Simplemente María

Las galletas maría ucranianas

El programa

Uno vuelve de la madre patria de pasar 15 días y disfrutar de papas con choco, comida con pringá, puchero (también con su pringá) y otros manjares por el estilo, y se tiene que acostumbrar de nuevo a los knedliky y al pepino como guarnición. Lo primero que tiene que hacer es avituallarse lo antes posible, porque previa a la marcha uno deja todo esquilmado y da pena ver la mini-cocina. Es una tarea fácil desde que me he reconciliado con el Tesco de abajo (por qué me peleé con él no lo he contado aquí; es demasiado bochornoso). Desde hace un tiempo han redistribuido las mercancías y del viejo equipo sólo queda el mariquita que resopla cuando me ve en la cola de su caja, y la joven que me grita de malas maneras como si así fuera a entenderla mejor. Evito en lo posible la caja de ambos, porque la aversión es mutua y manifiesta. Tampoco está el encargado, que desde que una noche en Depo sólo obtuvo un no a sus propuestas, ya ni me mira ¡con lo agradable que era antes! Ahora hay bambis (ellos y ellas) que hacen lo que aquí llaman una “brigáda”: un trabajo a tiempo parcial o de esos de vacaciones, navidad y otros períodos festivos. En fin, que hay otro ambiente y además aceptan stravenky*. No me voy por las ramas, que siempre me pasa lo mismo. El caso es que yo estaba haciendo esa compra de productos básicos y perecederos, cuando al doblar un pasillo veo que hay una pequeñísima sección de productos del mundo. Salsas y fideos orientales, tortillas mejicanas y sus salsas, más salsas pero esta vez griegas, aceitunas también de allí, algún producto árabe, “¡uy, si parecen galletas maría! Pero no está en cristiano ni en checo” pensé. Pues sí, eran galletas maría… hechas en Ucrania. Yo, sencillo como soy, he echado de menos las galletas maría. En realidad, unas galletas básicas, que no estén rellenas de nada y no sean demasiado dulces. Pero no las he encontrado. Tampoco me he atrevido a probar demasiadas, todo sea dicho. Las compré, claro.

El descubrimiento de las galletas maría, aunque ucranianas, cuando ya se había perdido toda esperanza, ayuda a que la transición de la comida con pringá a los knedliky no sea tan traumática como para tener que ir a un psicólogo que me hable con muy pocas vocales. Y ayuda aún más la cultura. “Bonico, tenemos que hacer algo con nuestra vida cultural” me dijo BridgetJones el otro día. Es que desde el fracaso estrepitoso de la ópera de Wagner, no me quedaron muchas ganas. “Podíamos ir a ver el Réquiem de Verdi, que como el pobre se murió hace 200 años, están de aniversario” dije yo. “Oye, que ponen zarzuela el sábado” dijo ella sin hacerme caso. “Sí, ya. Es la misma que la de Nochevieja” dije yo. “Lo dices como si hubiéramos ido”.

Pues allí nos plantamos los dos. Esta vez no teníamos asiento en la fila 5, ni en la 6, ni en la 18. En pro de la austeridad y haciendo caso omiso al gobierno de esta república que anima a consumir, esta vez teníamos entrada para el gallinero. “Yo creo que tenemos que subir una planta más” dijo BridgetJones mirando la numeración que ponía en las puertas de la primera planta. “Pero si no hay más escaleras” dije yo mirando para todos lados. “Sí hay, detrás de la puerta de cristal, la que subimos el día del ballet” contestó. “Aquí no hay ni bar” continuó diciendo con pena, aunque ya teníamos un martini cada uno. Es que los pobres no tenemos derecho a ambigú ni a escalera con glamur. “Parece la escalera de un instituto. ¡Qué comunista!” dije yo. “La otra vez, como íbamos corriendo, ni me di cuenta de cómo era” añadí. Ni dorado en el pasamanos, ni escalones de mármol, ni lámparas de diseño de los 60. Pero por ellas que subimos los dos, con nuestros martinis.

No era una zarzuela completa, sino una gala en la que una soprano y un tenor cantaban romanzas y otras piezas de obras escogidas. No muchas, porque también había piezas únicamente orquestales. La soprano es argentina, el tenor mejicano y el director español. “Me encanta su eslovaco” dijo BridgetJones con un poco de sorna cuando el director dirigió unas palabras a tan insigne público, en eslovaco. Al parecer soy yo el único incapaz de aprender una lengua eslava. Al ser una gala, no había puesta en escena. Era como todas las galas, la orquesta en el escenario y los cantantes junto al director. En algunas canciones salía un escueto grupo de baile (dos parejas) que parecía que no iban muy acompasados con la música; pero es que para mover bien un mantón de Manila, o un sucedáneo, hay que criarse en eso. Yo, por el título, sólo conocía la “Canción de Paloma” porque una vez por casualidad la oí cantada por Ainoha Arteta; pero cuando empezaban a sonar las conocía todas. Uno se pregunta cómo una soprano argentina llega a Bratislava, y cómo un tenor mejicano a Brno. Lo del director es quizás más comprensible, aunque no mucho más.

En resumen, que entre las galletas maría ucranianas, la soprano argentina y el tenor mejicano, la transición se hace más llevadera. Además, aún no ha nevado y el frío no es extremo. ¡Y aquí seguimos!

* Stravenky: vales de comida que te dan en la empresa.

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14 respuestas a Simplemente María

  1. coco dijo:

    Maravillosa inmesión

  2. Paula dijo:

    ¡Ostras! ¡¡Tú también has estado en Rusia!! Jolín, qué morro, y yo solo me pude ir a casa, a aguantar a mi familia y gato. En fin…

    Pues a mí las María nunca me gustaron, galleta más sosa, madre. Me daban penuca esas niñas que iban al recreo con 6-8 galletas María envueltas en albal. Qué madres más aburridas, pensaba. Porque a mí, mi madre, siempre me andaba comprando las más divertidas, las que traían dibujito, las que venían en formato mini (supongo que, como no come dulce, pero sí le gustan las cosas cuquis, me usaba como excusa para su afán consumista de cosas cute).
    Pero una vez, sin embargo, compré galletas María (formato pequeño) en la feria de la India del Corte Inglés. De las normales y de las verdes (caducadas no, de té). ¡¡Qué gracia las María indias!!

    Me imagino a los checos con el programa, intentando leer El tambor de granaderos y El barberillo de Lavapiés. ¡Qué momento!

    Hey, ¡¡yo quiero stravenky, ¿se pueden usar en el Gourmet?

    PD: Vaaaaaaaaaa, por faaaaaaaaaaaa, cuenta detalladamente lo del Tesco.
    PPD: Oye, que a mí una vez con 23 años (hace dos días, vamos), me pidieron el carnet en el Lupa, y solo había bajado a comprar vino blanco a mi madre. Y me pidieron que les abriera una mochilita más pequeña que el bolso de muchas señoronas con rulos.
    PPPD: Y si ya ese día bajé por obligación, porque sus cajeras siempre han sido unas payasas, desde entonces me juré no entrar, más que si acompaño a mi madre (si ella quiere hacer el tonto ahí abajo, ella verá).

    • No, yo no he estado en Rusia. Ni siquiera en Ucrania. Pero ganas no me faltan. Es uno de los viajes que entre una cosa y otra (léase Fabia alegal) nunca hago. El otro es Ljubljana. Los dos están relativamente cerca de esta república. Desde hace 5 años me digo “antes de irte tienes que ir a los dos”. Pero como parece que de aquí no me voy, tengo tiempo más que suficiente 🙂
      Lo que me gusta de las galletas maría es precisamente eso, que son insulsas. Nunca es sido muy dulcero yo, desde pequeño. ¡Nadie es perfecto!
      Los stravinky están en coronas checas. Si en Gourmet aceptan coronas, los stravinky valdrán 🙂
      PD: No, no y no. No quiero que mi prestigio cibernético esté mancillado por siempre jamás. ya sabemos que Google no olvida 🙂
      PPD: fue aún peor que eso. Aunque eso también está incluído
      PPPD: Yo mientras ha durado mi pataleta, sólo iba al Tesco en caso de extrema necesidad, y por aquello de que está en el local de abajo. Ahora que me voy reconciliando, lo frecuento algo más. Pero prefiero ir al Albert de todas formas, aunque tenga que coger el autobús 🙂

      • Paula dijo:

        Mmmm… Estoy intentando aguantarme, no me gusta juzgar a la gente. … ¡¡¡Soso!!! ¡¡No podía aguantarlo!!

        ¿¿¿Galletas María??? Jo, en serio, seguro que las niñas del colegio las comían encantadas (mentira, era ver una Príncipe y te la querían cambiar por una María, ¡ja!), pero daba lástima, y, no sé, ¡¡¡mi abuela comía Marías!!! Oh!!

        Si un día me cambio de país será por huir del tocinillo de cielo y las María, ¡por ejemplo! Si tú compras ahí María, entonces, ¿por qué te fuiste? En fin… hay gente pa tó.

        Pero yo solo venía a insistir en lo de tu historia del Tesco, ¡¡va, va, va, por fa, venga, venga!! Pon la entrada con contraseña, cuéntanoslo con tinta invisible, o al oído, o…

        PD: Que sí, que tras este manifiesto anti-María, sigo recordando lo de las María de origen Indio que compré en la feria esa. Pero oye, a veces pruebo un mordisco del tocinillo de cielo, aún sabiendo que me va a dar un patatús.

      • Sí, soy soso, qué le vamos a hacer. Pero tengo otras virtudes… sólo hay que conocerme para quererme 🙂
        Yo me vine buscando marías, ni galletas ni mujeres con ese nombre. Llegué, vi y compré; pero no estaba en mis planes. Como tampoco estaba en mis planes pelearme con Tesco, una historia que jamás será contada ni desvelada, a no ser que alguien entre sin permiso en las cámaras de seguridad del súper. No, no la voy contar, aunque daría para un par de entradas, la verdad.
        Te acompaño en la brigada anti tocino de cielo. ¿Qué ve la gente en él? No lo entiendo, aunque, como bien dices, hay gente pa to.

  3. Paula dijo:

    Algún día la longitud de mis comentarios, superarán la de la entrada (no es fácil), y ese día, tomaré el mando de la Autovía!!!

    PD: Es que veo Alerta Cobra!
    PPD: Pero es solo para practicar alemán, lo juro.
    PPPD: Bueno, va, es mentira! He visto la primera temporada en húngaro…

    • Sí, un día de estos te voy a dar el mando. Así que quito un peso de encima 🙂 Pero en el contrato de traspaso debe figurar que jamás se convertirá en Autovía, que luego la hacen de pago y se convierte en Autopista. ¡Y yo no pago! Algún día me cogerá la policía y me meteré en un lío, pero mientras tanto… ancha es Castilla.

  4. Ra dijo:

    Ahoj,
    Y los que tenemos que hacer la transiccion inversa???
    Los que pasamos de marias y demases similares
    pero tenemos que olvidar las polevkas y hermelin y parek???
    Besinos, Ra
    Pd. Yo acabo de volver

    • Ahoj,
      Pues lo mismo pero al revés 🙂
      Esto nos vale a los dos: una polevka es un puchero, el hermelin puede ser un camembert… lo malo es el parek, porque un bocata de chorizo no es un rohlik con una salchicha 😛
      Espero que tu transición sea suave, como la mía. Total, no es la primera ni será la última

  5. Vale, ahora entiendo el comentario “reivindicativo”. En fase de transición se perdona. 🙂
    Yo una vez encontré Mirinda en una tienda árabe y me puse la mar de contenta. Uno hace lo que puede por recuperar ciertos sabores.
    Un abrazo, Noema.

    • La fase de transición ha pasado ya. Y el frío y la nieve también han llegado. Un poco tarde este año, pero aquí están.
      Aquí aún venden Mirinda. De hecho, debo tener por algún lado una foto de una máquina de bebidas en la estación de tren de Bratislava, en la que se podía elegir Mirinda de naranja 🙂

  6. cardamomoland dijo:

    Queremos saber, queremos saber!! Ya sabes qué, así que desembucha 😛
    Me imagino tu momento galletas María. Creo que es parecido al que yo viví cuando descubrí un bote de pasta de pimiento choricero en Stockmann. Se me saltó una lagrimilla pensando en marmitako, papas a la riojana… ay dios. Aquí sí hay galletas María (Marie, para ser más exactos) y son de baratunas como en España así que son una buena inversión (no dejes que los argumentos de las Cadburypijas te afecten, yo también he comido galletas María y me gustan, sí, me gustan!!!). Se ve que por esta república vamos estando mejor surtidos de productos españoles que en Brrrrrrrrrrno, así que para que no te pongas celoso de la mamá del aristogato, dame tu dirección y te mando algo. Después del medovník, tus deseos son órdenes para mí 😛

    • No, mi boca está sellada, y el teclado bloqueado si escribo la palabra Tesco-bochorno 🙂 No quiero que mi prestigio bloguero caiga por los suelos. Sé que hay gente que me tiene en un pedestal y no es cuestión de defraudarlos 🙂
      Yo creo que en esa república estáis mejor surtidos de todo que en ésta la mía. ¡Yo no sé qué voy a hacer con esta gente!

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