La caída del mito

El parque

El parque

La banda de música del cuerpo de bomberos

La banda de música del cuerpo de bomberos

Bomberos de calendario... de época

Bomberos de calendario… de época

¿Futurista? El diseño comunista asombraba al mundo

¿Futurista? El diseño comunista asombraba al mundo

La piscina me da mucho juego para escribir entradas en vuestro blog de cabecera. Si a eso le añadimos que esta república va ganando la batalla y va haciendo de mí poco a poco un checo más (¡Virgen de Regla, no sé cómo me atrevo a escribir esto!), y además que cada día me asombro menos de lo que pasa a mi alrededor, tenemos como consecuencia que los temas para escribir entradas empiezan a escasear. Además, tengo abandonada la investigación sobre la cocina checa, a pesar de que me compré el libro “Los tesoros de la cocina clásica checa” del reputado cocinero Roman Vaněk (en checo, no hay otro idioma disponible).

El título de esta entrada no se refiere a que ahora coincida con el cuerpo, y cuerpos, de bomberos en la piscina como coincidía con los ejércitos en un pasado no tan lejano. No, nada que ver. Lo que ocurre es que cuando hace buen tiempo, que son las menos veces todo hay que decirlo, cuando salgo de la piscina me doy un paseo: voy hasta el centro andando atravesando el idílico y espectacular parque de Lužanky. El domingo pasado fue uno de esos días soleados, de temperatura agradable, que invitan a disfrutar de Brno a paso lento.

Cuando llegué a la piscina, temprano como ya todo el mundo sabe, un camión de bomberos, muy rojo él, muy brillante él, muy limpio él, paró en lo que podríamos considerar acera pero que en realidad no lo es, frente a la piscina. Se detuvo como el que tiene que parar por una emergencia, porque el conductor tiene que comprobar algo o ha oído un ruido extraño. Los dos bomberos que iban en el reluciente camión, debidamente uniformados, se bajan de él con un bote de espray parecido a los que se usan para hacer grafitis y empiezan a aplicarlo sobre las cubiertas de las ruedas. Quedaron tan relucientes como el resto del camión. Debo añadir que también estaban muy limpias, sin rastro de polvo ni barro. ¿Para qué querrán las ruedas brillantes? Me pregunté yo a mí mismo, mirando la escena con asombro y discreción a través de las gafas de sol. A ellos no les dije nada, claro.

Yo me fui a lo mío, que es nadar, con una calle para mí solo. ¡Quién va a ir a la piscina un domingo a las 9 de la mañana! Es la ventaja de ir dejando con esfuerzo y dedicación la vida disipada y disoluta: uno se acuesta a una hora decente el sábado y el domingo puede disfrutar de la piscina como un cliente V.I.P. En fin, que como decía antes, una vez relajado por los largos en la soledad más infinita, me di el consabido paseo para disfrutar del sol mañanero. Así, poco a poco y pasito a paso, llegué a Moravské Náměstí y enfilé la calle que une esta plaza con Náměstí Svobody. Fue entonces cuando el mito cayó, se derrumbó.

Me pregunté (yo me hago muchas preguntas, como podéis ver) qué pasaba en la plaza. Últimamente, cada fin de semana hay algo y el escenario que montaron cuando Ignis Brunensis empezó, sigue allí. Y lo usan. La semana pasada la Orquesta Sinfónica de Brno tocó canciones de los Beatles, acontecimiento al que no asistí a pesar de la invitación de BridgetJones. Bueno, que me voy por las ramas. Había una exhibición del cuerpo de bomberos. Del cuerpo antiguo, en los dos sentidos que puede tener la expresión, como se aprecia en las fotos. Había una especie de exhibición sobre la evolución del parque de bomberos de Brno y alrededores, desde los tiempos en los que los coches iban tirados por caballos, hasta nuestros días. Los caballos también estaban, y en el centro de la plaza cogían carrerilla como si tuvieran una alerta. Por más que me fijé, no conseguí adivinar dónde llevaban el agua para apagar el fuego (no ahora, que no hacía falta, sino allá por los años 20, que imagino que no habría agua corriente ni tampoco un surtidor en cada esquina). Y el mito cayó porque los bomberos también eran de la época, o casi. Nada que ver con los de los calendarios, ni los de las películas. Ni siquiera con aquellos que ocupaban el parque de bomberos de Almería, que está casi enfrente de donde yo vivía. Eso sí, hacían las delicias de la chiquillería que subía y bajaba de los diferentes vehículos y sobre todo de uno de ellos al que le habían añadido un tobogán hinchable.

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2 respuestas a La caída del mito

  1. Paula dijo:

    ¿¿Tienes ese libro lleno de k, k + y y de extraños sombreritos sobre las letras y no nos traes una receta por largo de piscina??

    No me lo puedo creer, tener tanto poder, y no compartirlo con nosotros…

    La entrada, no sé por qué, y en parte por todo, me ha recordado al valeroso soldado Svejk (con un sombrero raro en la S). Así que no me puedo tomar en serio al (antiguo) cuerpo de bomberos (antiguos).

    PD: De robahipopótamos madrugadora a piscinero madrugador.

    • Desde luego el cuerpo de bomberos no es para tomárselo en serio. Ni los antiguos ni los modernos, que la mayoría tienen su barriguita cervecera… al menos los que andaban por allí.
      Algún día me pondré a sacarle brillo a esas recetas llenas de palabas sin vocales y letras con todos los tipos de acentos. Pero es que me hace falta muuuucho ánimo 🙂

      P.D.: es lo que tiene dejar la vida disipada y disoluta, que uno sigue con el despertar de entre semana.

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