Decagramos (Velikonoční nádivka masová)

Velikonoční nádivka masová

Quien haya seguido este blog desde el principio, o aquel que se haya incorporado tarde y haya tenido la santa paciencia de leerlo desde el principio, igual recuerda cuán preparado venía yo a enfrentarme a esta república: un mapa impreso de la página de Vía Michelín, la cafetera Nespresso, un cronómetro de cocina con forma de huevo y color verde, y (lo que es del todo básico) el libro de bolsillo de camisa “Checo para el viajero”, regalo de despedida de MedioNovio. Ese librito me ha sido útil, no tanto porque lo haya utilizado como guía en mi vida diaria, sino porque muchos de los consejos que da, es mejor seguirlos. Yo siempre creí que esos consejos eran mitos, o historias que se venden a los turistas para despertar su interés. Tengamos en cuenta que el susodicho libro es para turistas, no para emigrantes.

A lo que iba. En alguna parte del libro dice que en esta república las medidas son en “deca”: decagramos. Cuando yo leí aquello, se me vino el mundo encima porque durante milenios que yo no había hecho una conversión de medidas; y toda mi vida de maruja usé los kilos, los medios kilos, los cuartos y en algún caso el cuarto y mitad. Me veía haciendo cuentas con los dedos, pasando 400 decagramos a algo que me diera una idea de la cantidad que era. Pero bueno, yo tenía cosas mucho más urgentes y perentorias a las que adaptarme, con lo que esa imagen quedó como un recuerdo lejano. También ayudó el hecho de que nunca he visto en una tienda un precio por decagramos, todo sea dicho. Hasta ahora, porque a resultas de estas búsquedas incesantes de comidas de aquí me he topado de cara con que en muchas recetas las cantidades vienen expresadas en decagramos. Si alguien tiene curiosidad por enfrentarse a este idioma del diablo y a oírlo, pueden ver las tres cosas en esta vídeo receta.

Es la receta del Velikonoční nádivka masová. ¡Virgen Santísima de Regla! ¿Y eso qué es? Pues, de entrada, no es una comida de régimen, ni para comerla sin bebida. Pero está bueno, como todas las comidas grasientas. Como fácilmente podemos deducir por su nombre (esto es una maldad) es carne de Pascua (o Semana Santa, como queramos llamarlo). Según he leído en alguna parte y que ahora mismo soy incapaz de volver a encontrar, con un trozo de esto que no sé cómo llamar, se obsequia a los bambis que van a azotar a las jovencitas el Lunes de Pascua. Supongo que para que con ese hipercalórico bocado se vayan a otro sitio a azotar.

Es muy fácil de hacer, y cortado en cubos tiene muy buena presencia. Ese aroma y ese toque a ahumado le da un atractivo muy especial. En resumen, plenamente recomendable para los duros días invernales, no para esta retrasada primavera checa. Vamos al lío.

Ingredientes:
200 gramos de carne ahumada de cuello de cerdo
200 gramos de pechuga de pollo
2 housky o rohliky
2 huevos
Un poco de manteca de cerdo
Un poco de pan rallado

Preparación:
Que nadie se asuste ni se rinda al ver los ingredientes. No son nada del otro mundo aunque eso de los housky y rohliky suene a algo de otro mundo. No es otra cosa que pan. De hecho, el rohlik es el “pan nacional” con permiso del knedlík. Ambos, los housky y el rohlik, son panes de miga tierna y corteza suave. Por tanto, nos valdría una barra o una baguet. Dos unidades (no sé exactamente cuánto pesa cada una) equivaldría a algo así como un cuarto de barra.

Carne ahumada. La verdad es que no me suena ver carne ahumada a la venta en los supermercados que yo frecuentaba, pero supongo que existirá. Será cuestión de recorrerse unos cuantos hasta dar con ella. En el peor de los casos, nos valdría cualquier carne, pero perderemos el aroma a ahumado. Sí es importante que la carne sea grasienta, como lo es el cuello. Nuestros niveles de colesterol lo agradecerán.

Pues cocemos las carnes (cerdo y pollo juntos y hermanados) en agua con sal, aproximadamente media hora. Todo en un bloque, si la hemos comprado de una pieza. Una vez tierna y fría la troceamos, y poco a poco la picamos un poco, que no quede demasiado deshecha. Queremos que luego se noten los trozos de carne. Reservamos toda la carne picada.
Aparte, cortamos el pan en dados pequeños. Todo, incluyendo corteza. En una taza de desayuno, ponemos los dos huevos, los batimos bien y les añadimos agua de la cocción hasta completar la taza. Mezclamos el pan y el mejunje de los huevos y el caldo en un bol, hasta que el pan esté bien remojado. Si no tenemos suficiente mejunje para que todo el pan se ponga bien tierno, usamos un poco más de caldo. Pero sin pasarse.

Mezclamos muy muy bien la carne picada con este preparado de pan, huevos y caldo. Si tenemos una fuente de esas rectangulares un poco altas, sería estupendo porque es la forma ideal. Embadurnamos la fuente con manteca de cerdo, generosamente, y sobre ella ponemos pan rallado. Esto, por un lado evitará que se pegue, y por otro le dará más prestancia a la cara visible. Volcamos todo el contenido del bol en la fuente, y lo ponemos en el horno a 180 grados (no más, o no mucho más) durante, al menos 30 minutos. El tiempo, como siempre, depende del tipo de horno. Sabremos que está listo cuando al pinchar con un cuchillo, éste sale inmaculado. Si no es así, pues un ratito más.

Desmoldamos una vez frío por aquello de preservar nuestras huellas dactilares, cortamos en cuadrados y listo para un subidón de calorías.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s