Las ventajas de no ir en Fabia

Esta foto no es de esta excusión sin Fabia, sino de otra con él

Esta foto no es de esta excusión sin Fabia, sino de otra con él

Lo mismo. De hace un par de años, pero no ha cambiado nada :-)

Lo mismo. De hace un par de años, pero no ha cambiado nada 🙂

La ventaja de que el Fabia esté aún en estado alegal, es que las excursiones hay que hacerlas en transporte público. De esa forma se cuida del medio ambiente y se puede beber cerveza porque no hay que conducir (todo el mundo sabe que aquí la tasa de alcohol es 0,0). No hay mal que por bien no venga. “¿Y allí como se va, en Fabia ilegal o en tren?” me preguntó Pintoresco. “Pues en tren, en Fabia no que encima es autovía” le respondí.

Pues allí nos plantamos los dos, en Olomouc. Una vez más. Para mí esta es la cuarta visita y para él la primera. Si es que el gobierno checo debería pasarme una pensioncita por hacer de guía turístico. “No tengo ni idea de dónde estamos, pero se ve la torre de la catedral, así que si vamos hacia allá, llegamos al centro” dije yo cuando salimos de la estación de tren. Eso hicimos, y nos pusimos en camino ayudados por mi intuición y el GPS del teléfono de Pintoresco. Yo nunca había estado por esa zona, y me sorprendió. Parece que lo han arreglado todo no hace mucho, y la avenida desde la estación hasta el centro ofrece un aspecto luminoso, limpio y diáfano. La verdad es que el día acompañaba: el sol se había dignado a dejarse caer por allí.

El casco histórico de Olomouc se compone, como todos los cascos históricos del mundo mundial, de callejuelas estrechas y zigzagueantes que desembocan en dos plazas: la plaza Alta (Horní naměstí) y la plaza Baja (Dolní naměstí). Nosotros fuimos a parar a la baja, que es donde están las fuentes barrocas. La última vez que estuve, hace dos veranos, la plaza estaba patas arriba. Ya está terminada la reforma, que parece haber consistido en la nivelación del suelo, con lo que hay menos riesgo de darse un traspié y desollarse las rodillas. Me parece que las fuentes no las han tocado o como mucho un pasavolante.

“Uy, no me había dado cuenta de que allí hay un teatro” dije yo cuando pasábamos de la plaza baja a la alta, echando por tierra mi reputación como guía. “Creo que no me voy a fiar de ti, porque un guía que no sepa que hay un teatro, ni es guía ni es nada” dijo Pintoresco para reafirmar mis habilidades. Después de eso, no tuve más remedio que acercarme a la oficina de turismo y pedir folletos. Y un mapa, que nunca falte.

Después de comer un gulaš (a las 11 y algo. Mis índices de chequismo están alcanzando límites preocupantes) andábamos merodeando por la columna principal de la Plaza Alta, declarada Patrimonio de la Humanidad, la columna no la plaza, cuando un señor no sé si disminuido o indigente, o ambas cosas, se dirige a nosotros en inglés. Hace ya mucho tiempo que dejé de confiar en el arma, hasta ese momento infalible, de decirle a los pedigüeños que soy extranjero y no entiendo checo porque más de una vez han empezado a hacer sus ruegos y peticiones de ayuda económica en un perfectísimo inglés. Se ve que la necesidad aprieta. Pero este no pedía nada, sino que inspirado por la cámara de Pintoresco y la monótona tarea de la contemplación de turistas, pretendía entablar una conversación técnica y erudita, cuya premisa principal era la, a su entender, nula necesidad de hacer fotos a altísima resolución cuando el monitor jamás reflejará tal calidad, debido a sus limitaciones técnicas. Como no era cuestión de enfangarse en una discusión sin sentido, abandonamos la escena como los dos turistas desocupados que éramos. “¡Qué pintoresco ese hombre! Sólo atraes a gente pintoresca, como el mejicano del otro día; qué personaje el mejicano. Dios los cría, y ellos se juntan” dijo Pintoresco en cuanto dimos unos pasos. Me han llamado muchas cosas en esta vida de tantos escalones, pero pintoresco nunca. Y por una simple regla de lógica de 3º de BUP, si yo soy pintoresco, y atraigo sólo a pintorescos, él es Pintoresco.

“Va siendo hora de un café ¿no? Y luego subimos a la torre del ayuntamiento, que es a las 3” sugerí yo, o más bien impuse. Después del café vino una cerveza. Y luego otra. “Creo que no vamos a subir a la torre. No te veo con muchas ganas – dije yo cuando íbamos por la segunda- pues cuando terminemos esta, vamos a la catedral” Pero no, no fuimos. “Te veo muy lanzado” dije yo cuando Pintoresco asintió con una sonrisa malvada al ofrecimiento del camarero.
“Oye, al final lo único que hemos hecho ha sido darle vueltas a la plaza” fue mi comentario de guía herido en su orgullo. Las ventajas de no ir en Fabia.

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4 respuestas a Las ventajas de no ir en Fabia

  1. Paula dijo:

    Pues vamos mal si para empezar a hablar de las ventajas de no ir con el Fabio, encabezas con una foto cedida por el mismísimo checo de italiano nombre…

    No sé si me convences…

    Naměstí, qué gran palabra.
    Eso sí, indignante no subir a la torre. ¿Qué es una excursión, viaje, o lo que sea, sin subir al edificio más alto de la zona sufriendo un montón de escaleras?
    Si no has subido, no has estado. A mí me encanta hacérselo al taster después de comer, después de que en el faro de Biarritz descubriera que tiene menos aguante con las escaleras incluso después de comer. A lo cual no le veo mucha lógica. Por comer tan poco…

    Saluditos!!!!

    PD: Me da la risa a lo bestia, porque a mí estar e nestado alegal me pone nerviosísima, como hacer trampas y cosas de esas.
    PPD: Dios, recuerdo cuando al segundo de día de tener el coche nuevo, mi novio (quiero decir, el taster) y yo nos dimos cuenta de que estábamos pateándonos (quiero decir, rodándonos) todo Madrid sin seguro. Él siguió tan tranquilo, pero yo iba con los que no tengo de corbatita.
    PPPD: Búscame uno alto en Burdeos, que nos llevamos a nuestro Fabio no Skoda de viaje!!
    PPPPD: Y no, no es un Skoda, pero no es un pijocar, es un coche macarra, porque el taster sigue llevando dentro uno con diez años menos que los que calza.

    • ¡Ay, Paula! Las fotos no son cedidas por nadie. Originales, hechas con mis propias manos y mi más que básica y moribunda cámara. Eso sí, hace dos veranos, con una visita que tuve.
      Que conste que en mi primera visita a tan insigne ciudad, no comparable a Biarritz (siempre ha habido clases: los pijos van a Biarritz, los pobres vamos a Olomouc), subí no sólo a esa torre, sino a otra más rudimentaria, menos elaborada y más agotadora a la hora de subir.
      MiEx siempre protestaba cuando yo me empeñaba en subir a una torre. Porque es obligatorio cuando se está de turismo. Sólo se libró en Riga, porque estaba cerrada. Pero yo sentía que me faltaba algo, que la visita no estaba completa. Y miraba la torre desde la lejanía con deseo y lujuria.
      No, no puedo imaginarte en un coche tuneado. No puedo. Necesito una prueba gráfica para creerlo 🙂

  2. Paula dijo:

    Sé que soy difícil de seguir, pero el checo (Skoda) de italiano (Fabio) nombre (juego de palabras estúpido con Fabia) no es otro que tu alegal. De ahí que le achaque la cesión a nadie, claro xD

    Ah bueno, si subiste, tú sí has estado, el que no puede computar la visita es Pintoresco xD
    Pero tú, tú sí que sabes, claro que sí, ¡¡¡subir es obligatorio!!!

    PD: No me imagines, no, que el coche no está tuneado, es macarra de corazón (igual que el taster, que lleva dentro un conductor macarra por más años que pasen).
    PPD: De hecho eso no lo quitan los años, ahí ves a mi padre, con su corbata y su barba, y también lo lleva dentro.
    PPPD: No voy a confesar lo de mi madre, que con una señora fisna es peor.
    PPPPD: Hola??? No voy a Biarritz al casino. Sepa usted que no tengo apellido compuesto!!!

    • En el fondo todos somos un poco macarras y calorros, por muy fisnos y elegantes que parezcamos ser. Fíjate yo, poniendo en Fabia a 3000 revoluciones en un semáforo 🙂 Muy fisno pero no hay torre que se me resista, ya sea de iglesia, castillo o ayuntamiento. Pintoresco parece que prefiere la cerveza checa (no me extraña) a disfrutar de una vista panorámica. La verdad es que las dos cosas no son incompatibles, y se puede disfrutar de las dos. Lo tengo que llevar por el camino, que nunca es tarde.
      Que sepas que škoda, además de un insigne apellido de esta república que yo sé que te gustan, significa pena. Así que te pongo en bandeja un juego de palabras facilón 😛

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