Código de circulación

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“Creo que te hace falta un repaso del código de circulación” dije yo cuando LeónPeregrino pasó el primer semáforo en ámbar. Íbamos a Leopoldsberg, una colina junto al Danubio desde la que hay unas magníficas vistas de Viena. “¿Estás seguro de que hay una montaña ahí?” pregunté yo porque ni la veía ni notaba que estuviéramos ascendiendo. No íbamos en coche, ni en autobús, sino en Vespa por lo que tenía una visión completa a mi alrededor. Y lo que veía eran casas y más casas, y luego bosque y más bosque. La verdad es que cuando apareció el bosque ya empezamos a ascender, y recuperé la confianza en LeónPeregrino, perdida momentáneamente.

“Esto se merece una entrada en mi blog” dije yo cuando lo vi bajarse de la Vespa. Yo había ido a Viena en autobús, porque como todos sabéis, la situación legal del Fabia es de todo menos clara y LeónPeregrino fue a recogerme. “Anda, ponte el casco. Te estará un poco pequeño” fue su respuesta. “No pasa nada, así se me calientan las orejas” dije yo, práctico como siempre. Hacía 20 años (como decía no hace mucho, de todo hace 20 años) que no me montaba en Vespa. Exactamente, desde que yo tenía una. Roja. Esta es negra, pero Vespa igualmente.

Al principio se portaba. Como conductor de Vespa quiero decir. “¿No pasas a los coches y te pones delante?” le pregunté yo cuando estábamos parados en el primer semáforo. “Es que no estoy acostumbrado a llevar a nadie de paquete”. Así que con prudencia y cumpliendo el código de circulación llegamos al centro. “¿Qué conoces de Viena?” me preguntó cuando nos quitábamos los cascos. “De día más bien poco” respondí. “Golfo”. Así que hicimos un poco de turismo. Sólo un poco: el mercado que hay en el centro, donde comimos, y un paseo por el centro. Luego la subida en Vespa a Leopoldsberg. Para entonces él ya había cogido seguridad en llevar a alguien de paquete y empezó a interpretar libremente el código de circulación. No hace falta que diga que Viena bien merece una visita. O dos, o las que se encarten.

Así que allí estamos los dos, dos maduros de buen ver correteando por Viena en una Vespa como si de la película “Vacaciones en Roma” se tratara, en versión centroeuropea y mariquita. Yo con un casco pequeño.

Pero la verdadera prueba de fuego para la vigencia y el cumplimiento del código de circulación fue al día siguiente, cuando yo tenía que volver a ésta mi ciudad putativa. Menos mal que habíamos desayunado unos estupendos churros con chocolate; algo que se puede hacer en Viena si se tiene una Thermomix (LeónPeregrino también pertenece a esta secta). No había comprado el billete de vuelta, pero confiaba, ¡ay, ingenuo de mí! que lo podría comprar en el autobús. Pues no. Bueno, lo que es poder, podía. “No free seats” me dijo el chico. Pues nada, yo no sé qué le pasa al transporte público de Viena conmigo. Así que me volví donde aún esperaba LeónPeregrino y le dije lo mismo que el chico me había dicho: “no free seats”. El lugar donde para el autobús de Student Agency (que tiene la insana costumbre de no usar las estaciones de autobuses, sino las avenidas) está junto a la estación de tren de Pratersten. “Yo he cogido algún tren en esa estación para Brno” le dije yo. Allá fuimos. Pues no, de allí no salía ninguno. Salía de la estación de Meidling a las 14:28. Y eran algo así como las dos menos cuarto. “¿Tú sabes dónde está esa estación?” le pregunté. “Pues no estoy seguro” dijo LeónPeregrino mirando su smartphone. “Se tarda 22 minutos, nos da tiempo” dijo mientras salíamos de Pratersten. “Pues vamos” dije yo. Y entonces fue cuando empezó el maltrato al código de circulación. “Ay, ese código de circulación” le dije yo un par de veces. Aunque no sé si me oía, concentrado como estaba en llegar a tiempo, saltarse los semáforos en ámbar y ponerse el primero en los que estaban en rojo. Yo mientras tanto disfrutaba de las vistas. Llegamos a tiempo; justo, pero a tiempo.

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2 respuestas a Código de circulación

  1. cardamomoland dijo:

    Patriarca tiene una Vespa azul. Lleva en el patio de mi casa 20 años sin moverse la pobre, pero recuerdo cuando de pequeña íbamos mi señora madre, él y yo en la Vespa, sí, todos al mismo tiempo. Eso sí que era pasarse el código de circulación por el Arco del Triunfo. Por supuesto no íbamos con ella a Viena, me dejaban en la puerta del cole y me recogían y poco más, pero para mí era algo grande.

    Yo también quiero ir a Viena, una, dos o las veces que tercie. No he estado nunca pero tengo esa sensación de que me va a gustar, sobre todo si me das la dirección de LeónPeregrino y me invita a churros. Porque claro, unos churros con chocolate marcan la diferencia, aquí, en Viena y en la China.

    Sobre la secta no haré comentarios, me corroe la envidia.

    • ¡Una Vespa azul! ¡Genial! ¡Llévatela a Cardamomoland! Si necesitas transporte, avísame que últimamente estoy muy puesto en eso del transporte de vehículos 🙂
      Viena merece la pena, lo mires como lo mires. En Vespa azul, roja o negra. No sé si LeónPeregrino se atreverá a saltarse el código de circulación montándote a ti y a Herra K a la vez, pero seguro que está encantado de hacer de guía.
      Tú no tendrás Thermomix, pero tienes sifón 😛

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