Un día histórico

Sí, lo sé. Parezco un preso de película

Sí, lo sé. Parezco un preso de película

15 de agosto de 2014. Una fecha que figurará con letras de oro en los anales de la historia. Ni el descubrimiento de América, ni la constitución de la primera república checoslovaca, ni la caída del comunismo, ni la ocupación del sillón de San Pedro por un cardenal argentino. Ninguno de estos hitos históricos es comparable en importancia a lo ocurrido el 15 de agosto de 2014, día de verbenas en la mayoría de los pueblos de España.

“Oye me tienes que echar una mano como traductor” le dije a ComoUnaOla. BridgetJones anda por esos mundos de Dios, y no es cuestión tampoco de abusar de su generosidad. “El miércoles cierran a las 5 y media, los otros días a las 12, así que ¿vamos el miércoles?” continué diciendo. Ya de paso le pedí que cogiera cita previa para aquel evento. Yo fui incapaz de encontrar en la página cómo se hacía. Ni usando el traductor de San Gúgel. La cogió para las 3 y media, así que allí nos plantamos los dos. El problema era que él no sabía exactamente qué ventanilla o servicio era el que se encarga de estas cosas, así que solicitó la cita para el que creyó conveniente. “Es esta ventanilla -dije yo cuando llegamos- y está el hombre de siempre”. “Pues yo no la he pedido para esta” comentó él. El caso es que ninguno de los dos teníamos ni idea, así que pulsamos en cada una de las opciones de la máquina de los números con la vana esperanza de que nos diera uno cercano al que marcaba la ventanilla que nos correspondía. Ninguno, nada. La máquina para estas ventanillas estaba en la parte opuesta del hall. Eso lo descubrimos porque el señor nos lo dijo con las cajas destempladas.

ComoUnaOla no sabía muy bien a qué se enfrentaba, porque aunque conoce la historia surrealista de la alegalidad del Fabia, no la ha vivido en sus propias carnes como sí lo ha hecho BridgetJones. Y, claro, tampoco sabía cómo se las gasta el señor de la ventanilla. Un claro indicio de sus ganas de colaborar, de su amabilidad, de su saber estar, de su educación y su urbanidad, fue el cambio de expresión cuando ComoUnaOla le dijo que su amigo (yo) es extranjero y no habla checo, y que él también lo es pero algo lo habla. Le contó a qué íbamos allí, mientras yo sacaba el formulario ya relleno (el mismo del año pasado, que aún lo conservaba) y los cienes y cienes de papeles, documentos y certificados que he ido acumulando durante esta larga e inacabable trapisonda. Yo tenía el corazón en un puño porque la revisión del coche (STK) tenía ya casi un año, me temía que la rechazara y me obligara a pasarla otra vez. Pero no fue eso lo que le llamó la atención. “¡Ya estamos!” pensé yo cuando el buen señor dijo que el nombre en el formulario no se correspondía con el del rodné číslo. En una fracción de segundo yo ya había pensado los argumentos para defender aquellos documentos, legales y oficiales de dos países diferentes. En la tarjeta de residencia sólo figura el nombre y primer apellido. En la solicitud yo incluí el segundo apellido. “Es que si te para la policía, no te van a encontrar en el sistema” argumentó el señor. “La policía ya me conoce” pensé yo. Miró la fotocopia de mi DNI (nuevecito de la pasada navidad, con foto reciente) y preguntó con extrañeza y mirándome fijamente a la cara “¿este eres tú?” y reparó en que allí figuraba el insigne apellido que mi madre aporta a mi nombre completo, e hizo un círculo a su alrededor. Yo me temía lo peor: que me obligara a ir de nuevo a extranjería y modificar mi inscripción como emigrante. El corazón me latía a todo lo que podía y más. Porque el señor no atiende a razones, que yo ya lo conozco. Pero no, parece que ese día él no tenía ganas de complicaciones y simplemente tachó mi segundo apellido de la solicitud. Revisó por encima los documentos que se adjuntaban, me devolvió algunos de ellos (como decía, yo tengo muchos documentos, más que nadie, y parecía que algunos inútiles), cerró la carpetilla y la puso junto con otras. “El viernes pueden venir a recoger los nuevos documentos” dijo el señor señalando las otras dos carpetillas que tenía allí. El trabajo se le acumulaba.

Para celebrar que el fin del culebrón estaba cerca, fuimos a tomarnos unas cervezas, que ya era hora (las 5 de la tarde más o menos). En mi ingenuidad, esa compañera inseparable que yo tengo, creía que el viernes me darían los documentos checos y la placa de matrícula, y que sería un trámite de lo más fácil y liviano. Así que yo estaba más contento que unas pascuas. Toda esa alegría y excitación se desvanecieron el viernes a las 10 de la mañana. Allí estábamos de nuevo los dos, con nuestro número correspondiente, delante de la ventanilla. “Oye, yo por aquí no veo en ningún lado el número de la nueva matrícula” le dije yo a ComoUnaOla cuando el señor me dio los papeles checos. “¿Lo queréis registrar?” dijo el señor cuando ComoUnaOla le preguntó. “¡Pues claro, para qué si no me he metido en esta lucha!” pensé yo con la paciencia casi agotada. “Es en el otro lado del hall” aclaró. Pues allá fuimos. Sacamos el número correspondiente, que esta vez la máquina sí está en el lado que le corresponde: 169. Iba por el 140. Llegó nuestro turno, y ComoUnaOla le contó a la funcionaria nuestras penas. Empezó a pedir papeles. “Falta el certificado de emisiones y el certificado técnico” dijo ella. “Todos los documentos los tiene el otro señor” dije yo. “Es uno con un sello rojo en la parte superior, y otro con un sello verde” aclaró ella, como si eso sirviera de algo. “Oye, el de la otra ventanilla te devolvió el otro día unos papeles, ¿los tienes?” me recordó ComoUnaOla. “Sí, pero en mi casa”. Esto sucedía a las 11 menos diez, cerraban a las 12 y el mini-piso está en la otra punta de Brno. “Pues por intentarlo no perdemos nada” dije yo. Llegamos de nuevo a la oficina a las 12 menos 10 pero ya no daban más números. ComoUnaOla habló con el señor de información y consiguió ablandar su corazón. Nos atendió una funcionaria más joven que la anterior, con tanta prisa y tantas ganas de terminar e irse, que ella misma rellenó el formulario y yo lo firmé, obediente. Estaba trasteando en el ordenador, introduciendo los datos correspondientes y yo veía que escribía mi nombre, miraba a la pantalla y ponía cara de extrañeza. Escribía el primer apellido, e igual. Al final, iba a tener razón el de la otra ventanilla: no me podrían encontrar en el sistema. Pero sí, al final aparecí. Así que la buena funcionaria, con mucha prisa e impaciencia, imprimió cosas en los documentos que el otro señor me entregó, puso miles de sellos y firmas en esos mismos documentos y me los entregó junto con la placa de matrícula, a la que ya le había puesto sus pegatinas de la STK, una roja y otra verde.

“Te invito a comer a mi casa -le dije a ComoUnaOla-. Voy a hacer pechugas de pollo con miel”. “Oye, la placa con las pegatinas de la ITV, ¿van delante o detrás?” me preguntó como quien se pregunta a sí mismo. “Pues creo que delante” dije yo. “Es que, mira, todos los coches la llevan detrás” replicó. “Yo creo que van delante” repliqué muy convencido de lo que decía y a pesar de la evidencia. Una muchacha que iba sentada frente a nosotros en el tranvía, nos miraba y sonreía. “Perdona, ¿tú sabes por casualidad dónde va cada una?” le pregunté yo. “Creo que la de las pegatinas va detrás” dijo ella. Entonces yo empecé a fijarme en los coches que pasaban. Sí, va detrás. “¿Y la matrícula como se cambia?” pregunté yo, sacando a la luz otra de las cuestiones que no nos habíamos planteado. “Pues no sé, ahora miramos en Youtube” dijo, convincente, ComoUnaOla.

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8 respuestas a Un día histórico

  1. Paula dijo:

    Oh, qué emoción, ¡¡felicidades!! Qué genial poder tunear el coche con otra matrícula, aunque el 9 y el 8 están en la lista de mis números menos favoritos, aunque fuera por descarte (me gusta el 6, el 22, por tanto me cae bien el 2, también el 1 y el 7, el 3 me resulta algo simpático, y luego ya si cogemos 4, 5, 8 y 9, decae la cosa).

    Al lío, buenobuenobueno, veo que manejas, ¿nos puedes conseguir a nosotros una matrícula alemana? Siempre la hemos querido con el escudo de Bayern, y a ser posible de Múnich. La tenemos mucho cariño.
    Mira a ver qué puedes hacer, anda 🙂 Ya sabes, con algún 2 o algo 🙂

    PD: Hombre, ya si me echas una mano para trabajar en esa oficina que cierra a las 12, te invito a unas pipas con el café, y todo.
    PPD: Ah, bueno, que vieno las pegatinas de la ITV, no quedan tan mal en la matrícula, ¡mucho mejor que en la luna! A no ser que tengas una matrícula con el escudo de Bayern, esa no quieres mancillarla.
    PPPD: Bridget está de vacaciones, la finlandesa de palo está de vacaciones, las oficinas checas cierran a las 12, ¡dime que no estás de vacaciones! Dime que no soy la única que mañana tiene que ir a trabajar.

    • Paula dijo:

      Vieno es viendo, que este otoño me voy a Viena y se me juegan estas malas pasadas.
      PD: No era intencionado, pero sí, ha acabado siendo un “todoestoparadecirmequetevasaviena”

    • Sé que te voy a alegrar el día, pero yo mañana también me tengo que levantar temprano, muy temprano. A hora checa, recién amanecido con eso lo digo todo 🙂 Que conste que en esa oficina terminan a las 12 ¡todo el año! Claro, como trabajan sólo de 8 a 12, hay por lo menos 10 ventanillas para lo mismo. Yo creo que pueden abrir otra más para ti. Además, los pobres emigrantes que tengan problemas con su coche, no lo tendrán con el idioma, que yo sé que tú dominas muchos 😛
      Yo creo que las pegatinas de la ITV se ponen en la matrícula (la de atrás, que quede claro) porque en la luna hay que dejar sitio para las pegatinas de las autopistas. Ya sabes, como es un país tan pequeño que si te despistas te sales, necesitas pegatinas diferentes cada 100 km. ¡Una lucha que jamás voy a ganar!
      Yo, que ya soy un experto en matricular coches, puedo ayudarte con eso del escude del Bayern. Me coge un poco a trasmano, pero haré lo que pueda. Aunque también puedo buscar las pegatinas del “lander” y enviártelo. Tú lo pegas, y ya está.
      ¡Viena! Miedo me dan las recetas posteriores al viaje. Porque vas a entrar en todos los “Merkur” que encuentres. Y en esos sí que hay variedad, no en los Tesco.

      • Paula dijo:

        En los Merkur y en los Billa, que les tengo mucho cariño.

        ¿En Austria hay Tesco? Nunca lo he visto… A la otra parte del extinto imperio también vamos, ahí sí sabía que había Tesco, pero pensaba que había variedad, ¿no me digas que tengo que buscar qué supermercado pijo hay en Budapest porque el Tesco no me vale para explotar la maleta y que el taster tenga que dejar allí sus zapatos?

        PD: Me pido la ventanilla, ya desde allí gestionamos lo de mi matrícula bávara…

      • Por suerte para ellos, en Austria no hay Tesco. Lo decía por el de abajo, el que está en los bajos del mini-piso. Sólo hay bebidas (cerveza, sobre todo).
        La verdad es que no sé que supermercado es pijo en Budapest, pero Billa seguro que hay 🙂 Y, con un poco de mala suerte, Carreful (por lo menos en Eslovaquia y Polonia está).
        P.D.: ya veremos como lo hacemos, que aquí odian un poco a los alemanes. Alguna solución encontraremos, alguna

  2. Paula dijo:

    Va, venga, ¡¡cuenta la del Tesco!!

  3. Paula dijo:

    No, no, no hay Carreful.

    Sepa usted (porque ahora nos tratamos con distancia, ¿no?), que cuando viajo a un país, hago lo siguiente:
    http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_supermarket_chains_in_Europe

    Elijo el país que neSeCito, y a partir de ahí ya solo es ver cómo el taster tiembla.

    Dios, estábamos tan emocionados en casa con lo de tu matrícula, que el otro día el taster vino a verla, pero seguimos esperando que nos consigas una bávara, y un puesto en la oficinita esa.

    PD: Sí, es un desconsiderado, viene, chupa matrícula y se va, sin decir hola, ni nada, y tú tan defensor que eres de él…
    PPD: ¿Qué te parece mi nivel de sofisticación a la hora de buscar puntos de venta? ¿Soy o no soy? Que me voy a las islas Feroces, pues hale, ahí tengo toda la lista…
    PPPD: Va, que si cuentas la del Tesco, comenta…
    PPPPD: ¿Odian a los alemanes? Pues en un restaurante en Praga un día (¿o fue en una tienda?) se empeñaban en hablarme alemán cuando quise hablar inglés, y empeñadito como si me hiciera un favor por hablar alemán, porque claramente, yo era alemana para él. Supongo que, mientras hacía esto, se cagaba en todos mis antepasados, si saber que no eran germanos, sino chicarrones del norte (de España) o del sur (de Europa).
    PPPPPD: Ten en cuenta que para el taster una matrícula es un objeto de culto. Es el típico macarra que, en su dormitorio, tiene (no colgada, al menos no es un macarra de instituto) la matrícula de su primer coche (sí, el Ibiza que pasó año y medio en el garaje), porque ni de coña iba a dejar que se lo llevasen con todas las piezas (vamos, que no sacó un asiento y lo puso en el salón de casa, porque su madre le echaba y yo no le acogía.
    PPPPPPD: Me veo en el futuro con nuestra casa, nuestros dos gatitos, y la matrícula del Ibi colgada en la pared del salón.

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