Sin más luz que la del día

Siempre me han gustado las piernas velludas

Siempre me han gustado las piernas velludas

La foto no de ahora, sino de la primera vez que estuve

La foto no de ahora, sino de la primera vez que estuve

“¿Qué haces este fin de semana?” le pregunté a Ultramar, que estaba pasando un par de semanas en esta república para hacer su trabajo. No es que el resto del tiempo no lo haga, que lo hace y muy bien, pero no lo hace aquí. “No tengo planes” contestó. “¿Qué conoces de los alrededores de Brno?” le pregunté. “Pues no gran cosa” respondió. “He pensado que podemos hacer un poco de turismo. Tú elijes: Olomouc, o Telč-Třebíč. A Olomouc podemos ir en tren, a Telč y Třebíč mejor ir en Fabia”.

El sábado, que el pronóstico del tiempo era favorable, me planté en su hotel para recogerlo y plantarnos los dos en Telč y Třebíč. Pero el pronóstico era sólo eso: un pronóstico. En Brno lucía un resplandeciente sol, pero fue dejar mi ciudad putativa y aparecer las nubes que lo cubrían a él y a nosotros, y a los campos, y a la carretera. Vamos, que íbamos de banco de niebla en banco de niebla. “Mira -dije yo cuando nos subimos al coche, señalando la cristalera del hotel- el Fabia tiene una luz fundida. ¿Tú sabes cambiarla?” “Sí, si llevas una de repuesto. Supongo que será como todos los coches” dijo Ultramar muy voluntarioso. “No me atrevería a asegurar que es tan fácil” y le conté, como prueba de mi escepticismo, aquella víspera de Nochebuena en que MiEx y yo fuimos desde Utrera a Chipiona (unos 100 km) en la grúa, debido precisamente a un incidente similar al que nadie supo ponerle solución hasta pasadas tan señaladas fechas.

El caso es que la conversación transcurrió ya con el Fabia en marcha y las gafas de sol puestas que en unos minutos fueron totalmente accesorias. Para no tentar al diablo y a la policía, en lugar de tomar la autovía (que como está en obras el tráfico siempre es una incógnita), tomé la carretera que la bordea y que atraviesa los bosques que rodean al circuito de velocidad. Además, y como corresponde, no llevaba la pegatina de la autopista. Así que mejor no tentarlos.

“No tengo ni idea de dónde estamos, Ultramar, pero es muy bonito” dije yo. La carretera estaba cortada por obras, y tuvimos que seguir un desvío que bordea Třebíč. La niebla hacía rato que había aparecido, y el Fabia sólo contaba con las luces de posición. “Sí, lo es, con la niebla entre los árboles…” confirmó él. Y así, sin más luz que la del día (y escasa), llegamos a Telč. “Uy, por aquí no es por donde yo suelo aparcar, pero creo que sé dónde estamos. Vaya, encima hay que pagar” dije yo cuando, siguiendo las señales que indicaban un aparcamiento, llegamos a él. Pero en seguida me situé: estábamos justo en el lado opuesto por detrás del castillo. “Si hubiéramos entrado por el otro lado de la plaza, se ve más impresionante” comenté cuando entramos en ella. “Pues desde aquí es preciosa” dijo Ultramar. En fin, que hicimos la visita turística de rigor ejerciendo yo de guía. Me gusta aconsejar estos dos pueblos porque están un poco a trasmano de los sitios turísticos más comunes, y bien merecen una visita.

“Oye, ¿te atreves a cambiar la bombilla del Fabia?” le pregunté cuando ya estábamos de vuelta en el aparcamiento. No era cuestión de seguir tentando a la policía. “Si tienes una de repuesto, por supuesto que sí” contestó él muy dispuesto. “Pues supongo que sí tengo, nunca se han fundido y no he tocado el kit que me dieron al comprar el Fabia”. Así que con los dedos, el ingenio y la fuerza como únicas herramientas, Ultramar se puso a la tarea. Y lo consiguió. Ya con más luz que la del día, emprendimos la vuelta con parada en Třebíč. No sé cuánto tardamos en el trayecto Telč-Třebíč, que aunque es una media hora, las obras entorpecen un poco. Pero claro, si queremos carreteras buenas hay que sufrir. Como dice mi hermana, cuando me vaya de esta república la voy a dejar mi arregladita.

Pero aún hay más. BridgetJones cumplió años, y como es ya casi tradición, lo celebramos con una noche en la ópera. Todo sea por abandonar la vida disipada y disoluta. La obra escogida para la ocasión fue Maria di Rohan, de Donizetti. No todo va a ser Puccini. ¡Gran error! Mucha fila 5, que a BridgetJones no le gusta porque le cuesta leer los “sobretítulos”, pero aburridísima. Una historia de amor, o mejor dicho, la historia de una señora algo casquivana (*). No dudo de su calidad musical, Donizetti es un músico de prestigio desde hace un par de siglos, pero lo que se dice el libreto deja mucho que desear. Si es que ya lo decía la wikipedia: En las estadísticas de Operabase aparece con sólo 3 representaciones en el período 2005-2010. Y lo entiendo perfectamente.


(*)Me encanta la definición que de casquivana da la R.A.E.: Mujer que no tiene formalidad en su trato con el sexo masculino

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