Y una boda

La foto no tiene nada que ver con el contenido de la entrada, pero no me importa.

La foto no tiene nada que ver con el contenido de la entrada, pero no me importa.

“Que Tamara* nos guíe en el camino de vuelta” dije yo cuando nos montamos en el Fabia. “Sí, que nos ayude” afirmó con fe BridgetJones. Es que hay veces que el GPS que llevamos incorporado falla. Somos humanos a pesar de todo. Pero lo vergonzoso del asunto es que donde íbamos está a escasos 30 km de Brno, y no es que el camino esté lleno de cruces de carreteras ni nada por el estilo. Más bien es un “tira to p´alante”. Pero ignoré el único cruce; yo seguí todo recto. La verdad es que no fue un gran estropicio, sólo un poco más de rodeo, un pueblo más y un poco más de tiempo empleado en llegar al destino.

El destino era una boda. Un boda checa. O mejor dicho: una boda checo-rumana. Se celebraba en Domašov, que como decía está en los alrededores de Brno. Como el transporte público dejaba mucho que desear, decidimos ir en el Fabia, a pesar de que está en el limbo legal y de que uno de los dos no podría probar una gota de alcohol, circunstancia a todas luces bastante inapropiada para una boda. También evitamos la autovía D-1, porque me resisto a pagar el impuesto. Así que cogimos la ruta alternativa, casi paralela a la susodicha autovía y que pasa incluso por el circuito. Existía la posibilidad de reservar habitación en el mismo lugar de la celebración, pero como estaba cerca, decidimos no hacerlo. “Pues a mí no me ha enviado cuestionario” le dije yo a BridgetJones cuando me hizo algunas preguntas sobre los asuntos de intendencia de la boda. La novia se lo había enviado a ella para que se lo devolviera debidamente cumplimentado (confirmación de asistencia, reserva de habitación, tipo de comida, acompañante adicional y esas cosas). Ella es muy organizada. “Es que dice que a nosotros nos considera una pareja”, me explicó luego. “Oye, ¿y sabes quién va la boda? Que conozcamos, quiero decir” pregunté. “Pues no tengo ni idea, la verdad” fue la respuesta de BridgetJones.

Todo esto ocurrió el día 29 de junio, hace un par de semanas. Aunque la invitación oficial se produjo mucho antes, el día que fuimos a la Sala Pequeña. Los dos nos quedamos un poco perplejos cuando la novia sacó sendas invitaciones de boda, una en checo para BridgetJones y otra en inglés para mí. No porque no supiéramos que ella tenía novio. Lo tiene, y desde hace mucho. Pero precisamente por eso, porque cohabitan desde hace tanto, no se nos pasó por la cabeza que decidieran casarse. Pues lo han hecho.

La boda era religiosa. En checo y en rumano, según nos explicó el novio antes de que empezara. No me iba a enterar de nada, evidentemente. “¿Alguien sabe por qué rito es la boda?” pregunté yo, cuando BridgetJones y un par de hispano-hablantes nos estábamos tomando un refrigerio (yo, agua) y esperábamos a que la novia apareciera. Nadie sabía nada. Y ésta fue una duda que me acompañó casi todo el tiempo, no sólo durante la ceremonia, sino también durante parte del convite. Cuando empezó, quedó claro que católica no era. Es curiosa, la verdad. Y si me apuran, más bonita que las católicas, que son las que hasta este día yo había asistido (o civiles, en su defecto). Lo que más me llamó la atención fue que a la hora de intercambiar los anillos, el cura pidió permiso (o algo parecido) a los padrinos, y los novios se limitaban a ponerse uno a otro el correspondiente anillo de desposados. Al menos eso es lo que yo entendí a través de mis ojos, que no de mis oídos. Más tarde, una vez que la ceremonia terminó, me olvidé de preguntar. Pero una vez terminada la comida, el cura que ofició la ceremonia ya de paisano pero aún con su barba cana, se sentó en nuestra mesa, en la cual sólo quedábamos BridgetJones, un chico checo que se comía todo lo que le pusieran a él y a los demás, y yo mismo. Ya le había preguntado a este chico si el rito era ortodoxo, y si así era, por cuál de ellos (hasta donde yo sabía, hay varias iglesias ortodoxas: griega, rusa…). Él no tenía ni idea, pero cuando llegó el cura le transmitió mis dudas de católico. Lo único que saqué en claro fue que era ortodoxo.

“¿Quienes son esas criaturas?” pregunté yo a nadie en concreto mientras comíamos. “Sólo te falta añadir de Dios, criaturas de Dios, dijo Virreinato, son amigos de la novia”. Estábamos sentados en la esquina de una de las mesas, la esquina hispana: Virreinato, su novio, BridgetJones y yo. El resto de la mesa, todos éramos por parte de la novia, eran checos. “Menos mal que estáis vosotros, dijo Virreinato, y tengo alguien con quien hablar”. Después de la comida, todos ellos (los checos, incluyendo el novio de Virreinato) estaban mirando y discutiendo con mucho interés el contenido de una hoja de papel que todos querían tener, leer y opinar. “Es el planning de la boda” dijo alguien. “¿Qué?” dije yo con extrañeza. “Sí, explicó la misma persona, qué toca y a qué hora es cada cosa”. “Virgen de Regla, pero qué organizada es la novia” dije yo. “Pues llevamos media hora de retraso respecto del planning” aclaró el novio de Virreinato, íntimo amigo de la novia. Pues a mí me parecía que todo iba estupendamente bien.

*Nota del autor: Tamara es una cantante española de canción melódica y suyo el CD que sonaba en ese momento en el Fabia.

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2 respuestas a Y una boda

  1. tuonela dijo:

    Ah sí, lo del planning de la boda aquí se estila mucho también. Vamos, es que o hay planning o qué invento es este. Normalmente tienes 1 hora para comer y el resto es el horario de diversos acontecimientos chorras como el rapto de la novia. Allí raptan a la novia? La bodas finlandesas te dejan de todo menos impasible 😛

    Espero que Tamara os guiara correctamente…

    • Aquí no raptan a la novia. Bueno, no lo sé, al menos en esta boda no raptaron a nadie.
      Esta gente no deja nada a la improvisación, todo estaba perfectamente pensado, planeado y “secuenciado”. Sorpresas, las mínimas. Por cierto, te veo experta en bodas finlandesas 🙂
      Tamara, gracias a la Virgen de Regla, se portó como buena reina de la canción melódica y el bolero que es, y nos guió a la perfección… pero en Brno llovía a mares cuando llegamos (en mi barrio, en el de BridgetJones no llovía).

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