3000 revoluciones

Si, 3 carriles en cada sentido

Si, 3 carriles en cada sentido

La comisaría está indicada por el coche con sirena en la parte inferior

La comisaría está indicada por el coche con sirena en la parte inferior

“Yo siempre he querido entrar por la ventana” dijo BridgetJones cuando por fin nos sentamos después de sortear una mesa con sus respectivos clientes. Es lo que ocurre cuando una cafetería tiene ventanas de techo a suelo y sólo se distinguen éstas de la puerta por la cerradura. Si, además, la puerta está cerrada y la ventana abierta de par en par ¿por dónde entra uno? Por la que está abierta, por la ventana. Al poco, uno de los bambis allí sentados, la cerró. Supongo que no quería que nadie más entrara por la ventana, que no es algo muy digno la verdad.

Estábamos allí después de dejar el Fabia en el taller. “Eres el último amigo guiri que me echo. Tengo que ir contigo” protestó BridgetJones por la mañana. “Dice el mecánico que cómo se va a comunicar contigo. En qué líos me metes” continuó. “Ya, pero ¿y lo que te diviertes? ¿y las cosas que estás aprendiendo de esta república por mis marrones variados? Eso no tiene precio” traté de conformarla. Le había pedido que llamara al taller.

El Fabia llevaba desde septiembre en el aparcamiento sin moverse, aparcado entre un Renault 19 al que le han quitado dos ruedas y un Ford Ka que cada vez tiene menos pintura (y a pesar de eso no se han llevado ni la antena ni los tapacubos del Fabia). Pero el sedentarismo es muy pernicioso para la salud, así que ahora que le ha llegado el momento del gran viaje de retorno, no se puede mover. Yo por eso voy a la piscina regularmente. Aquel día caían chuzos de punta, por lo que pensamos en cancelar la cita con el mecánico en el aparcamiento. Pero él dijo que le daba igual, que estaba muy cerca, que lo llamara cuando estuviéramos allí. Así fue. Allí estábamos nosotros y allí llegó el mecánico con su kit de arranque.

Pero la primera en la frente. Dar marcha atrás y atravesar el Fabia en la calle, fue suficiente para que se parara de nuevo. “Llámalo, llámalo, rápido que se va” impelí a BridgetJones. El mecánico suponía qué podría pasar, así que nos esperaba en el cruce. Y no hizo falta llamarlo. “La batería está muerta del todo, no enciendas las luces*” dijo el mecánico durante el segundo arranque. “Qué dura, qué dura” dije yo cuando por fin nos pusimos en marcha. “¿Qué?” me miró extrañada BridgetJones. “La dirección, que está muy dura, con lo suave que es el Fabia” le expliqué. Yo no había visto tantas luces, ni tantos pitidos de alarma en mi vida. Todo pitaba, todo se encendía. Y la dirección durísima.

Yo sabía dónde estaba el taller. Es al que lo he llevado últimamente, y en el que le pusieron la luna en mis ya lejanos inicios en esta república y origen de esta historia interminable. “Espero que no nos pare la policía, sin luces, sin papeles y sin gasolina” rezó BridgetJones. Yo iba concentrado en las luces, los pitidos, la conducción y encomendándome a la Virgen de Regla para que el Fabia no volviera a pararse. Pero no sirvió de nada. En un semáforo de una avenida de tres carriles en cada sentido (aquí también hay ese tipo de engendros), ocurrió lo que tanto temía. El mecánico, experimentado en estas lides, iba justo detrás de nosotros. Así que me puse a levantar los brazos a modo de señal de auxilio, sentado al volante y mirando por el retrovisor y viendo de reojo como pasaban los autobuses, trolebuses y coches porque el semáforo ya estaba en verde, y sin dejar de agitar los brazos. Pulsé el botón de las luces de emergencia, pero claro, no funcionaron. El mecánico hizo caso a mis señales y estaba de nuevo frente al Fabia con el capó abierto aplicando el kit de arranque. “Dice que no bajes de las 3000… no sé qué es ni cómo se hace” tradujo BridgetJones “y que crucemos a la izquierda después de la gasolinera”. “Yo sé dónde es, pero no estoy seguro de que lo que él dice se pueda hacer” dije yo en el siguiente semáforo con el Fabia a 3000 revoluciones por minuto, que más parecía un calorro que un pobre emigrante. Y ya en el lugar donde teníamos que girar a la izquierda, dije “es que no se ve si la raya es continua o no, porque el asfalto está mal” con el Fabia de nuevo a 3000 y con la dirección dura, mientras esperaba que no viniera nadie por ninguno de los carriles en sentido contrario, temiendo en mi fuero interno que el Fabia se negara a cruzar. “Y lo malo es que eso es una comisaría de policía” añadí señalando al edificio que teníamos enfrente.

“¿Me deja los papeles?” dijo el señor que iba a formalizar la entrada del Fabia. “No tenemos” dijo BridgetJones “pero él ha estado aquí antes”. “Menos mal que no ha preguntado nada más” me comentó en un aparte “porque si no, a ver cómo se lo explico”. “Un folleto, dije yo, podemos hacer un folleto contando la historia, en varios idiomas; y al que pregunte, se lo damos”.


(*): Era de día pero estaba nublado. Las luces no hacían falta para ver el camino, pero en esta república es obligatorio llevar las luces de cruce encendidas a cualquier hora del día o de la noche.

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7 respuestas a 3000 revoluciones

  1. Paula dijo:

    Oh, yo también he querido hacerlo siempre. Pero no, no lo he hecho, no tengo lo que hay que tener (¿piernas?).

    Qué clase tienes, eres un expatriado con intérprete, y a cambio solo tienes que meter lavadoras en minicoches.

    Ahora, lo que no puedo entender, pero nada de nada de nada (de nada) es que tenags el cohe sin moverse tanto tiempo. En serio. ¿Por qué? ¿Por qué? Espera, repito, ¿qué puede llevar a alguien a no usar en meses el coche?

    No es como si lo cogiera para ir hasta a por el pan (mi novio sí), pero oye, no sé, minimísimo 4 usitos a la semana se trae. Vale, 2 ó 3 si estás en la checa, no sé… ¡¿¡Pero meses!?!

    PD: Sí, sí, lo de las luces lo sabía, que lo decía la Lonely Planet.

    • A lo mejor es que por tu tierra no hay cafeterías con ventanas de suelo a techo 🙂 Busca una y ya serás como BridgetJones y yo… y casi como Papá Noel.
      Yo no soy un expatriado. No tengo tanto glamur como ellos. Soy un pobre emigrante, bien lo dijo mi madre (mira la primera entrada de todas). Y de todos es sabido que la vida de emigrante es muy dura. El Fabia en sus buenos tiempos, llevó más que una lavadora. También hizo una mudanza, un sábado por la mañana que es cuando se hacen las mudanzas. Con bicicleta y hámster incluidos, para que no faltara de nada. ¡Cuántas cosas ha vivido el pobre Fabia! Para terminar así, sin batería, repudiado en un aparcamiento cualquiera. Él, que es como mi hijo. El que nunca tuve y nunca tendré.
      ¿Que por qué? Porqués hay muchos. No sé por dónde empezar a contar: papeles, seguro, ITV, RUEDAS DE INVIERNO. Que esa es otra. No sé si lo dirá la Lonely Planet, pero de noviembre a abril hay que cambiarle las ruedas a los coches y ponerles neumáticos de invierno. De lo contrario, multa en el mejor de los casas; inmovilización del vehículo en el peor. Y como ves, el Fabia cumplía con todos los requisitos. Creo que no cumplía ni una sola normativa vigente. Además, como el Tesco está justo abajo, ni la excusa de ir al súper vale para darle un paseíto. ¡Qué mal invierno ha pasado el pobre!

      • Paula dijo:

        Mmmmm, caballero, en mi casa las ventanas van del suelo al techo. Pero no tengo tendencias suicidas (todavía).

        Y digo más, antes de la mudanza, mis ventanas iban del suelo al techo, y vivía en un piso 20.

        Por eso yo no puedo hacer como Bridget, a la que adoro desde ya (y desde antes, cuando te lio para lo de la lavadora).

        Fijo que es porque es un Fabia bicolor, con el techo todo guapo, si no, no hubieras podido con la lavadora.

        No sé si lo dice la Lonely, servidora fu en mayo, y una pasa de inviernos en esas fechas.

        Pero a lo que yo venía (jolín, si es que solo venía a decirte eso y mira cómo acabo), retiro lo digo, no eres un expat, y digo más, no eres un pobre emigrante, eres un ilegal, ¡¡tienes el coche sin papeles!!

        Un beso!
        PD: Lo del Tesco no es excusa para abandonar a un coche. Mi madre (sí, no mi padre), novio y ex siempre me enseñaron que un coche es un amigo y que tiene que ser más importante hasta que una novia (al menos si esa soy yo).

      • Si es que no sé cómo se me ha ocurrido pensar que tú no tienes unas ventanas glamurosas. ¡Faltaría más viviendo en un edificio con portero y con una cocina con horno de verdad! Yo no te incito al suicidio, Dios me libre, pero busca un sitio para realizar tu sueño. Que luego, de mayor, salen los traumas y para qué queremos más.
        A BridgetJones le pasa como al taster. Tiene más seguidores que el que se curra todo esto. O sea, yo. Pero bueno, qué le vamos a hacer, la vida es así de ingrata. Y el Fabia, que también tiene muchos fanses, no es bicolor. Tiene ese defectillo el pobre. Pero bueno, a ver si algún día domino el idioma y puedo engañar al seguro que me pinte el techo blanco 🙂 o una bandera o el escudo del Kometa Hockey Club.

  2. Paula dijo:

    Oh un Fabia que no es bicolor, ¡¡por eso no tiene la ITV pasada entonces!!

    Pero bueno, que yo he venido a decir que no es cartón, ¡¡es pizarra!! ¡¡No es cartón!! ¡¡Madre del love hermosísimo!!

    PD: Claro, si tuvieras un Facebook no privadísimo, esto habría ido a echártelo en cara allí, pero no, sigo acumulando caracteres para apropiarme de esta carretera.
    PPD: ¡Alerta Cobra a tope!
    PPPD: Negaré haber sido yo la autora de pepedé.
    PPPPD: ¿¿No va y me dice el tío que es de cartón mi vaso??

  3. Noema dijo:

    Me ha gustao eso de que el expatriado es el emigrante pijo. Jaja, qué verdad.
    ¿Habrá continuación de esta historia?

    • Pues sí, me hace gracia la gente cuando dice que son “expats”… y no son otra cosa que emigrantes. Como uno mismo. A lo mejor la vida de expat es menos dura que la de emigrante 🙂
      La historia del Fabia es la historia de nunca acabar. Seguro que hay más capítulos, aunque sea en el otro extremo de Europa.

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