¿Muslo o pechuga? (Kuře na paprice)

Kuře na paprice

“Seguro que tú lo haces muy bien” dijo Gofio en la cena de Nochevieja. Se refería a su aportación para aquella opípara cena, que dicho sea de paso, fuimos incapaces de terminar. Parece que PanUčitel lo metió todo en varios túperes y se lo llevó a su madre. “Lo ha hecho el padre de mi compañera de piso, que es cocinero” añadió Gofio y acto seguido dio unas someras explicaciones del proceso de elaboración. Yo no había oído hablar nunca de esta comida, la verdad, ni está en ninguno de los libros de cocina checa (y eslovaca) que tengo. En mi descargo debo añadir que no existen muchos libros de la cocina de esta república en inglés, y hasta donde yo sé, sólo uno en español… para turistas y nada recomendable por cierto.
Así que gracias a San Gúgel encontré la receta de Kuře na paprice, pero no una, sino cienes y cienes. En cada familia se hace de una manera, y cada página de cocina de internet la hace a la suya. Así que siguiendo una de las más básicas y dándole yo un pequeño toque personal, me ha salido esto que por lo menos está comible.
Realmente no es una receta propiamente checa. Se come mucho en Eslovaquia también, aunque el acompañamiento suele ser arroz o pasta. Y en Hungría también es muy popular, aunque allí, que hablan un idioma aún más endiablado que éste, le dan otro nombre: Pörkölt. No debemos perder de vista que todas estas repúblicas tienen estrechos lazos históricos que no sólo hacen que se miren mal entre sí, sino también que compartan los orígenes de muchas comidas. Según he leído por ahí, el plato es originalmente húngaro, pero los checos lo han hecho suyo añadiéndole de guarnición knedlíky (esta es otra historia que daría para una entrada del blog y le subiría la tensión a PanUčitel). Por supuesto, el knedlík que se acompaña a este plato no lo he hecho yo. Es comprado, pero todo llegará, todo llegará.
Las partes del pollo que usemos para este plato dan igual. Puede ser la pechuga, los muslos, medio pollo o el pollo entero troceado o de una sóla pieza. De los gustos de cada uno dependerá que sea muslo o pechuga. Vamos al asunto y a dejarnos de tonterías.
Ingredientes:
½ kg de pollo de la forma que sea: pechugas, muslos, troceado
1 cebolla mediana
200 ml de nata ácida al 12% de materia grasa, aproximadamente (en el peor de los casos podríamos usar nata normal)
2 cucharaditas de pimentón dulce (si es de la Vera, sobran los comentarios)
1 cucharadita de pimentón picante
2 cucharaditas de harina (si es maizena, mucho mejor)
Sal, aceite y agua
Preparación:
Por los ingredientes que acabamos de ver, la preparación no debe ser nada complicada. Y no lo es. Lo curioso del plato es que el pollo es cocido. Sí, cocido. Ni frito, ni a la plancha, ni al horno. Cocido en agua prácticamente.
Picamos la cebolla muy, muy finamente mientras el aceite se calienta. Evidentemente, aquí no usan aceite de oliva, sino manteca de cerdo. Pero vamos a mirar un poco por nuestros niveles de colesterol, que luego viene la nata. Lo hacemos en una olla, no en una sartén. Si la tapamos, conseguimos que la cebolla se ponga tierna antes sin quemarse. Cuando esté hecha, es decir, transparente, apartamos la olla del fuego y le añadimos el pimentón dulce y picante. ¡Cuidado con el pimentón que se quema muy rápido y nos estropea la comida! Sé que el aroma del pimentón frito puede hacernos perder la noción de la realidad, pero seamos fuertes y resistamos la tentación de sucumbir a sus encantos. Añadimos las pechugas (o la parte del pollo que vayamos a hacer) aún sin poner en el fuego. Le damos unas vueltas para que se impregne bien de la cebolla y el pimentón. Lo volvemos a poner en el fuego y hacemos un poco las pechugas. No mucho, sólo hasta que no se vean crudas por fuera y el color rosado haya pasado a blanquecino. Entonces las cubrimos con agua y lo dejamos hervir unos 20 minutos, o hasta que veamos o intuyamos que el pollo se ha cocido. Lo sacamos y lo reservamo en un plato.
Para que la salsa nos quede fina tenemos dos métodos. O por la tremenda, usando la batidora; o por lo diplomático, colándola. Yo he optado por la tremenda y en la misma olla he batido el líquido, así no perdemos la cebolla. Si metemos el brazo de la batidora en la olla, con lo que nos ahorramos fregar un cacharro, mucho cuidado porque puede saltar el líquido, quemarnos y ponerlo todo perdido. Una vez batido es el momento de añadir la nata ácida y la harina diluida en un poco de agua (para que no se hagan grumos). Por aquello de que nuestros bíceps se desarrollen, sólo nos queda ponernos a batir con unas varillas hasta que la salsa espese, a gusto del consumidor. Yo nunca he sido amante de usar harina para espesar salsas, pero hay que tener muy buen ojo para que después de cocer algo nos quede una salsa espesita que entre por los ojos. Es muy importante no dejar de batir para que todo se ligue bien y la nata no se corte, que puede pasar. Pues cuando ya tenemos la salsa a nuestro gusto, le añadimos el pollo y lo dejamos hervir en la salsa unos minutos para que coja un poco de sabor. Movemos la olla en lugar de mover el contenido.
Y listo. Si lo queremos más rojo, podemos añadir más pimentón a la salsa cuando se está cociendo. Es cuestión de gustos.

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