Crónica de un fracaso (Španělský ptáček)

Španělský ptáček

“Por eso me gustan los españoles. Son tan abiertos que son capaces de cocinar comida local sin saber el idioma” me dijo hace mucho tiempo uno. No creo que él mismo se creyera lo que estaba diciendo, porque el comentario estaba provocado más que por mi seductora belleza, mi arrebatadora personalidad y mi encanto sin igual, por sus hormonas que estaban pidiendo guerra. Pero algo de verdad debe haber en esa afirmación porque este mundo de la blogosfera me ha permitido conocer algunos emigrantes españoles que son capaces de hacer eso que decía mi pretendiente: comida local sin hablar palabra del idioma. A lo mejor no es que seamos abiertos, sino que no tenemos temor de las ollas, sartenes y pasapurés. Pero uno se apaña, y busca aquí y allá cómo meterle mano a ese plato que hemos probado en el restaurante, o del que tanto nos han hablado. Lo malo es que, como no se habla el idioma, no podemos llamar a la suegra y preguntarle “Lenka, ¿cómo hace usted el Španělský ptáček?” No, no se puede. Y uno mira y remira en los libros que tiene, busca en internet, ve vídeos en youtube o le pregunta al novio, que por regla general no tiene ni idea. Pero aún así, uno se mete en el fregado. Y claro, de ahí puede salir un éxito o un fracaso. En la receta que nos ocupa hoy, ha sido un fracaso. Porque también hay que hablar de ellos. En la cocina no todo son éxitos y comidas suculentas que te salen a la primera. Al igual que aquel pretendiente fracasó pese a las adulaciones, yo he fracasado aquí a pesar de buscar y buscar. Pero eso no le quita mérito a mi trabajo ni interés a la receta. Evidentemente, no recomiendo que se siga la receta que yo pongo, porque es un fracaso seguro. ¿Qué hice mal? ¿Qué ha fallado? No lo sé, pero el resultado no es el que esperaba, ni de lejos. No tiene el sabor ni el color ni el olor de los que yo he comido. Está bueno, pero no es lo que debería ser. Yo seguiré probando e iré informando.
Por cierto, španělský ptáček significa pajarito español. Pero ni es pajarito ni es español. Vamos al lío.

Ingredientes:
2 filetes de ternera que sean hermosos
1 salchicha (según el tamaño, necesitaremos una o dos, luego veremos por qué)
1 huevo duro
1 paquete de bacon en lonchas
Mostaza
Pimentón dulce o picante
1 cebolla
Sal, pimienta, aceite

Preparación: (como yo lo hice y me llevó al fracaso)
Esta comida, como la mayoría de la comida centroeuropea, es contundente. Aquí no se andan con tonterías, así que yo diría que con un pajarito español por comensal habría suficiente. Por supuesto, si somos puristas, debemos sustituir el aceite de oliva por manteca de cerdo, y además ponerle también un pepinillo.
Lo primero de todo es maltratar los filetes de ternera, cuanto más finos mejor, apaleándolos con una maza, para ablandarlos un poco. ¿Quién no se ablanda después de una buena tunda? Los salamos y untamos mostaza por una de las caras del filete. Espolvoremos un poco de pimentón (si es de La Vera, pues muchísimo mejor) y un poco de pimienta. Encima de todo esto ponemos las tiras de bacon.
Ahora viene hacer los rollos. Orientamos los filetes en vertical, es decir, vamos a enrollar por la parte más estrecha del filete. Ponemos la salchicha. Si es muy larga, la cortamos porque nada debe sobresalir por los lados. Ojo con la piel de la salchicha, que no sea muy dura. Enrollamos un poco el filete hasta que cubra la salchicha, y ponemos medio huevo duro. Le damos de nuevo una vuelta al filete hasta cubrir también el huevo. Si ponemos pepinillo, y aun tenemos sitio en el filete, lo hacemos entre la salchicha y el huevo para que al cortarlo quede bonito. Una vez el filete enrollado por completo, lo tenemos que amarrar, si no queremos que todo se salga luego. Con hilo de bramante sería lo ideal, pero con un poco de maña nos valen unos palillos aunque dificultará un poco freírlos.
No, no me he olvidado de la cebolla que figura entre los ingredientes. La picamos muy fina y la refreímos hasta que esté transparente. Cuando ya veamos que está, añadimos los pajaritos españoles y los sofreímos por todos lados hasta que cojan color. Cuando ya están bien marrones, los cubrimos de agua y los dejamos hervir durante aproximadamente una hora, o hasta que estén tiernos. Si nos falta agua, le añadimos. El líquido de esta cocción será la salsa, así que no nos pasemos con el agua.
Sacamos los pajaritos y los apartamos. Con un pasapuré, o en su defecto una batidora, pasamos la salsa para que nos quede fina. Volvemos los pajaritos a su sitio, y reducimos un poco la salsa con ellos dentro. Ya está.
El acompañamiento ideal de los pajaritos españoles es knedliky ¡checo total! Aunque un poco de arroz hervido tampoco le viene mal.

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