Tres escalones

Interior de un travía

El tiempo corre que es un barbaridad. Ya hemos visto en la anterior entrada que he cumplido cinco años en esta república sin darme cuenta. Bueno, sí me he dado cuenta !a quién voy a engañar! El tiempo pasa y también pasa para mí. Sobre mi persona quiero decir. No es sólo que cada vez tenga más pelos en la orejas (signo inequívoco de que ya no se es un bambi). Ni tampoco que las canas aparezcan diseminadas desde la coronilla hasta la punta de los pies. Y mucho menos que la presbicia sea mi más fiel compañera. “Estás muy bien para la edad que tienes. No quiero imaginarme cómo serías con 20 años” me dijo PanUčitel un día, no hace mucho. Uno hace lo que puede para mantenerse joven y lozano, dentro de unos límites, porque los milagros no existen.

El caso es que uno no tiene conciencia de su propio aspecto. De cómo te ve la gente. Además, a nadie se le ocurre sacar fotos de hace 10 años en las que sale estupendamente y compararse con una actual, en la que sale igual de bien pero 10 años después. Masoquismo, el justo. Sin embargo, hay situaciones cotidianas que hacen que los pies se pongan de nuevo en el suelo, te recuerdan que ya eres un señor respetable y que sólo te faltan tres escalones para llegar al quinto piso. Te llaman caballero y te llaman señor, le cuentas a alguien una anécdota de tu pasado y resulta que ya hace veinte años que pasó. Encima, por si eso fuera poco, está la urbanidad. Sí, eso de ayudar a los impedidos a cruzar la calle, ceder la entrada cuando se coincide con alguien. Esas cosas.

Me han cedido el asiento en el tranvía. Con todas sus palabras: me han cedido el asiento en el tranvía. Eso aún se hace en esta república. Iba yo a trabajar, muy temprano. El tranvía no muy lleno, pero sin asientos libres. Un niño de unos diez u once años, que veo todos los días porque al parecer vive en Líšeň o Vinohrady y va al colegio en algún sitio más allá de donde yo me bajo, se levanta y me dice algo. Evidentemente me estaba cediendo el asiento. “Ne, ne, děkuju” dije yo en mi mejor checo, pero el niño no se volvió a sentar, sino que dejó el asiento libre y se quedó de pie con su ortodoncia y aquella mochila que debía de pesar lo suyo. ¡Virgen de Regla! ¿Tan mayor parezco recién levantado?

BridgetJones ha estado riéndose desde que se lo conté. Y su jefa, cuando ella se lo contó, dijo “pues tan mayor no parece”. “A lo mejor es que el día anterior le dijeron en el colegio que hay que cederle el asiento a los mayores. No ayudo ¿no?” me dijo Princesa. No. Eso no ayuda. Me tengo que rendir a la evidencia: me hago mayor.

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2 respuestas a Tres escalones

  1. Ra dijo:

    Ahoj,
    si te consuela, yo cuando abro mi armario, mis sobrinas siempre dicen: “Tía es que todo tiene más de veinte años”… (pero luego te lo piden prestado)
    Besinos, Ra.
    Pd. Brindemos por la eterna juventud

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