que una habitación. Así que casi todos dormimos en el enorme salón, unos metidos en sus sacos de dormir y otros, como yo, cubiertos con su mantita.

Después de desayunar una especie de cruasanes checos que había hecho el pianista espontáneo de la noche anterior, emprendimos el camino de vuelta. Esta vez el marido habló menos, no sé si porque nos metimos con él o porque estaba muy cansado. Es que habla por los codos, a pesar de ser checo. Cuando llegamos a su casa, dice Princesa “¿cuánto dura el viaje a Klatny? Tres vueltas de CD, porque esa canción la hemos oído 3 veces” Y era verdad, sólo llevaba un disco en el coche, y entre que no conocía el camino, que eran carreteras más que secundarias y atento a las indicaciones del marido, pues no íbamos muy rápido, todo sea dicho.

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2 respuestas a Tres vueltas

  1. Tuonela dijo:

    Cuando he leído “gastro-fechorías” he pensado que en algún momento estelar de la crónica fiestera iba a aparecer un medovník, pero no… se ve que se quedaron con las ganas.

    Lo de camas y baños para todos era una reclamo, no? En plan, donde dice cama dice suelo checo fresquito y agradable 😛 Me han dado ganas de cortijo, aunque no tenga camas, ni baño (pero con chimenea, oh yeah!).

    Súbete con el Fabia, estamos a 30 C.

    • Pues no ibas muy desencaminada con tu intrepretación de gastro-fechorías, porque hice el día anterior un medovnik… ¡pero no era mi mejor día y me salió de aspecto más bien poco presentable! Así que tocó el plan B: comprar una tarta de chocolate.
      En el cortijo no había camas suficientes (aunque sí baño) pero, ¿dónde has visto tú un cortijo con piano y pianista? 😛
      Ya me gustaría ir con el Fabia para arriba, pero me temo que aún no sabe nadar para atravesar Bohemia 😀

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